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Opinión
C U A N D O L A P R O S T I T U C I Ó N . . .
«Una sentencia reconoce derechos laborales a las prostitutas. . .»

16/03/2015.

Cuando yo veo un mendigo en la calle pidiendo siempre pienso que. . .esa persona está peor que yo, por mucho que se quiera envenenar «la fotografía de un pedigüeño» asegurando que ese pobre «puede levantarse» al día veinte, cuarenta, sesenta. . . euros. Y yo sigo pensando que «esa persona está peor que yo». Texto. ANTONIO GARCIA GÓMEZ

Cuando yo veo en el centro de la capital del Reino, chicas, mujeres, en plena Gran Vía, buscando una mirada, “un trato”, para apalabrar “un servicio”, con frío, con calor, disimulando que se ofrece de verdad. . . el cuerpo,su cuerpo,  un cuarto de hora, media hora, . . . y se vuelven invisibles, . . . o no, cuando son perseguidas por la policía en una puesta de escena demasiado hipócrita, uno piensa que esas mujeres, esas personas, esos seres humanos. .  .están peor que yo. . . y al minuto siguiente ya nos hemos olvidado. . . de sus miradas tristes tan maquilladas.

                                               Cuando yo veo que los clubs de “chicas” abundan y se anuncian y lucen colores a distancia y mueven a la sonrisa cómplice y se sabe perfectamente dónde se encuentran. . . y asistimos ¿indignados?, ¿muy interesados?, a los documentales de redadas de prostitutas en esos polígonos industriales, a las afueras de las ciudades, en “los súper mercados del placer”. .  .y se acude a ellos cuando los amigos desean poner culmen a una celebración festera y muy masculina, algo empieza a no ser muy digno.

                                               Cuando a casi nadie le escandaliza y se acude aborregadamente a “las despedidas de la soltería”, ¿?, como si viviéramos en el agujero de la represión sexual más impresentable, y se alcanza el éxtasis en los streaptis de una mujer o de un hombre, y la fiesta se tilda de alegría desenfrenada, de jarana incontenible. . . sin que a nadie le importe si hay “una pizca” de degradación en quien debe desnudarse, dejarse tocar, dejarse mirar. . . para ganarse la vida, algo comienza a avergonzarnos . .  . a unos cuantos.  

                                               Cuando a la hija, a la esposa, a la novia, . . . se la conmina para que no aparezca como “una puta”, porque no hay mayor insulto, mayor descalificación que hablar de una mujer “asegurando” que es “una puta”.

                                               Cuando “los problemas” de las prostitutas, de las “putas”, son, al fin, un asunto muy menor, cuando resulta que solo se ven, se señalan, se reconocen como  “ esas son unas putas” cuando resulta que estamos hablando de mujeres, de personas, de seres humanos. . .y  no somos capaces de avergonzarnos suficientemente. . . porque ¿nos entendemos todos?.

                                               Cuando, al cabo, uno no sabe exactamente cuál sería la solución técnica, legal más justa, más humana, más atenta a la parte más débil del problema. Pero entonces uno sí sabe, que sí desea proclamar que la explotación humana se desarrolla en el negocio millonario de la prostitución, que los chantajes, la extorsión, la amenaza brutal, . . . y lo peor de todo, la humillación diaria, inhumana, soez, brutal y cruel . .  . es insoportable, como para que con todo se pretenda . . . invisibilizarlas, apartarlas, socorridas ocasionalmente para volver a dejarlas “tiradas”, ninguneadas, menospreciadas. . . abocadas a su destino miserable, injusto, condenable y. .  .desgraciadamente jaleado tantas veces como “un fin de fiesta” que a muy pocos preocupa y abochorna. Al fin solo se trata de “putas”.  

 

                                               Torre  del Mar    marzo – 2.015

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