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El logo de por vida del deporte español

16/02/2015.

Bill Clinton, Spike Lee, Rihanna, Ethan Hawke, Beyonce, Jay Z, el Madison Square Garden, las más grandes leyendas vivas del baloncesto, Magic Johnson, Julius Erving, Kareem Abdul Jabbar, Oscar Robertson y Bill Russell, y los mejores del momento. Todos observaron con atención el salto inicial más mediático que se recuerda. Lo ganó Pau, el hermano mayor. Por supuesto eso era lo de menos. Lo importante es que él y Marc escenificaron la gloria y el reconocimiento del mundo del baloncesto a dos jugadores europeos, dos hermanos españoles, de Sant Boi, Barcelona. Fuente. Diario El País

Pau y Marc Gasol, durante el salto de inicio del partido. / Atlas / Getty

Pau y Marc Gasol, durante el salto de inicio del partido. / Atlas / Getty

 

 

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    Lo ocurrido en el partido de las estrellas de la NBA trasciende con creces al propio imperio NBA. Desde la óptica española, no se trata de baloncesto. No es solo una fecha subrayada para el deporte nacional, ni siquiera un grandioso verso de dos hermanos geniales. Es más, mucho más que todo eso. Gasol y Gasol no son dos maestros de lo imposible, como se les hubiera retratado hace no muchos años, cuando en la caverna española el deporte de élite era de otro planeta. Hoy, por suerte, hay muchos “gasoles” posibles. Pocos sectores han tenido el proceso evolutivo del deporte. Un reflejo del progreso social español en todos los aspectos. Pau nació en 1980, cuando aún había telarañas de la dictadura y la talla media de los españoles era 171,3 centímetros. El Gasol mayor ha saltado en Nueva York con 213 centímetros, tres menos que su hermano Marc, nacido cinco años después. En un país con unos ocho centímetros más de altura media que cuando se alumbró el mayor de los Gasol, estos hermanos no son hoy los únicos pívots españoles que pueden competir en lo más alto.

    Son muchas las gestas españolas y el mural es ya muy extenso, desde aquellos quijotescos héroes de la debilidad como Santana, Nieto y Ballesteros, y tantos y tantos predecesores. Pero la foto de los hermanos Gasol en salto hacia el infinito simboliza como ninguna el despegue infinito. Es Nueva York, es el Madison. La apoteosis soñada. Esa imagen podría ser el logo definitivo del deporte en España, el que luciera en todas las sedes oficiales, en colegios y universidades, en techos de estadios y pabellones. Un póster de por vida, al modo de lo que expresa la NBA con la silueta de Jerry West. No porque sea la mayor proeza, que cada cual tendrá la suya favorita, sino porque expresa como ninguna el bote sideral de una actividad que ha sido una catarata de alegrías para el país. Un asombro para muchas generaciones que jamás hubieran soñado hace un suspiro con que, por sufragio popular, dos compatriotas fueran bandera de una liga que a los españolitos nos parecía propia de Marte, solo al alcance de un intrépido lunático como el inolvidable Fernando Martín. La proeza de los Gasol dispara la fabulosa dimensión del reto que asumió el jugador madrileño, al que pertenece buena parte del éxito de sus sucesores.

    La foto de los hermanos Gasol en salto hacia el infinito simboliza como ninguna el despegue infinito. La apoteosis soñada

    Pues ahí están dos hermanos del extrarradio de Barcelona, dos aventureros que se pusieron en órbita para abrirse paso entre la selva NBA, territorio afro, reducto supremo de los “play grounds”, donde nadie regala nada, donde los egos bullen sin control. Pau llegó huesudo, Marc, con la báscula en alerta. Sus cuerpos amplificaban las sospechas de que ya de por sí despiertan esos europeos de tez blanca que invaden el coto privado de gigantes musculados y funambulistas que podrían sobrevolar los aros mientras comen pipas. Primero se hicieron un hueco, luego se ganaron el respeto de sus franquicias, más tarde la admiración de sus adversarios y, ahora, definitivamente, el máximo reconocimiento universal. Es el sello de una España, la España deportiva, abierta, plural, sin barreras, ensoñadora, capaz de hacer de la necesidad virtud, como el ejemplarizante caso de las mujeres.

    La carrera de Fermín Cacho en Montjuïc aún fue con los pies en el suelo, como había sido episódica la sutil muñeca de Manolo Santana, el “cristo” de Joaquín Blume, el imparable pedaleo ascendente de Federico Martín Bahamontes, el descenso vertiginoso de Paco Fernández Ochoa, el gas de Ángel Nieto o el “swing” de Severiano Ballesteros. Ya en ebullición llegó éxtasis del gol de Iniesta y el paraíso con Rafa Nadal. Todas ellas, instantáneas de museo grabadas de por vida en la retina, secuencias que se narrarán de prole en prole. Pero el salto de los Gasol retrata un brinco polideportivo descomunal: del fútbol, el tenis, el balonmano, el motociclismo, la vela… Es un brindis por David Cal, Joan Llaneras y Gervasio Deferr, los españoles con más medallas olímpicas. Y por Javier Gómez Noya, Javier Fernández, Joel González. Es la cima en la que habitan como en casa Carlos Soria y Edurne Pasabán. Y, cómo no, es el vuelo magistral de las deportistas españolas, de Lilly Álvarez a Mari Paz Corominas, de Arantxa Sánchez Vicario a Mireia Belmonte, de las “Guerreras”, de las “Delfinas”, de las “Sirenas”. De todas ellas, que ya son tantas y tantas, sin excepción.

    Cainismos aparte, por una vez sin caspas y cutreríos patrios u autonómicos, el logo no sería un homenaje al basket, incluso trascendería la estela de los Gasol. Por supuesto, tampoco sería asunto de “csds” o “coes”, sino una oda al deporte español en general, una foto fija de ese estallido que surgió tras Barcelona 92 y que ha sido la fiesta mayor de este país desde entonces. Una alegoría del talento, la superación, los complejos vencidos, la tenacidad y el esfuerzo. El nexo de todos. Un panegírico de los que fueron y un espejo para los que son y serán. Se puede saltar

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