Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
SOBRE EL IMPERIO DE LA LEY . . .

29/07/2015.

Puesta en entredicho, como para ser llevada ante las Naciones Unidas por juristas españoles que «dudan» de la independencia y la imparcialidad de la ley en España, ¡casi nada!, cuando se tiene la idea de que, precisamente, esa justicia, el tercer poder, no está suficientemente asegurado en nuestro país, y nada menos cuando el asunto se refiere al relevo del presidente del Tribunal Supremo, sustituido por otro nombrado al efecto «sin razón consensuada ni razonada» que lo justifique si no es en razón de «fuertes presiones políticas».. Texto. ANTONIO GARCIA GÒMEZ

Cuando se acude al aval imprescindible de la ley, como cuando en tantos casos se sabe y se declara que tal actuación “es legal aunque no sea ética”, y se “sigue utilizando la ley” torticeramente como poco, lo mismo para un roto que para un descosido .

 

                                                            Cuando ahora el asunto que continúa en el candelero del hastío para muchos, entre “tirios y troyanos”, “buenos y/o malos”, “catalanes catalanes, catalanes españoles, españoles catalanes, españoles españoles, según se repartan  las rabias y los intereses, como para saltarse o no la ley a conveniencia, según venga bien o no y según en qué casos,  apelar o no “al sagrado imperio de la ley”.

 

                                                            Y me refiero a continuación a la “anunciada” o no, primero habrá que celebrar las elecciones del 27 de septiembre y ver, estudiar, constar el resultado, declaración de independencia de Cataluña decidida por los partidos ¿qué vayan a ganar en el plebiscito del 27 S.?.

                                                            En virtud precisamente de ese “derecho a decidir” del que hacen gala y derecho numerosos catalanes, invocación sine qua non, a pesar de que  parece que la Ley Constitucional proclama que para asuntos de tal relevancia, como el de decidir si una parte de España se segrega o no, el derecho a decidir competería a todos los ciudadanos del país mayores de edad.

                                                            Y entonces uno se pone “al lado de la ley”, y se pone en el “brete” de “tener que decidir” en consuno junto a los “voluntariosos y flamígeros catalanes de la desanexión, sí o no” sobre un asunto que “ellos” o “algunos de ellos” se han decantado para “decidir” mediante el voto que apoye o niegue el desgajarse de España, ¡mecachis!, y no sabría qué papeleta, la del SI, la del NO, o la del sí ni sí, si ni no, sino la de que ellos, los catalanes, o los canarios, o los extremeños, o quienes “se hayan aventurado por ese avatar” . . . teniéndome muy a buen recaudo mi deseo, mi voto . . . llegando pues a votar en blanco, o simplemente absteniéndome, porque al cabo entiendo que es un asunto de quienes quieren llegar a ese punto sin retorno, o de quienes se niegan a dar su “placet” a separarse.

                                                            Porque después de todo creo por encima de todo en el diálogo, en el debate constructivo, respetuoso, en la seducción inteligente y sincera, incluso y hasta en el ruego . . . para que “no se nos vayan” quienes tienen nuestro aprecio más sincero, porque al fin el patriotismo no se puede ni debe imponer.

                                                            Y después de todo porque creo que “también y sin dudarlo” son adultos y maduros y responsables nuestros convecinos catalanes como para que ellos, y solo ellos, dispongan de su voluntad de decidir . .  .¡”votando”!, incluso y sobretodo sin el concurso del resto de españoles, aunque la ley ampare y defienda el derecho de todos y cada uno de los españoles adultos a decidir sobre asuntos enquistados de mala manera, con antecedentes gravosos para quienes así lo consideren.

                                                            Y también por qué se está jugando con fuego, invocando la ley, cuando la ley debe estar al servicio del “seny” y de la realidad que se ha de forjar “día a día”, con consenso, con respeto mutuo, porque cuando se llegue al final del callejón sin salida, entonces . . . eso mismo, ya no habrá salida.

                                                            Como cuando en una familia un miembro decide abandonarla, cuando en un equipo de fútbol con todas las cláusulas impidiéndolo un jugador decide cambiar de aires, cuando se llega, y ojalá que no, una mayoría se constituya contra permanecer en España. . .  ni artículo 155, ni fuerza por las bravas, ni medida extrema de “ordeno y mando” logrará reconducir la situación. . . porque entonces ya habrán, habremos llegado demasiado lejos.

                                                            Y entonces el Imperio de la ley se enseñoreará sobre un erial de despropósitos y oídos sordos de quienes eran responsables de haberse entendido. . .

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