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La zona Este, la olvidada de las inversiones

14/07/2015.

La falta de parques y equipamientos sociales, culturales y de ocio choca con la imagen de un distrito que en teoría es el más privilegiado de Málaga.

El único carril bici tiene 800 metros y parte desde el paseo marítimo de El Morlaco hasta los Baños del Carmen.  / Fernando González

El único carril bici tiene 800 metros y parte desde el paseo marítimo de El Morlaco hasta los Baños del Carmen. / Fernando González

Si hay un distrito cargado de contrastes en Málaga, ése es el de la zona Este, porque si bien es cierto que el toque exclusivo lo ponen las mansiones y los coches de gama alta que se pueden ver por el Paseo de Miramar, Pinares de San Antón, El Limonar, Parque Clavero o Cerrado de Calderón, el litoral oriental de la ciudad también tiene otra cara, la humilde, no muy lejos de allí. Basta con pasarse por La Mosca, las antiguas casas de pescadores de El Palo o La Pelusa, un barrio donde el cableado eléctrico aún sigue colgando por las calles, las aceras necesitan una renovación urgente y lo único que le ha dado vida en los últimos años ha sido la apertura de un Mercadona. Pero al margen del poder adquisitivo de cada una de las 19.000 familias que residen en este distrito (58.000 personas), lo que sí que comparten la mayoría es la sensación de sentirse olvidados por las administraciones públicas en general, y por el Ayuntamiento en particular.

«Nos dicen que somos los ricos, pero en materia de equipamientos públicos no se nota. No tenemos dónde aparcar, no hay cerca un parque a los que llevar los niños, no existe un lugar para que los jóvenes puedan hacer cursos, talleres y actividades y los centros de salud están saturados», se queja Ana Vigar. Haciendo un recorrido por la zona, la realidad es que no le falta razón a la presidenta de la asociación de vecinos de Cerrado de Calderón, puesto que salvo el nuevo mercado municipal de El Palo y el ‘parking’ construido debajo, ambos inaugurados en 2006, la inversión pública en equipamientos e infraestructuras brilla por su ausencia. La misma que demostraron los políticos durante la pasada campaña electoral, con apenas presencia de los candidatos a la Alcaldía para plantear propuestas.

 

 

Si en Carretera de Cádiz han inaugurado en los últimos años el Parque de Huelin, en Bailén-Miraflores el del Norte y en Ciudad Jardín el de la Alegría, la única zona verde con área de juegos infantiles y bancos hay que buscarla en playa Virginia, donde precisamente se encuentra también el único espacio de ocio que figura en el listado municipal de instalaciones públicas: un auditorio al aire libre con no demasiada actividad.

 

 

No hay museos rusos ni automovilísticos como en Tabacalera, ni tampoco un espacio de encuentro para jóvenes creadores como La Caja Blanca de Teatinos, aunque en el Ayuntamiento tienen ahora la intención (ya se verá si también el dinero) de comprar el edificio de la antigua discoteca Bobby Logan (que también fue cine Lope de Vega y la pista de patinaje Rolling) para crear un centro cultural puesto que, actualmente, la oferta se limita a la biblioteca y a una galería de arte privada. En materia de apoyo al empleo, la red municipal de incubadoras de empresas para alojar y asesorar a emprendedores en sus primeros pasos tampoco llega a la franja oriental.

 

 

Lo que sí que abundan en el distrito Este son instalaciones deportivas, pero la mayoría pertenecientes a clubes privados de las urbanizaciones y a colegios concertados, al margen del nuevo complejo de la ACB en las antiguas cocheras de la EMT que suple las carencias de los polideportivos José Paterna y La Mosca. También tienen a mano la playa, aunque el aspecto de los paseos marítimos de Pedregalejo y El Palo dista un mundo con los de la franja occidental. «Hace unos días fui a casa de una amiga que vive junto a la Torre Mónica y viendo las amplias aceras, los jardines y que las bicis tienen su propio espacio mientras nuestro paseo marítimo está copado por las terrazas, en un estado lamentable y sin aparcamientos me pregunté a mí mismo por qué no me fui a vivir allí», expone el representante vecinal de Pedregalejo, Antonio Fernández, quien recuerda que «el IBI que se paga aquí no se equipara con la falta de infraestructuras y de inversiones».

