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El «Renacimiento» de Pablo Milanés

25/02/2015.

Pablo Milanés (Bayamo, Cuba, 1943) acaba de estrenar su nueva gira europea. Arrancó el pasado domingo, 22 de febrero, en el Auditorio Insular de Fuerteventura, «poniendo en la consideración del público» -como a él le gusta expresar- canciones de su último álbum en solitario, «Renacimiento» (2013). Desde «Regalo» (2007) no publicaba disco propio. Ésta es la crónica detallada del concierto íntimo en Fuerteventura ante una audiencia de medio millar de personas.fuente.

Pablo Milanés durante su actuación en el Auditorio Insular de Fuerteventura el pasado fin de semana. Foto: Luis Roca Arencibia

Pablo Milanés durante su actuación en el Auditorio Insular de Fuerteventura el pasado fin de semana. Foto: Luis Roca Arencibia

“Yo a Pablo lo adoro”. La frase es de Teté, setenta y pico años, a quien no le gusta que la llamen por su verdadero nombre, Josefa, “¡qué feo nombre! ¡es una herencia de mi abuelo!”. Teté forma parte de la treintena de cubanos con banderas que se dieron cita el pasado domingo en el Auditorio Insular de Fuerteventura, en Puerto del Rosario, para ver a Pablo Milanés. También su hijo Miguel, ginecólogo, quien con su pareja, la pediatra venezolana Bella, hablan de las dificultades por las que pasan sus países. Ambos se fueron huyendo de la falta de libertad y oportunidades. Recientemente, Miguel volvió a entrar en Cuba 20 años después. Les recomiendo la emotiva película Retorno a Ítaca (Laurent Cantet, 2014), que narra una situación parecida. “Cada cubano tiene su propia historia de separación familiar”, me dice, “de reencuentro con los amigos después de décadas sin verse, a cual más triste. A mí las autoridades no me dejaron visitar a mi padre enfermo. Siguieron exigiéndome nuevos papeles incluso cuando ya se había muerto”.

A las 21.07 se abre el telón, aparecen seis músicos sobre el escenario. En el centro, una silla vacía, un micrófono de pie y un atril. Suena una intro con olor a Caribe y protagonismo de flauta travesera, bongós, violín y piano. Milanés, un hombre con nueve hijos y 54 discos sobre los hombros, entra por la derecha, saluda, recibe los aplausos, se sienta e interpreta Proposiciones (1998), una invitación al disfrute, ideal para arrancar la cita. “Propongo compartir lo que es mi empeño / y el empeño de muchos que se afanan / propongo, en fin, tu entrega apasionada /cual si fuera a cumplir mi último sueño”. La voz del septuagenario cubano suena temblorosa y fría aún, pero también vigorosa. Así es también su aspecto físico. Lejos quedan las imágenes del cubano entrando a conciertos apoyándose en muletas o cojeando. Hubo un tiempo en que muchos temíamos que aquella enfermedad que empezó a hacerse visible en los primeros noventa fuera fulminante.

Pablo Milanés dedica la primera hora de su concierto a presentar temas nuevos. Explica el porqué de Renacimiento, su título, “por mí mismo y porque mezcla elementos musicales clásicos del barroco con otros cubanos, porque para mí es imposible sustraerme a la rica variedad de nuestra música tradicional”. Dulces recuerdos, primera de las que presenta del disco, seducirá especialmente a los comunistas madrileños. En forma de canción de amor, narra la noche en que se anunció la legalización del Partido Comunista de España. Empieza siendo un danzón con dos en la cama y termina como una carnavalera conga habanera cuando la letra da un salto de 25 años. Como fondo, el tema central en la poesía de Milanés junto con el amor: el paso del tiempo, aquí oscurecido por la decepción. “El recuerdo no marchita tu belleza de esa noche / pero el tiempo se ha encargado de matar otros anhelos. / Cuánto diera por volver a aquella noche / porque los días no volverán”.

