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Vocalía de Flamenco
…Y SEVILLA SE QUEDÓ PASMADA

03/10/2014.

La Diputación de Sevilla aportaba este espectáculo a la Bienal y se trataba de homenajear a las escuelas sevillanas del cante, el baile y el toque, con un cantaor, Segundo Falcón, tres estupendos guitarristas, Rafael Riqueni, Manolo Franco y Paco Jarana, y un bailaor, Antonio Canales. Texto Escrito por Manuel Bohórquez en La Gazapera

No resultaba nada fácil contar lo que Sevilla supone en el flamenco, en estas tres facetas, y el espectáculo resultó muy desigual, un poco largo –dos horas y quince minutos, sin descanso– y con lagunas importantes. Empezó de una manera muy emocionante, con la presencia del trianero Rafael Riqueni en el escenario. Rafael es un genio y tan sevillano en su manera de tocar que ponía la carne de gallina, siempre con esa estampa tan humilde, pero tan asombroso cuando toca la guitarra. Una soleá estremecedora, con sus dedos aún inseguros, pero llenos de sensibilidad, abrió ese homenaje a Sevilla y en la mente de todos, el Niño Ricardo, el padre del toque sevillano. Luego, otro gran maestro, Manolo Franco, derramando arrope de sus dedos en unas guajiras de unas armonías muy frescas y un fraseo musical que embelesaba. A continuación, el nazareno Paco Jarana, que interpretó unas bulerías de una delicadeza y un compás encantadores. Pero la pieza musical que calentó al público fue Amarguras, que tocaron los tres, aunque es una genialidad de Riqueni

, una adaptación de la célebre marcha de Font de Anta, llevada a cabo por el genio trianero, con la que sorprendió hace años en el Teatro de la Maestranza, en una noche memorable para Sevilla y un poco triste para él por motivos que no vienen al caso contar. Anoche, esta obra alcanzó una dimensión desconocida y logró una emoción increíble. El aplauso fue monumental y brillaron por fin los apagados ojos de Riqueni.

La parte del cante corrió a cargo del visueño Segundo Falcón. Fue una actuación excesivamente larga, algo que no entendimos, en la que cuajó algunas cosas de interés para el aficionado. En las seguiriyas trianeras, ligadas pero sin enjundia, se apoyó demasiado en el falsete, sonando regular cuando intentaba coronar arriba. Las acabó con una copla de cambio de Curro Durse, en versión de Chacón, donde tampoco supo encender la candela. Estuvo algo mejor en las soleares trianeras del Zurraque, con unos bajos bonitos. Luego rememoró la muerte de El Canario con una de sus malagueñas, la más conocida, con letra de José el de la Tomasa, quien estaba entre el público y debió de estar en el escenario, pues no hay un cantaor más sevillano que él. Segundo acabó con una tanda de fandangos naturales, de la escuela sevillana, en la que echamos de menos algunos estilos fundamentales, como, por ejemplo, Caracol, El Sevillano o Antonio el de la Calzá.

La última parte se le reservó al bailaor trianero Antonio Canales, al que hacía tiempo que no veíamos en Sevilla. Seguiriyas para empezar, en las que apenas si bailó, limitándose a marcar el compás y a dar esos zapatazos suyos tan característicos. Luego, unos tangos de sabor trianero, un baile donde ha aportado cosas de interés que otros han imitado, y en el que nos brindó poses muy flamencas. Canales tiene su estilo, una forma suya de entender el baile. Es un maestro de la comunicación con el público, que encontró ya en la soleá con la que acabó su actuación. También es mala suerte que las prisas nos impidieran asistir a tan mágico momento, según comentarios de asistentes que no son precisamente canalistas.

La noche nos dejó cosas muy interesantes, sobre todo en la faceta de la guitarra. En el cante, Sevilla hubiera merecido alguna voz más. Y en el baile, sinceramente, echamos en falta una bata de cola.

…y Sevilla se quedó pasmada. Con Rafael Riqueni, claro.

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