Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
E L G P S

01/04/2015.

«La ciencia avanza que es una maravilla», . . . que dirían los antiguos extasiados ante los avances de esa tecnología muy científica, algo mágica, que ¿nos hace la existencia más fácil?, pues seguramente, aunque uno que a veces cree que se ha quedado un poco en la «prehistoria» de su «quiero y no puedo» por tratar de vivir medianamente feliz, tal y como le mostraron el camino sus «viejos maestros», con la inquietud propia de quien, a pesar de todo, desea aprender cada día una cosa nueva y reconoce que, efectivamente, la «ciencia avanza que es una maravilla». Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Y rememorando un poco el “viaje por Portugal y España” del gran huraño, maestro y rector, agónico luchador por descubrir lo indescifrable, precisamente, de la vida, del maestro viejo y sabio que era don Miguel Unamuno, viajaba yo hace pocas fechas, acompañando a unos amigos canadienses, por esas tierras de la Extremadura clásica y romana, tan aquilatadas de sabor añejo, de pasado, de ese mismo pasado que seguramente nos define . . . aunque, a menudo no caigamos en esa olvidada cuenta.

                                                                                  Y así viajábamos de aldea en aldea, de casco antiguo y renacentista en Cáceres a escenario lúdico, de sabor tan clásico como podía contagiarnos el espectáculo del teatro romano en la apacible Mérida, la de los antiguos legionarios que, licenciados al fin de sus obligaciones milicas, al fin supieron apreciar los placeres de la mundanal felicidad. .  .a flor de suelo, sobre la campiña fértil del entorno emérito y augusto, ¡cómo no!.

                                                                                  Y viajábamos con la tecnología punto, tal vez para evitar que pudiéramos llegar a . . . perdernos, en nuestro coche alquilado y automático, muy automático, que yo debí reconducir mi chip conductor para asegurar que mi pierna izquierda solo debería ser. . . “inservible”, ¡cosas de la ciencia que avanza que es una maravilla!.

                                                                                  Y también con un GPS de última generación, un “aparatico” con su pantallita y su voz ¿inteligente? que nos iba llevando de un destino a otro “sin concesión al error”.

                                                                                  ¡Que nos indicaba hasta donde se encontraban los radares policiales que controlaban la velocidad!. Una pícara ocurrencia, sin duda.

                                                                                  ¡Que nos iba marcando a izquierda o a derecha con suficiente antelación!, como para que a uno que todavía es un poco “pardillo” le maravillara una barbaridad, ¡cómo no!.

                                                                                  Claro que “algo pasó”, algún error que debimos cometer, ¡cómo no!, los humanos manipuladores del impasible “aparatejo”, que algo comenzó a funcionar . . . sin los resultados solicitados y deseados.

                                                                                  Y cuando creímos haber programado correctamente el viaje de Mérida a Sevilla. . . .pues eso, que. . . algo no debimos hacerlo muy bien, y el GP comenzó a insistir en “retornarnos”. .  .a Mérida y así resultaba que nos costó más de la cuenta salir del propio centro urbano emeritense, incluso y sobretodo obedeciendo que insistía e insistía en devolvernos al destino, aunque nosotros pudiéramos sospechar que tal vez deberíamos escoger la dirección contraria, y así hasta conseguir alcanzar la circunvalación desde donde podríamos entender mejor que Sevilla estaba en la dirección contraria a la que nos marcaba el GPS, sin que nosotros aún no sospecháramos nada erróneo en las órdenes dictadas desde el “aparatico”, hasta vernos obligados a consultar en una gasolinera desde donde nos indicaron que Sevilla estaba “todo p´ allá”. . .todo seguido en contra de donde nos acababa de decir la “voz metálica”.

                                                                                  Y nosotros obedeciendo a la gasolinera que no dudó en decirnos que “todo de frente” hasta salir de Mérida, cruzar el puente sobre el río y ver entonces que un cartel nos confirmaría que, efectivamente, íbamos en buena dirección.

                                                                                  Y así proseguimos viaje, con el tozudo del GPS insistiendo, cada vez que se acercaba un cambio de sentido, avisándonos para que nos fuéramos hacia la derecha, . . . y nosotros sin sospechar del GPS, o sí, porque, al cabo insistíamos dirección hacia la capital hispalense. . . sin hacer caso al chismoso GPS.

                                                                                  Y de ese modo continuando hasta nuestro destino, con el “buen GPS” erre que erre, sin “bajarse del burro” de su empeño en . . . devolvernos a Mérida . . . cuando nosotros ya estábamos en otra cosa, en otra ciudad, en otra visita. . . y el GPS. .  .¡aún no se había enterado!.

                                                                                  Como para haberse fiado a ciegas del “impertérrito GPS”, que aún andaríamos dando vueltas alrededor del teatro romano . .  .en Mérida.

                                                                                  Y con todo uno solo puede acabar confirmando que “la ciencia avanza que es una maravilla”, aunque haya que estar muy alerta porque a veces se encasquilla la razonable decisión de los humanos que no han sabido “hacerse entender” por . . . la tecnología punta. . . puesta al servicio del ser humano, ¿o no?.

 

                                                                                  Torre del mar   marzo  2.015

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