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Opinión
P O R T A L E S D E B E L É N

23/12/2014.

De todo tipo, de lamé o de papel de plata de chocolate, de diseño y glamour o de cortezas de pino haciendo como un cobertizo, con calefacción central y servicio que coloque las figuritas de porcelana o de piezas rudas y bastas de barro cocido, de intemperie sobre lechos de cartón o entre sábanas de seda y almohadones de plumón Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Portales de Belén, bajo la estrella de navidad, luminosa, de bombillas pintadas o de praliné bañado de oro, con villancicos de zumba zumba la zambomba o de adeste fideles filarmónico.

                                               Portales de Belén al desamparo de la precariedad consentida desde el poderío del poderoso caballero es don dinero, con el niño Jesús aterido en paños menores, con niñito lindo y orondo en la representación colegial.

                                               Mi madre me tenía dicho a menudo que yo nací en casa, asistido por mi padre que regateó esfuerzo y determinación, mucho amor y entrega al natalicio que se presentaba . .  .antes de tiempo, antes de que pudiera llegar la comadrona que también se retrasó.

                                               Y lo sé porque me lo contaron que fui recogido sobre el pecho de mi madre en una escena entrañable, en un pisito humilde con galería que daba al norte, una tarde de gélido diciembre, brumosa, conformando un portalito de Belén que descollaba amor y felicidad.

                                               Portales de Belén que enardecen el ánimo, engatusan las varicillas de los pequeños boquiabiertos y amansan el espíritu de la navidad soñada.

                                               Portales de Belén en cada rincón del mundo, en un vertedero y en un palacio, pariendo hasta desgarrarse, con un futuro halagüeño, con un horizonte negro.

                                               Portales de Belén de misterios purpurados, con nieves de mentira y carbón dulce, con lágrimas sofocadas y risas de hienas, con la emoción de cada instante irrepetible.

                                               Recuerdo que mi madre ya anciana tenía necesidad de ir al wáter con cierta frecuencia porque, como ella decía, desde que había parido había quedado “muy abierta”. . . y mi madre era una santa madre, nada virgen, toda una madraza, hasta el último momento de su existencia, al cuidado de sus hijos . .  .aunque volaran lejos, desde cuando me parió en la cama de su dormitorio, junto a mi padre, su compañero hasta el final. .  . desde cuando dibujaron un bello portal de Belén bajo la bombilla que amarilleaba la destemplada alcoba. . . hasta que, del brazo, paseando unas semanas antes de que falleciera . . . me confió que “era muy feliz”.

                                               Recuerdo que cuando di la noticia a mi madre, en mitad de la noche, del deceso de mi padre, en una cama de hospital, cuando era algo que todos esperábamos, pude abrazar a mi madre, en un bucle vital que se cerraba, emocionados ambos,. .  .para poder escuchar la templanza de mi madre confiándome que “había muerto un gran hombre”.

                                               Y el portal de Belén siguió iluminando mis futuras y melancólicas navidades hasta que yo también comience a caer. .  .en el olvido.

                                   Portales de Belén en las navidades blancas o negras a expensas de la desigualdad cruel y miserable que se antoja patrimonio de los ¿hombres y mujeres de buena voluntad?.

 

                                   Torre del Mar   diciembre – 2.014

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