Carriles bici

Sobre grandes actuaciones, se habló en su día de ubicar allí el tercer hospital de Málaga, como también se dibujó la Línea 3 del metro y se sigue esperando a que de una vez por todas se acometa la regeneración de los Baños del Carmen para darle realmente un uso ciudadano. «La zona Este parece que no existe, estamos dejados de la mano de Dios porque para otros lados de Málaga sí que mira el Ayuntamiento para crear equipamientos y parques públicos, pero aquí se pueden contar con los dedos de una mano», denuncia la presidenta de la asociación de vecinos de El Palo, Mercedes Pírez, quien también pone el acento en los endémicos problemas de aparcamiento que padece la zona. Y también en la inexistencia de carriles bici, porque mientras la red viaria para ciclistas se expande por toda la ciudad con cerca de 40 kilómetros, el único trazado que discurre por este distrito son los 800 metros entre el paseo marítimo de El Morlaco y el antiguo balneario. «A partir de ese punto, quien quiera seguir pedaleando tiene que jugársela por la carretera o ir sorteando a viandantes por el paseo marítimo», remarca la dirigente vecinal.

 

 

Cuestiones como la implantación de carriles para ciclistas (prevista en el convenio suscrito con la Junta en el marco del Plan Andaluz de la Bicicleta) son las que contribuyen a mejorar lo que se conoce como confort urbano, es decir, el grado de satisfacción y bienestar que el entorno es capaz de proporcionar a las personas que lo habitan. No se trata de la ausencia de grandes inversiones de esas que acaparan grandes titulares. El déficit que denotan los ciudadanos tiene que ver, fundamentalmente, con la lejanía respecto a servicios básicos como el sanitario, el social y cultural, así como con la escasez de espacios cerca de casa donde los niños puedan jugar, las familias dar un paseo agradable o los mayores sentarse en un banco a la sombra. «Lo que realmente quiere la gente son equipamientos a nivel de barrio, esos a los que podemos ir andando», afirma la arquitecta Miriam Rein, que además de aportar su visión como experta en Urbanismo también lo hace como vecina de la zona Este. «Está muy bien tener dos pulmones verdes como el Parque del Morlaco y el Monte de San Antón, pero las familias lo que buscan es un espacio cerca de casa sin tener que coger el coche, porque la calidad urbana está en las plazas, en los parques infantiles y en los jardines para pasear», explica Rein, quien pone como «ejemplo de éxito» el parque con área de juegos y aparatos biosaludables que hace unos años se hizo en El Mayorazgo. «Está todo el día lleno y eso es porque lo puede usar todo el mundo», destaca.

Un casco urbano compacto

En el plano negativo, Rein apunta a la plaza creada junto al nuevo centro deportivo de la ACB, que a su juicio se podía haber aprovechado mejor: menos hormigón y más sombra. «Los espacios hay que diseñarlos con unas mínimas condiciones de confort. Las zonas de sombra y de estancia son fundamentales. Ahí es donde hay que esforzarse aquí y en toda la ciudad, sobre todo en zonas tan colmatadas y densamente pobladas», apunta. En este sentido, reconoce el ‘handicap’ que representa la falta de espacio libre y la orografía del terreno donde se asienta el distrito, con urbanizaciones y zonas residenciales aisladas y un centro urbano con pocos huecos.

Una circunstancia sobre la que también incide el arquitecto Damián Quero, que dirigió el equipo que diseñó el nuevo Plan General de Ordenación urbanística (PGOU) de Málaga, en vigor desde 2011. «El problema que siempre tuvimos a la hora de revisar el documento era de dónde sacar los espacios en una zona muy compacta urbanísticamente desde hace años», comenta este arquitecto recordando los obstáculos que se encontraron para que la ciudad pudiera crecer por encima de la autovía. «Estamos hablando de una zona complicada para equipamientos que además lleva aparejado que es una especie de ciudad dormitorio, de ahí que buscáramos ganar terreno hacia arriba para ello, aunque la Junta no lo autorizó», remarca

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