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Un chaval de Castellón despega y vuela

08/03/2015.

Medalla de plata y récord de España de nuevo para Pablo Torrijos en triple salto El pago de la deuda El gran enfado de Ruth Beitia Todo sobre los Europeos de Atletismo Texto. Diario El País

Pablo Torrijos, en uno de sus saltos. / Martin Meissner

Pablo Torrijos, en uno de sus saltos. / Martin Meissner

Pablo Torrijos es como un avión que ha alcanzado el punto de no retorno en la pista de despegue. Ha llegado a un punto de su carrera atlética, y solo tiene 22 años, en el que no puede frenar ni volver atrás: solo le queda lanzarse y volar. Dos botes y un salto al vacío. Y vuela, y con gusto y rabia. Con carácter de campeón. Ayer, en el pasillo de la pista de Praga, en esa tarima flotante tan extraña, el chaval de Castellón hizo grandes cosas, inéditas para el atletismo español. Nunca un triplista español había conseguido una medalla en un campeonato europeo, y nunca ninguno había saltado más de 17 metros y ninguno había batido el récord nacional en una gran competición. Y todo eso lo hizo con un salto de 17,04m. Y pese a eso, y en ese sentimiento se esconde el mal genio de los campeones, no estaba feliz, no suspiraba ni daba besos. “Ha sido un segundo con rabia”, dijo. “Ha sido una pena no ganar el oro”.

Y no perdió con un don nadie, con alguien a quien esté acostumbrado a ganar. Perdió con Nelson Évora, un portugués de 30 años que ya fue campeón mundial hace ocho años y campeón olímpico hace siete, en Pekín. Un triplista nacido de las lecciones y la misión del soviético Robert Zotko capaz de saltar más de 17,70 metros. Un atleta de enorme nivel que regresaba tras años de lesiones y operaciones. Y Torrijos, sin que le temblara el pulso en ningún momento, ganó a un veterano como Marian Oprea, que ha llegado a saltar 17,74m y a ser subcampeón olímpico.

Espero que mi medalla sirva para que el triple salto deje de ser la escoria del atletismo español

Pablo Torrijos

“Sí, ya”, dijo luego el alto y delgado atleta. “Pero si hubiera entrado bien a tabla mi salto de 17,04m habría sido de 17,20m por lo menos [batió a 21 centímetros de la plastilina, tan lejos], y una tarde como esta valía 17,30m, y el oro”. Y como él, con una mezcla de rabia y alegría, estaba su entrenador, el siciliano Claudio Veneziano, que ha creado en Castellón, en sus playas y en su plana, una escuela única de triple salto. “A él no se lo puedo decir, pero si hubiera apurado y se hubiera lanzado como Évora en su salto, le habría ganado”, dice (aunque en realidad se lo dijo: después de los 17,04m, en su silla del espacio reservado a los técnicos, Veneziano no dio botes de alegría ni se lanzó como un loco a abrazar a su alumno, sino que le miró severo y le recordó sus errores). “Pero a un chico de 22 años que acaba de llegar no se le puede pedir más. Bastante exigente es él consigo mismo en la competición y en su día a día”. Y así se le vio en la pista de Praga, en su primer gran campeonato en pista cubierta (ya fue, en su debut, finalista al aire libre en Zúrich, el primero que lo conseguía después del histórico cura Pipe Areta), sin nervios, seguro, sin altibajos emocionales. “Sabía que estaba bien y que si le cogía el truco a la pista, estaría en buenas distancias”. “Este tío nunca se descompone, tiene nervios de acero”, decía, desde la grada, admirado, Ramón Cid, que fue triplista en los años de los pioneros y ahora es director técnico nacional. “Esto es maravilloso. Una medalla que no viene de lejos, sino de Cstellón”.

Torrijos celebra su medalla de plata en triple salto. / VALDRIN XHEMAJ (EFE)

Évora, que saltaba detrás de Torrijos, se especializó en superar los saltos del español, quien fue líder escasos minutos, primero con 16,93m en su segundo intento (superado por Évora en su tercero con 16,98m) y luego con 17,04 en el quinto (17,15m del portugués a continuación, quien cerró, inapelable, con 17,21m en el sexto y último). “Pero si Pablo hubiera saltado 17,20m cogiendo tabla, estoy seguro de que Évora no le habría superado ya, seguro”, dijo Veneziano. “Ahora, después de las fiestas de la Magdalena, volveremos a trabajar, pero con paciencia, sin prisa. Nuestro objetivo es seguir mejorando poco a poco, sin quemarnos. Y con él llegarán a 17m otros del equipo, como Jorge Gimeno”.

Una medalla de plata en pista cubierta en 1999, en un Mundial, tras un salto de 8,56 metros, hizo que Yago Lamela revolucionara los sentimientos del atletismo español, cantera de fondistas. “Esta medalla mía aún no he podido pensar lo que supone”, dijo Torrijos. “Aunque supongo que servirá al menos para que el triple salto deje de ser la escoria del atletismo español, para que dejemos de ser los que no contábamos para nada”. Y a él le servirá para firmar algún contrato de patrocinio, porque, contaba Veneziano, conseguían que Nike les prestara las zapatillas, pero llorando. “La única diferencia es que Yago era un genio, y Pablo es un talento trabajado. Es otro perfil, pero también es un campeón”.

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