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Vocalía de Flamenco
«Soy inseguro, pero arriesgo porque necesito sentirme vivo»

17/03/2015.

El cantaor catalán publica hoy el disco »Sonetos y poemas para la libertad» VÍDEO El videoclip del nuevo disco de Miguel Poveda »Vocación artística ilimitada», por FERMÍN LOBATÓN

Miguel Poveda, retratado en la madrileña plaza de Santa Ana. / JULIAN ROJAS

Miguel Poveda, retratado en la madrileña plaza de Santa Ana. / JULIAN ROJAS

En la muñeca de su mano derecha, Miguel Poveda tiene dos alas tatuadas. “Representan la libertad”, asegura con media sonrisa. Tal vez, ese dibujo en su piel sea el símbolo más idóneo para ilustrar al cantaor de Barcelona, donde nació en 1973. Porque el mismo chiquillo que arrasó hace más de 20 años en el Festival Internacional del Cante de las Minas, haciendo que la historia del flamenco diese un nuevo vuelco con su canto versátil y pasional, vuela más alto y libre que nunca. “Sin ataduras”, apunta convencido en una sala del hotel Me de Madrid, donde atiende a la prensa vestido con zapatillas, vaqueros y camiseta de camuflaje.

Poveda acaba de dar otro salto musical, mezclando de nuevo dos universos como la poesía y el flamenco en su último disco, Sonetos y poemas para la libertad (Universal), que sale hoy a la venta. “El flamenco tiene mucho de poesía popular”, explica el intérprete, que hace una década maravilló al poner su timbre desgarrador al servicio de los poemas de Rafael Alberti en un álbum de homenaje a una de las voces más impactantes de la Generación del 27. Pero, en esta ocasión, se sumó a un proyecto ya en marcha. El disco empezó siendo una idea conjunta del poeta Luis García Montero y el músico Pedro Guerra, que desde 2010 quería musicalizar sonetos de grandes escritores. Pero, tras grabar en 2011 Mi locura con Poveda, el canario animó al cantaor a involucrarse en una historia en la que las ideas de los tres y los versos del propio Alberti, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Quevedo, Lope de Vega o Miguel Hernández fueron “gestando poco a poco” una obra con esencia flamenca, pero que, como todo lo que tiene el sello de Poveda, vuela hacia otros territorios estilísticos con las colaboraciones de Joaquín Sabina, Ana Belén y Miguel Ríos.

“Este disco corresponde a la libertad de cantar lo que me apetece”

“Este disco corresponde más a la libertad de cantar lo que me apetece que a cualquier otra motivación”, afirma el intérprete, que dice que “la poesía es capaz de expresar lo que uno siente pero no es capaz de decir” y reconoce su conexión espiritual con Federico García Lorca: “Tengo una sensación extraña con él. Es como si lo conociera como a un amigo. A Lorca le veo la cara cuando lo leo. Lo siento como mío”.

Al igual que en el evocador y asombroso Desglaç, en el que cantó en catalán versos de su tierra, vuelve a contar con la producción de Joan Albert Amargos, que “impregna todo de su sonido particular”. Pero hay un “quinto jinete” más a tener en cuenta: Juan Gómez Chicuelo, que está detrás de la guitarra llena de filigranas para acompañar la voz de Poveda, que en Romance de la dulce queja (poema de García Lorca), entre otros temas, vuelve a romper el molde luciéndose en una ambientación orquestal más propia de las canciones del jazz crooner. “Soy muy fan de Frank Sinatra, Michael Bublé y estoy enganchado al último disco de Diana Krall. Me encanta el universo crooner”, asegura entusiasmado.

Es el estilo povediano, que, como ha demostrado disco tras disco, colaboración tras colaboración —se cuentan por decenas—, se deja fascinar por el tango, el bolero, la canción mediterranea, el jazz... “Estoy demasiado pendiente de lo que hacen los demás que no me paro a ver lo que he hecho”, cuenta. “Me dejo influenciar por todo, bien sea escuchando a Diana Krall o a un cantante negro en la calle Fuencarral que el otro día me hizo llorar”.

Esta originalidad y mentalidad abierta, junto a su cante lleno de color y sentimiento, es lo que le ha hecho lo que es, forma parte de su éxito, aunque la parroquia más ortodoxa del flamenco le vea como un hereje del género, o, en sus palabras, “un desertor”. “Dentro de mí tengo muchas inseguridades y creo que es bueno, que forman parte de ser artista, pero me siento seguro cuando sé que me quito ataduras. Me siento seguro cuando me siento libre”, se defiende. Como bien sabe él y bien se lo recuerdan los que le quieren, por este escrutinio ya pasaron antes Camarón o Enrique Morente. Poveda huye de las comparaciones con los grandes colosos del flamenco. “Ojalá pudiese presumir algún día de una obra como La leyenda del tiempo de Camarón u Omega de Enrique Morente. Han marcado una época y han hecho historia. Pero no se puede ir a buscar, eso te surge en tu camino”, explica.

El camino de Poveda sigue su curso, libre, sin ataduras. Ahora con Sonetos y poemas para la libertad y con esas dos alas tatuadas en la misma mano que agita y menea mientras desgañita su garganta mezclando estilos. “No sé medirme”, reconoce. “Vivo arriesgando porque necesito sentirme vivo. En el riesgo está la duda, pero, cuando aciertas, es maravilloso”.

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