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Opinión
BÍO, BÍO. BÍO. . .

19/02/2015.

Alimentación BÍO. BÍO. BÍO, con certificación ecológica a prueba de fraude., a prueba de desamparo alimentario, ¡por Tutatis!, con la necesidad de ser «perfectamente nutridos». Aunque sea por un ojo de la cara, a expensas de los novísimos gurús de la alimentación BÍO, BÍO, BÍO. . .que se recomendarán a los niños que habrán de criarse según los nuevos parámetros BÍO, BÍO, BÍO. Para que no entre en su inmaculadas boquitas nada que no haya sido perfectamente homologado por . . . quienes habrán de decir qué es BÍO y qué NO BÍO Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Porque la evolución del ser humano tiene sus más y sus menos, sus aceleraciones en la cúspide de los más pudientes, y a la cola de la inmensa mayoría de los que no llegan a poder exigir nada, ni BÍO ni NO BÍO.

                                               Con la moda pues en alza de quienes se lo pueden permitir. Atentos a la pureza de lo recomendado, vía consumismo ¿“inteligente”?, ¿”chachi”?, a precio de un ojo de la cara, para que la contaminación del por mayor no perjudique a quienes no se lo puedan permitir, porque solo pretenderán llenarse la panza, cuando no engullir lo publicitado a ritmo de convulsa fruición.

                                               Vista entonces y una vez más la sacrosanta desigualdad que hace a unos pocos merecedores de las virtudes BÍO, y al resto “tragones” sin control ni gusto, ni posibilidad de acceder a lo ecológicamente certificado.

                                               Sin que, en cualquier caso, acabemos por enterarnos de que se trata y que podremos atenernos, con la moda estimulada de engullir de los pesebres como esos cubos gigantescos de palomitas fetén, blancas o de colores, que pueden hacer más rápida la visión de la película elegida, o esas hamburguesas jugosas, sabrosas, bruñidas y repletas de salsas y tonos vivos que hagan inevitable el pecado de dejarse envolver por su viscosa sustancia. .  .mientras la alimentación BÍO viste de otro glamour, más sinuoso e insinuante. .  .como para que se sepa que es lo mejor, la alimentación más atinada para lograr el tipo súper guay, a la entrada del gimnasio o en la pasarela de la discoteca de moda, con el BÍO sorbito dejándose amar en una pose irrepetible. .  .

                                               Y así se presenta lo BÍO, BÍO, BÍO, con la tontería del “no va más” entre los iniciados, mientras la morralla se distribuye a manos llenas para los “no elegidos”, por supuesto, hasta que revienten, aunque a su lado . . . otros tantos de miles, de millones. . . vayan buscando alimentos en descomposición en los contenedores para la basura.

                                               Aunque resulte que al final la diferencias radique en el precio, en la exclusividad, en la primacía de los que aspiran a alimentarse según todas las sanas recomendaciones, frente a la masa zampabollos que solo pretende atiborrarse a lo bruto hasta saciar la glotonería más ordinaria.

                                               Mientras nuestros niños comen lo “chic” y los muchachos engullen “la basura” enlatada y envasada bajo luces de neón.

 

                                               Torre del Mar     febrero – 2.015

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