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Opinión
YÉNDONOS AL CARAJO

14/05/2015.

Por la euforia incluida y estúpidamente enloquecida, algo así como de fin de era, de civilización, yéndonos al carajo, aunque tal vez no sea para tanto, pues parece que los humanos hemos tenido esa tendencia cuasi suicida, que produce vértigo desde las alturas de cada mirada, desde el pináculo propio, desde el abismo al que nos gusta asomarnos.

Siempre desde una desgracia mayor y muy alejada, que nos transite por las fibras de cierta o supuesta humanidad, relegada si es preciso, recordada hasta el olvido definitivo, llámese Haití o Nepal, ahogados inmigrantes o exilados en el Mediterráneo, epidemia de Ébola capaz de amenazar al imperio “blanquito” . . .

                                                           Con la desigualdad sangrante alcanzando los grados inimaginables, con un segmento de la población cantando triunfos y, cómo no, una gran mayoría silenciada, invisibilizada, abducida, en la bruma de la indigencia o casi, aspirando a agarrarse a la escollera del bienestar cada día, por cierto, más alejada.

                                                           Mientras que el espectáculo  no puede detenerse, en el colorín del cotilleo mediático y la galería de triunfadores muy por encima del mediocre y precario pasar de la mayoría.

                                                           En tanto vamos tragándonos el mensaje de que “no hay más cera que la que arde”, que es muy poco y hay que repartirlo entre los parias que suspiran. . . por unas migajas.

                                                           Con la apolítica como bandera de la rendición incondicional.

                                                           Mientras el “low coast” de la felicidad enlatada y a raudales prima por encima de cualquier otra necesidad, enseñoreándose sobre los estúpidos ávidos de sensaciones.

                                                           Desde los cruceros, de ultísima moda, a precio de coste y de risa, en hoteles flotantes que hacen por navegar en las aguas marinas somnolientas, acariciantes bajo el disfrute programado, hasta “las despedidas de soltería”. . . por 95 euros de nada, con todo incluido, por ejemplo, con desplazamiento en autobús, a la Arcadia soñada, con una carrera de obstáculos, de paint ball, de capea, de parrillada, de beber y beber, de espectáculo de mal gusto o porno, qué más da si la inconsciencia ya amenaza, y la euforia por lograr el éxtasis de la felicidad acaricia la realidad presente que quienes quieren y exigen ser felices a . . . tiempo completo.

                                                           Hacia la vorágine que se desata para dar razón de ser a tantos humanos que solo saben que “el fin del mundo” se anuncia exultante de euforia no contenida.

                                                           Aunque resulte la realidad muy tozuda, porque a la mañana siguiente, siempre hay una mañana que afrontar, con la resaca a cuestas, con la sonrisa ronca y pastosa, para el día a día indeseable, bajo los “albores” de la “recuperación” que nos pintan, también a diario, los truhanes y sus cómplices, con 600.000 españolitos que han tenido que “irse de su país”, . . . que qué sucedería si contabilizasen. . . ante las “medias verdades” de quienes ostentan el dolor de un pueblo “recortado” como el gran triunfo por deglutir desde las alturas . . . de los desahogados.

                                                           En un sistema que agoniza, oliendo a podrido, sobre los escombros que han reconvertido en muralla frente a sus prebendas y chalaneos, . . .habiendo logrado el desierto moral se extienda y amenace sin paliativos, narcotizando el cuerpo social de un país que . . .“vive por sobrevivir, y cuando se sobrevive . . . no se vive”.                                    

Torre del Mar    mayo – 2.015

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