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Opinión
L A S T E X T U R A S

07/10/2014.

Una de mis nietitas que ya frisa el primer añito de su vital existencia asiste y participa, naturalmente acompañada de sus papás, en un taller sobre las distintas texturas, para que la chiquilla aprende, toque, manosee, descubra y se vaya acostumbrando a las distintas texturas de los más diversos materiales. Me parece estupendo, tan magnífico como emocionante imaginando a la pequeña revolviendo, toqueteando , disfrutando descubriendo un mundo nuevo a cada instante . . . de distintas texturas, por supuesto. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Y en este sentido y a tenor de las nuevas corrientes pedagógicas uno que ya hace de abuelo a veces se queda admirado ante las innovaciones que atropellan más que hacerse comprender. Tanto que el último video de mi nietita me la muestran comiendo con las manos, pringadita hasta arriba, riquísimos espaguetis con tomate, con su guarnición de tiras de calabacín cocidito, todo muy artesanal, tocando, agarrando mejor que peor con sus manitas los fideos que se escapan, untada de tomatina empezando por la punta de su respingona nariz, con una tajada maleable de calabacín ahí perdida entre los deditos de la aplicada niña.

Porque ya habrá tiempo de que use la cuchara y el tenedor, a la manera de la chiquilla, cuando lo decida y sin presiones exteriores, que, por lo visto, el adiestramiento está muy mal visto. Y uno que, tal vez por la edad, se muestra algo cenizo se acuerda de un pasaje leído del estupendo «Laberinto español», de Gerald Brenan, cuando cuenta cómo en los albores del pasado siglo algunos señoritos volcaban el rancho para sus braceros sobre el duro suelo. . .de donde tendrían que aplicarse a comer «como animales» si querían reponer fuerzas y apagar su hambruna ancestral.

Cuando uno había estudiado la evolución de la civilización humana con el uso de los cubiertos para poder comer de otra manera, de forma más humana, aunque fuera de la olla común, con un cucharón en una mano y un mendrugo en la otra, a renque y aguardando que a cada quien le llegara su vez.

Pero los tiempos cambian que adelantan y las texturas son un aprendizaje que se impone, y todo ello dentro del ritmo de cada chiquilín según le venga en gana aprender a su ritmo, si quiere saber cómo se come de una manera o de otra, por ejemplo, si superar las dificultades son un aliciente para madurar de manera satisfactoria, aunque haya que animar al pequeño para que encauce su aprendizaje según convenga y se deba.

Pero en fin, uno ya solo es un abuelo que tiende a no meterse demasiado en los vericuetos de la nueva educación, cuando es tan importante que nuestros pequeños vayan descubriendo las nuevas texturas que tanto y tan distintas nos rodean.

Torre del Mar octubre – 2.014

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