¿Cómo hacer compatible la inicial fidelidad a unas ideas con la expresión de la decepción por el camino que éstas han recorrido pasadas las décadas? Si la música de Milanés en los setenta y ochenta fue esencialmente hermosa y combativa, de los noventa en adelante ha devenido en hermosa e intimista. Como la bloguera cubana Yoani Sánchez escribió, aquellos himnos que sonaban machaconamente en los años ochenta en las radios de su país (Amo esta isla, Son de Cuba a Puerto Rico, Homenaje, Yo pisaré las calles nuevamente) tenían significados bien distintos para los que vivían en la isla que en el resto del mundo, donde se celebraban como clamor máximo de una utopía tropical, eso sí, suficientemente lejana. “Quienes crecíamos bajo esos estribillos, identificábamos a la Nueva Trova con el poder, el statu quo, el Gobierno”.

Los posicionamientos de Milanés –que llegó a ser diputado de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba- se han ido distanciando de la ortodoxia castrista desde hace décadas, aunque no hasta alcanzar la ruptura. Las diferencias con su ex compañero Silvio Rodríguez empiezan a ser abismales desde la carta de 2003 que Milanés se negó a firmar, pero que sí suscribieron otros artistas como Rodríguez, Noel Nicola o Amaury Pérez, apoyando el arresto de 75 disidentes en La Habana y el fusilamiento de tres secuestradores armados de una embarcación, que pretendían emigrar. El concierto de Milanés en Miami, el 27 de agosto de 2011, motivó un nuevo cruce de acusaciones públicas con Rodríguez, que este último difundió en su blog. Milanés, hoy, pasa una parte de su vida al año en Mazaricos, A Coruña, con su pareja, Nancy Pérez, de quien ha recibido un riñón para una operación que, según su propia expresión, lo ha “renacido”. “Todos mis hijos y algunos amigos ofrecieron también, pero la convicción de ella para imponerse a todo el mundo fue un convencimiento de amor”, ha dicho en una entrevista reciente.

Autocensura

La autocensura aplasta a los ciudadanos. Es de las peores consecuencias, para periodistas, artistas y ciudadanos, de los regímenes totalitarios. Milanés guarda largas distancias con la dictadura de los Castro desde hace años. Pero no rompe de forma abierta con él. De las pocas –e insuficientes- quiebras que se permite en el concierto es el segundo tema, Los males del silencio. Breve, concisa, directa y musicada, no sin intención, con aire marcial. Advierte el cubano a los suyos: “El silencio te envejece”, es el miedo, la muerte.

A la manera de otras canciones que interpretará más adelante, piezas inmarcesibles sobre la anunciación amorosa, Milanés continúa su recital con Cual si fuera a morir esta mañana, con una presencia destacada de piano y flauta. “Esos dulces efluvios que emanas / me prolongan la vida eternamente”. Milanés apura el ritmo e interpreta a continuación Homenaje al changüí, un ritmo “con connotaciones mágicas” parecido al son de la zona de Guantánamo, en el oriente cubano, y que se toca con marímbula. La pieza imita también el fraseo característico del ritmo y en su letra Milanés expresa su deuda con sus grandes defensores, Chito Latamblé y Cambronne. La pieza logra arrancar los primeros aplausos entusiastas. El público majorero tiene ganas de marcha.

Pero Milanés vuelve al recogimiento presentando dos baladas, una de amor y otra de desamor. Sus títulos: Amor de otoño y El otoño del amor, antes de dar paso a temas inéditos compuestos con su pianista: Flores del futuro (“una alegoría de todo lo que está sucediendo”) y Ruinas del tiempo, sobre una historia autobiográfica, el amor no correspondido de dos jóvenes a la misma muchacha.

Cuenta atrás

A las 21.50, Milanés inicia la cuenta atrás de su recital en el Auditorio de Fuerteventura rescatando la balada Si ella me faltara alguna vez, de Plegaria (1995), disco que, reconoce, “pasó desapercibido en su época” y de donde más adelante recuperará la canción que da título al disco. Tras la sentida balada, el trovador presenta De qué callada manera, uno de sus clásicos (data de 1975), sobre el poema Canción, del “poeta nacional” Nicolás Guillén. Los primeros vítores llegan en este momento del concierto. Todo el público reconoce por primera vez un tema, lo agradece y empieza a rendirse.

