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Vocalía de Flamenco
XIX FESTIVAL DE JEREZ. "EL NIÑO. ANDANDO POR LOS CAMPOS MARCHENEROS". RESEÑA CRÍTICA
MARCHENA ES INIMITABLE

25/02/2015.

Si tal nos dijo la cantaora de Huelva, todo el espectáculo –que toma el nombre del disco grabado hace unos meses y presentado en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla- gira alrededor de Marchena, no acabamos de entender la falta de rigurosidad a la hora de reivindicar al «maestro de maestros», aquel genio que fue figura del cante durante medio siglo y dejó unas formas propias que marcaron una época y han dejado una escuela muy definida y hartamente complicada de seguir. Por eso, la inmensa mayoría cuando intenta imitar a José Tejada Martín «El Niño de Marchena» (luego Pepe Marchena) se queda en las afueras de esa casa de sabiduría que fue el inimitable cantaor marchenero. Y si alguien se mete –o lo meten- en ese berenjenal, el resultado suele ser decepcionante. Es el caso de Rocío Márquez. Texto: Paco Vargas Fotos: Javier Fergo/Festival de Jerez

ROCIO MARQUEZ

ROCIO MARQUEZ

Si el propósito es la mera provocación, no hay duda que lo consigue; aunque el resultado artístico es discutible. Quizá a eso contribuya la presencia de El Niño de Elche, cantaor que se siente como pez en el agua en este tipo de “performance”, en las que la experimentación solapa la más de las veces la falta de talento y de condiciones artísticas para acercarse al arte flamenco con respeto. Marchena, que era muy avanzado para su época y que sufrió los rigores de la incomprensión de muchos, hubiera pasado un mal rato si ve el espectáculo del otro día en la Sala Paúl.

 
Para reivindicar a Marchena no es necesario añadir ruido a su dulzura natural. Porque la música del cante de Pepe Marchena (antes “El Niño de Marchena”) no es estridente, ni prosaica, ni áspera. Todo lo contrario, todo lo que cantó, más clásico o más evolucionado, se distinguió siempre por su dulce exquisitez y su elegancia, por su sabiduría y su respeto a los maestros; aunque su concepto novedoso y avanzado de la música flamenca nunca le impidió cantar de manera canónica, pero muy personal. Sólo hay que escuchar la amplia discografía de Marchena –recientemente editada por la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla-  para corroborar lo escrito.
 
No niego las condiciones canoras de la joven cantaora –ganadora en su día del trofeo Lámpara Minera-; pero, como ocurre con todo en la vida, dependiendo de cómo se utilicen esas cualidades el resultado será uno u otro.
 

Ni en la colombiana cantada a dúo con El Niño de Elche –nada nuevo por otra parte-, ni en la interpretación del cante por rosa (“que no es su rosa, otra rosa”, según nos confesó Rocío), ni en el bolero que derivó en guajira con clara alusión a la estética morentiana, ni en los fandangos que derivaron a Huelva, ni en el “Romance a Córdoba” que fue una malograda adaptación del original, ni en una especie de canción polifónica por granaínas (es un decir) en la que aparece el estilo de Morente, aunque es imposible que él se hubiera atrevido a tanto; ni en esa estruendosa música que salía de la guitarra eléctrica y la batería –queriendo emular aquella gran obra musical que ideó Enrique Morente con el nombre de “Omega”, ni… Encontramos a Marchena por ningún lado. Pero, no todo iba a ser malo, en al cante por seguiriyas, cantadas a ritmo, a la antigua usanza, junto a la extraordinaria guitarra de Manuel Herrera, por fin pudimos entrever la grandeza inimitable de José Tejada Martín “El Niño de Marchena”. Lo único salvable del concierto. Algo es algo.

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