Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
H U M A N I D A D

25/03/2015.

Hace unos pocos días escuché a Carlos Villarejo, exfiscal de anticorrupción y exeurodiputado de Podemos, hablando sobre lo que a su criterio debiese primar en el comportamiento y gestión de la labor política, y se refería enfáticamente al valor, tal vez en peligro de extinción, de la «humanidad». Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

De los tres grandes principios que han intentado iluminarnos en nuestro discurrir público, nacidos de la Ilustración, y me refiero a los de la “libertad, igualdad y fraternidad”, se nos llena la boca para bien y para muy mal con “la libertad”. . . para poder elegir principalmente si se tiene para avalar ese derecho de elegir del que tanto pontifican, exactamente, los adalides de esa “libertad” prostituida de tal manera que en seguida se corre a intentar limitar las opiniones, las ideas “distintas a la ortodoxia”.                                                                                                                                   En lo que se refiere al segundo principio, “la igualdad”, la percepción es muy distinta según desde qué extremos nos disponemos a mirar ese valor pisoteado, apenas solventado de manera muy formal, mientras se agranda la desigualdad hasta extremos insoportables.                                                                                                                                     Para terminar con el tercer principio, el más olvidado, el que se refiere a “la fraternidad”, la solidaridad, la humanidad, como para que represente un valor muy descuidado, muy sometido a los “grandes parámetros de la gran política”, cuando pretextan que “solo se puede hacer lo que hacen”, como para sobrevolar sin prácticamente mostrar la más mínima sensibilidad hacia la clase menesterosa, esa clase que dependería de “la fraternidad” de una sociedad sensible, encabezada, ¡ojalá!, por los políticos principales.                                                                                                                                    Y continuaba el señor Villarejo que a él le gustaría ver que, ante la trágica puesta en cumplimiento de un desahucio, los primeros en presentarse a intentar detener ese desahucio fueran los diputados, los representantes del pueblo, para ponerse al lado de los más débiles.                                                                                                                      Aunque resulte que esa no sea la norma ni la tónica, mientras la inmensa mayoría de nuestros políticos “se enternecen perfectamente”, “de boquilla”, apelando a su amor incontestable por el pueblo al que le solicita su voto, repartiendo besos, abrazos, carantoñas y guiños, promesas, programas electorales que nadie cree, cuando resulta que luego sabemos que “antepondrán” los ¿intereses generales, supranacionales? a lo que habían prometido, porque desde el primer momento . . . “han dejado de lado a los más desfavorecidos”.                                                                                                                 Mientras juegan a intentar “permanecer” en el poder como sea, contra todo lo que surja, con una batería de acusaciones de todo tipo. . . hasta lograr tumbar a los “advenedizos”, aunque lo que nos vuelvan a ofrecer es lo mismo de siempre, la atonía inmoral de una clase política gobernando al dictado de sus intereses, al servicio de instinto de subsistir como sea.    Y nosotros atentos a nuestro pálpito, atentos a desenmascarar a quienes mienten por mucho que nos prometan que . . . .van a “seguir haciendo lo de siempre”. . . “con mucho cariño porque nos quieren una barbaridad”.                                      

Y de ¿la humanidad en el desempeño de la gestión política? . . . de eso ni hablamos. Torre del Mar   marzo – 2.015

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