En lo amoroso, el autor de La vida no vale nada puso en aquellos setenta y ochenta un techo difícilmente superable. Antes, la gran labor del cubano fue popularizar, por una parte, los versos de José Martí y Nicolás Guillén (como Joan Manuel Serrat hiciera en las mismas fechas en España con Antonio Machado y Miguel Hernández) y, por otro, las canciones de movimiento feeling, desgarradores temas de amor desangrado firmados entre otros por Marta Valdés, que el cubano ha ido mostrando en sucesivas entregas desde el inaugural Filin (1981).

Desde su pico musical en el disco Acto de fe (en Cuba se llamaría Yo me quedo, 1982), Milanés ha ido repitiendo estas fórmulas, con mayor o menor acierto, en discos en solitario o con otros (Luis Peña, Lilia Vera, Armando Garzón, Andy Montañez, Raúl Torres, Chucho Valdés, José María Vitier). En 2005, Como un campo de maíz fue otro de sus picos. Con él obtuvo el Grammy Latino al Mejor Cantautor. Mención aparte merecen los discos Querido Pablo (1986) y Pablo Querido (2002), con duetos con “amigos del mundo entero”, como expresa Gabriel García Márquez en la introducción del segundo, donde se encuentran algunos encuentros insuperables, como el de Años, con Mercedes Sosa; Comienzo y final de una verde mañana, con Caetano Veloso; y Ámame como soy (1986), con Gal Costa. Precisamente con esta bellísima canción, mezcla de son cubano y chachachá, se impulsa el recital a las 22.07, justo una hora después de haber empezado. Milanés la introduce como la canción de la película Una novia para David (Orlando Rojas, 1987) y popularizada por Elena Burke.


Milanés corre hacia el final y recupera el guaguancó, “el más bailable de los ritmos cubanos”, para dar paso a otro de sus temas imperecederos, El tiempo, el implacable, el que pasó (1976). “Aferrarse a las cosas detenidas / es ausentarse un poco de la vida / la vida que es tan corta al parecer / cuando se han hecho cosas sin querer”. El rasgueo del violín da entonces paso a una de esas letras inolvidables: “El tiempo pasa / nos vamos poniendo viejos / el amor no lo reflejo / como ayer”. Años (1978) es una de las grandes canciones de Milanés: “Pasan los años / y como cambia lo que yo siento / lo que antes era amor / se va volviendo otro sentimiento”. Y da paso a una de las muchas posibles millas de oro del cubano. Para vivir (1976), Yolanda (1982) y El breve espacio en que no estás (1984). La primera es saludada con un ¡ohhh! por el público del auditorio. Milanés se la ha indicado por lo bajini al pianista. Yolanda y El breve espacio en que no estás –dos canciones de amor en estado de gracia- las canta el cubano a medias con el público.

La idea del amor del trovador Pablo Milanés es un laberinto insalvable de sentimientos y sensaciones, con la entrega, el desgarro y la nostalgia como actores protagonistas. Son las referencias a esto último, al efecto que el paso del tiempo causa en las relaciones amorosas, uno de los aspectos que más ha explorado su poesía. Milanés lleva cantadas seis obras maestras consecutivas en su recital de Fuerteventura. Tiene al espectador hecho un ovillo en su butaca. Tras El breve espacio en que no estás se levanta, saluda al público y se va. No tarda en volver. La tierna Amor (1979) y el himno Yo no te pido (1978) son los últimos regalos que hace a los presentes. A las 22.51 se cierra el telón. ¿Cómo se llama esta película?

Pablo Milanés actuará en España entre el 28 de febrero y el 15 de marzo. A Coruña (28/2), Madrid (2/3), San Sebastián (4/3), Pamplona (5/3), Mallorca (6/3), Orihuela (7/3), Barcelona (10/3), Murcia (12/3), Gran Canaria (13/3) y Tenerife (14/3). Milanés continuará esta nueva gira en Santiago de Chile (20/3), Lima (21/3) y San Juan de Puerto Rico (28/3).

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