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Opinión
S O B R E S A L I E N T E S

14/04/2015.

Las niñas eran de dulce, supongo, los padres se habían acercado a saludarme, después de algún tiempo sin habernos visto. Intercambiamos saludos convencionales, preguntas inanes, parabienes y rescoldos de recuerdos, para enseguida, el padre orgulloso y acelerado dirigiéndose a la mayor de sus retoños que. . . me dijera. . .qué notas había obtenido en el colegio. Texto. ANTONIO GARCIA GÓMEZ

¡Todo sobresalientes!, saltó eufórica la niña de unos ocho o nueves añitos.

                                   Y la hermana pequeña ocupó al instante, como un resorte, una posición preeminente, delante de su hermana mayor, para entre saltitos, exigir a su papá.

                                   ¿Y yo, yo?, papá, ¿y yo?. . .

                                   Tú también, mi tesoro, dile, dile tú. .  .

                                   ¡Todo “destaca”!, ¡todo “destaca”!.

                                   Y yo me alegré, como no, me alegré sonoramente, muy expresivamente de tan tempranos éxitos, y redupliqué los parabienes, y continuó la conversación por los derroteros se sosa insustancialidad, sin decirnos nada, durante un rato más, hasta despedirnos, para quedar otro día, tal vez, seguramente.

                                   Y yo me quedé con la imagen de las dos rapaciñas, tan radiantes, tan satisfechas, tan pletóricas de autoestima. . .

                                   Y sin embargo pensé que, también a esas edades, se puede fracasar, de hecho así les sucede a cientos, miles de niñas y niños que han de aprender a ir viviendo con sus fracasos desde su más cortas infancias, deglutiendo las hieles de . . . no poder “destacar”, de tener que conformarse con mucho menos que con una ristra de sobresalientes.

                                   Y en la enseñanza pública y universal, esa que nos supone que ha de asistir, a todos nuestros pequeños e inocentes infantes, en dotarles de una preparación básica, ineludible, inexcusable. .  ¡benditos ellos! expuestos ante el éxito y también. . . ante el fracaso.

                                   Empezando por los paladines que son los profesionales de la enseñanza pública, rogando por su capacidad para “calificar”, para bien o para mal, especialmente para mal de “los señalados”, porque resulta que, al cabo, a nadie le va a importar esos porcentajes de jóvenes fracasados sin que el sistema se dé por aludido, y mucho menos por responsable. . . aunque resulte que el principio de igualdad no se dé por cumplido, y la labor de mostrar, enseñar, guiar . . . no se dé cuando se trata de “seleccionar” a los “mejores” y “abandonar” a los “peores” en un ejercicio perfecto de injusta pedagogía primaria, elemental, universal . . . a la que deberían tener “derecho y acceso” todos y cada uno de nuestros niños y niñas.

                                   Y no es así.

                                   Y a nadie le importa un comino.

                                   Mientras haya quienes puedan sacar “todos sobresalientes”, . . .para convertirse cuando lleguen a la cúspide en los nuevos “Másteres del Universo”.

 

                                   Torre del Mar     abril – 2.015

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