Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
E R A N L O S M Á S L I S T O S . . .

03/10/2014.

Teníamos un profesor de Matemáticas, un fraile, el padre Víctor, que nos explicaba las circunvalaciones geométrico matemáticas con profusión de gestos, trazados de líneas, curvas, tangentes y secantes en el puro aire de nuestras ansiedades ignotas por querer aprehender algo del asunto . . . de lo que se nos escapaba sin remedio casi todo, en un sin saber que abarcaba, al menos eso confesábamos, a la inmensa mayoría de la clase. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Por eso mismo íbamos sorteando y aprobando «por los pelos», objetivo principal, casi único, . . .algo así como por aproximación, cazando lo que intuíamos, logrando llegar, no sabíamos cómo, al cinco o cinco y medio que nos iba salvando del fracaso académico.

Con planteamientos, operaciones y resoluciones que a la velocidad de los iniciados, en un dislate sabihondo que no éramos capaces de entender por muy acertado que estuviese el buen, en mala hora, padre Víctor explicándose, según le diese por «iluminarnos o no».

De tal manera que para la mayoría de quienes ocupábamos los pupitres de 6º de bachillerato «eso» de las matemáticas suponía algo así como si de una entelequia inaccesible se tratara. . . «burla burlando» el burel matemático lidiando «sobre los pies», ¡qué remedio!.

Aunque la cosa se ponía fea de verdad cuando al buen fraile, al padre Víctor de obligado y recóndito recuerdo, le daba por preguntarnos en clase, junto a la pizarra, mientras el aficionado orate a los números y sus enrevesados algoritmos que blandía una buena vara, dura, leñosa, amenazante, sobre si habíamos entendido o no los entresijos de los problemas que sobre el tema que fuera nos planteaba, eso mismo, a bote pronto, «a porta gayola» prácticamente, expuestos, como poco, al «bombardeo» de exabruptos que iban desde «majaderos a cebollinos» y para rubricar las aseveraciones, absolutamente atontolinados los educandos, a varazo limpio . . . para que quedara claro que, efectivamente, no nos habíamos enterado de nada, la mayoría.

Y por eso mismo, en un alarde de inteligencia práctica, ante lo que se nos venía encima, la inmensa mayoría preferíamos decir «que no, que no sabíamos y que no nos habíamos enterado de nada», con lo que lográbamos librar el envite con un palo o dos en las manos, un majadero de refilón y rápido a nuestros respectivos pupitres, más contentos e ignaros que unas pascuas.

Excepto «los más listos» que lo intentaban, y procuraban escudriñar la resolución del «lío matemático planteado», con el balance final de una «manta» de varazos sin contemplaciones y un sinfín de insultos de los que salían «corridos». . .también hacia sus pupitres.

Claro que estos compañeros eran «los más listos», sin duda, que salían trasquilados y humillados, un día y otro también, a pesar de que «las circunstancias inadmisibles del mangoneo prepotente y espeso» del padre Víctor logró no enseñarnos las Matemáticas que precisábamos. . .logrado haber aprendido.

De hecho yo empecé a comprender de qué me hablaban con 14 años respecto al mundo de los números y sus posibilidades lógicas. . . allá hacia los 21 años cumplidos y en adelante. Claro que «los más listos» siguieron haciendo méritos ante tanto incompetente . . .»con poder».

Torre del Mar 5 – octubre – 2.014

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