Asociación de Vecinos de El Palo

El Copo Digital Actualidad

Opinión
A M I G O S

30/10/2014.

Se conocían de mozos, de siempre, de críos, de cuando trepaban tras los nidos y saltaban las tapias y vadeaban los ribazos tras escondites que eran mundos por descubrir, de cuando pescaban en las pozas del río, truchas y barbos, ranas y cangrejos, de cuando se habían detenido, alguna vez, sobre los riscos para alcanzar más allá del horizonte, mientras soñaban en voz alta, prometiéndose que no se separarían. . Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

mientras pudieran, de cuando subieron juntos al camión que les llevaría al frente, recién alistados, siempre muy cerca uno del otro, para cuidarse, para vigilarse que no les sucediera nada malo, al uno o al otro, de cuando pasaron tanto miedo apuntando al cielo, desde el fondo de las trincheras, de cuando se forjaron jóvenes y soldados de tropa, aplastados bajo su miedo invencible, sobre la nieve gélida de sangre y hielo, de cuando . . . Mi padre yacía herido, en el suelo, desangrándose, en el hospital de campaña, a la intemperie, bajo cero, en el frente de Teruel, y mi padre fue rescatado por su amigo, para, habiendo desertado ambos, uno a hombros del otro, mi padre sobre el ánimo y la fuerza de su amigo, laderas abajo, sin saber hacia adónde, bajo la inclemencia invernal, ateridos y determinados, los amigos como una sombra camino de la ayuda que salvaría a mi padre.

En el infinito de la soledad a la intemperie, bajo la cellisca heladora, los dos amigos, como más que hermanos, tras la salvación del compañero herido, los dos guerreros tan juntos para ayudarse sin pensar en otra cosa. Para no olvidarlo jamás, para sentirse más cerca aún, los dos amigos, cuando regresaron al pueblo, juntos y se sorprendieron de que nada había cambiado, después de todo, para volver a empezar como si nada hubiera sido tan trágico, como si todo fuera a ser distinto y ellos ya pertenecerían al ejército vencedor, condecorados, olvidados a continuación.

Y recuerdo el último abrazo que se dieron, muchos años después, cuando ya eran unos ancianos y se reencontraron en el pueblo, en el entierro de un quinto de ellos, mientras arreciaba la ventisca del atardecer, como siempre había hecho, para confundir las lágrimas como si solo se defendieran del frío vespertino, en el declive de unas existencias laboriosas, honestas, inolvidables. Fundidos, al fin, en un abrazo fuerte y entrañable, mi padre y su amigo que se había quedado en el pueblo, que hacía tanto había arriesgado su vida, sobre el manto blanco de la nieve intacta, sin miedo a que les declarasen desertores, españolitos, hombres de una pieza, víctimas de la mala saña de sus jefes que supieron servirse de su arrojo e ignorancia. . . llevando a mi padre a hombros hasta donde fuera necesario, para salvarle, para salvarse ambos, hermanados, tan amigos, inseparables, de clase de tropa. Amigos hasta el último adiós, vasallos humildes de sus señores, tan mezquinos, tan poderosos. . . mi padre y «su camarada».

Torre del Mar octubre – 2.014

2665672 visitas. Asociación de Vecinos y Vecinas de El Palo © 2017. Info. legal
Diseño web AgeO