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Cultura
La forja de una tradición

19/02/2015.

Luis García Montero evocó ayer la figura y la influencia de Jaime Gil de Biedma, dentro de los actos por el 25 aniversario de la muerte del poeta. Fuente. Diario Málaga Hoy

El poeta granadino Luis García Montero, ayer, en la Sociedad Económica de Amigos del País.

El poeta granadino Luis García Montero, ayer, en la Sociedad Económica de Amigos del País.

A la sombra del retrato de Carlos III que preside el salón de actos, el escritor granadino Luis García Montero evocó ayer en la Sociedad Económica de Amigos del País la obra y la influencia de Jaime Gil de Biedma(1929 - 1990), dentro de los actos programados por el Centro Andaluz de las Letras y el Instituto Municipal del Libro (exposición incluida, visitable todavía hasta los primeros días de marzo) con motivo del 25 aniversario de la muerte del poeta barcelonés. Y semejante ocasión no pasó inadvertida a la audiencia que llenó con mucho el aforo de la sala dieciochesca. Es bien conocido el magisterio que Gil de Biedma ejerció en la otra sentimentalidad granadina desde la gestación de la misma, a comienzos de los 80, por voluntariosa decisión de aquellos jóvenes poetas que fijaron sus inquietudes en el inspirador de lo que se vino a llamar la poesía de la experiencia, así que la oportunidad de comprobar el modo en que García Montero ajustaba cuentas resultaba, decididamente, única. No en vano, el autor de La intimidad de la serpiente compareció en compañía de su paisano Antonio Jiménez Millán, quien, más allá de su inicial función de presentador, terminó entablando un diálogo con el anterior para dejar las cosas, si cabía, más claras.

Y fue el propio Jiménez Millán quien recordó que aquellos artífices de la otra sentimentalidad "conocimos a Gil de Biedma en 1980, cuando vino a Granada a un recital que nos marcó profundamente a todos. Pronto decidimos rendirle nuestro propio homenaje, que apareció publicado bastante más tarde, en 1986, en una edición especial de la revista Litoral. Ya en 1998, en otro número de la revista, se reunió el epistolario que compartieron García Montero y Gil de Biedma, en el que se daba buena cuenta de la influencia que éste ejerció en todos nosotros". Tal y como admitió después García Montero, "fue Antonio Jiménez Millán quien me hizo descubrir a Gil de Biedma en aquellos comienzos de los 80, en la Universidad". Y a partir de ahí, el cambio que afectó de lleno a la historia reciente de la poesía española sucedió, imparable: "Gil de Biedma fue para nosotros un poeta fundamental, algo así como el Federico García Lorca que nos podía deparar la segunda mitad del siglo XX".

"Por aquel entonces", continuó ayer García Montero, "yo buscaba mi particular modo poético en el Lorca de Poeta en Nueva York, en Alberti, en la vanguardia de los años 20 y 30. Compartía con Jiménez Millán la idea de la poesía como una forma de conocimiento. Pero teníamos que buscar una tradición, una estirpe, porque uno encuentra su propia voz eligiendo el camino que sigue. De esta manera descubrí a Jaime Gil de Biedma y a Ángel González, de quien, por azares del destino, terminé siendo familia. Pero al principio me interesó más Gil de Biedma. Me atraía especialmente su visión del romanticismo español: lo importante, según esta visión, no es sólo la poesía, también la conciencia poética. No sólo la escritura, sino el lugar que se ocupa al escribir. En Gil de Biedma encontré lo que buscaba: la posibilidad de convertir la experiencia individual en una expresión artística". Esta delimitación objetiva de la escritura poética seguía siendo por entonces, según García Montero, "una cuestión pendiente en la poesía española. Mallarmé lo había hecho posible, Eliot también. Pero en España no tuvimos una referencia clara hasta Gil de Biedma".

El autor de Vista cansada dedicó buena parte de su intervención a analizar el que consideró "elemento clave en la poesía de Gil de Biedma: el cuerpo". Y lo hizo en virtud de sus múltiples connotaciones, "como lugar del deseo, en cuanto el cuerpo es lo que se desea y desde donde se desea; como lugar de hermanamiento con la vida, en su capacidad de albergar la sensualidad; también es el cuerpo el espacio de la complicidad con el otro, con el amigo, así como el lugar del tiempo, en la medida en que se dan el reconocimiento de la vejez y la sabiduría del amor mediante la constatación del tiempo en el cuerpo del otro". El cuerpo es en Jaime Gil de Biedma "el sitio en el que uno puede objetivar sus creencias y sus ideas". Y el ámbito del compromiso social, también desde el erotismo. A pulso con la vida.

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