Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
L A F E

17/01/2015.

«Todas las religiones son dignas,. . . que respeten la vida humana». Papa Francisco «Pienso y digo lo que pienso en honor y memoria a las víctimas del caso Charlie Hebdo». Almudena Grandes texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

La fe es un don de dios, una gracia divina que debe iluminar la vida de quienes se entregan a su fe. . . recién concedida.

                                               Las religiones se instituyen, crecen y se fortalecen a partir de la fe de sus creyentes, de sus fieles, al servicio de la jerarquización iniciática y reveladora, sujetas a las doctrinas elaboradas, al supuesto servicio de la fe de cada credo, de cada religión, vigilada su pureza ideológica por los purpurados vigilantes de la ortodoxia . . . ¿de la fe?.

                                               La fe del carbonero, la fe del ignaro, arrodillada ante las revelaciones, directrices, preces y consignas necesarias, desde las alturas inatacables de la doctrina de cada particular religión.

                                               La fe puesta en cuestión, el cisma, la heterodoxia, para caer en la herejía, la condena de los anatemas, en un “contradiós” que no acaba por clarificar . .  .cuál es la fe verdadera ante el dios verdadero.

                                               La fe frente a quienes aún no hemos descubierto qué fe es la única y verdadera, como para seguirla a pies juntillas, en pro de la felicidad trascendental que nos resuelva la razón de ser.

                                               La fe atribulada ante la irreverencia que no se la tome en serio.

                                               La fe implacable, tan segura de sí misma, contra cualquier desviación de la fe, como para que ponga de los nervios a los dirigentes religiosos de cada fe, homologada, intocable e inatacable. .  .por la gracia de cada dios particular, puesto al servicio de los iluminados con conexión directa con su dios. .  .de cada quien.

                                               La fe puntillosa, sintiéndose agredida antes de haberse puesto en el lugar de otra fe, incluso de quien no dispone de ese don de origen divino.

                                               La fe descreída, la fe perdida, la fe sin fe, la fe descarriada, la fe descojonada a la intemperie de . .  .la falta de fe.

                                               La fe como pasaporte hacia los paraísos prometidos. La fe patrimonio de las religiones tan celosas de su exclusividad, de su sensibilidad a flor de piel . .  .al servicio de la fe  . .  .que no se puede poner en entredicho. .  .aunque otra fe venga a decir que ella es la verdadera.

                                               La fe encallecida y celosa contra los presuntos ataques de quienes . . .dicen que . .  .a ellos no les ha tocado la gracia de la fe . . . ¡única y verdadera!

 

                                               Torre del Mar     enero – 2.015

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