Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
CIRCUNLOQUIOS Y OTRAS PERÍFRASIS . . .

22/07/2015.

De nuevo cuño pedagógico al compás de los tiempos modernos. Suele observarse con cierta frecuencia «las defensas» propias de los bebés que, preferentemente con otros congéneres de su similar tamaño y acometividad, aplican cuando se ven molestados en sus absorbentes ocupaciones, fijaciones intratables, gustos, filias y demás irrebatibles, apetencias y juegos del común de la mayoría de los infantes, como para que, sin pensárselo mucho, acometiendo con la boca muy abierta dispuestos al disuasorio mordisco que, por supuesto, se merecen los intrusos por amiguitos que parezcan. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Sabiendo muy bien por aquí y en defensa de qué tranquilidad inatacable se habrán de lanzar al inevitable mordisquito o dentellada.

                                                           Y es entonces cuando los adultos intervienen, o así se supone, en sus distintas variantes.

                                                           Desde la clásica,  consistente en una reacción rápida que impida la tarascada dental, acompañando al gesto contundente de un ¡NO! inexcusable y disuasorio, e incluso con un añadido de la mano tapando la boquita que ha de quedarse con las ganas. . . sabiendo que “eso no se hace”, y así tantas veces cuantas sean necesarias hasta que el pequeño reconozca que ya “no puede morder”.

                                                           Hasta la nueva manera de afrontar la “defensa o el ataque” según se tome, en aras a la comprensión debida por parte del niño desde las buenas palabras de sus adultos, en virtud de la máxima “morder no, besitos sí”, llevando al infante a una contradicción interna de que en qué quedamos, si un mordisco no tiene nada que ver con un beso, y el pequeño solo entiende que como le dejen . . . el mordisco va de suyo al destinatario intruso.

                                                           Y ahí se anda entre las aterciopeladas palabras que intentan contemporizar hacia el autoconvencimiento del querubín, hasta el no enérgico e innegociable, como para que uno sepa quién lo hace mejor ¿?, aunque a menudo se piense que al niño se le haya de exigir un razonamiento más desarrollado que el que corresponda a su edad.

                                                           Como para que tal vez compliquemos . .  .¿o no?, en aras de una educación más esmerada ¿o no?.

                                                           Cuando uno recuerda que aprendió hace mucho que el refuerzo negativo, el castigo, puede y debe impedir una conducta no recomendable, y que el refuerzo positivo, el premio, será capaz de motivar un comportamiento.

                                                           Aunque seguramente hay veces en que estaremos buscando donde no hay nada que hallar. ¡aviados andamos!.

 

                                                           Madrid      julio – 2.015

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