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Opinión
EL SOLLOZO DE UNA NIÑA

31/07/2015.

Las lágrimas de una niña pueden intentan demoler los diques de las leyes de la frontera y no conseguirán arañar un ápice de sombra en la monumentalidad coriácea de . . . algunos diques. Frente a la ilusoria ingenuidad de quienes respondíamos hace unas décadas que pretendíamos ser . . . «ciudadanos del mundo», y no sospechábamos entonces que, tal vez, correríamos a encerrarnos tras «nuestras vallas erizadas de miedo y cuchillas». Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Aunque el sollozo de una niña venga a intentar resquebrajar un mundo podrido de egos millonarios y nadas esclavizadas, cuando resulta que el mundo es capaz de soportar, incólume, a diario que miles de niños no lleguen a poder ver el amanecer del día siguiente.

                                                                       Cuando el “efecto llamada” es la gran razón de Estado, de una geopolítica superviviente y atroz, de los unos contra los otros hasta que queden . . . ¿Quiénes se lo hayan merecido?, contra quienes habrán de sucumbir de acuerdo con las normativas internacionales ¿?.

                                                                       Poniendo pegas a acoger “refugiados, inmigrantes aterrorizados, ilegales todos ellos”, con tanto cuidado como para que no contaminen el Estado de bienestar que hace aguas . . . mientras pasa el tiempo para que los desgraciados lleguen a soñar con que su mala suerte acabe . . . ¿algún día?.

                                                                         La hija de la “limpiadora” de mis hijas, una señora que trabaja y limpia perfectamente sin una queja, dignamente, con soberana eficacia, de metro en metro, arañando un sueldo en negro con que aliviar a su familia . . . ahora se hace acompañar por su hija “adolescente” que, por cierto, no ha sacado el título de graduado, porque no ha logrado llegar al aprobado de 4º de la ESO. Tras doce o catorce años de educación obligatoria, de servicio público para “sacar adelante” a los niños y niñas que se recogen para enseñarles . . . lo que antes se decía:  las cuatro reglas, . . . y urbanidad, o educación para saber “comportarse”, como para que quedase reflejado, incluso, en la calificación de “conducta y aplicación”, como para que después de todo la niña, la hija de la limpiadora, “es un fracaso completo”, el reflejo “hermoso y lindo” de una joven frustrada, de una joven que ¿ha perdido el tiempo, los años . . .?, sin que el sistema  disponga de ningún resorte para solucionar el fracaso vital. . .  de una niña, de una  joven, de una mujer . . . que arrastrará de por vida esa frustración, esa derrota ante el logro obligatorio, normativo y legal que se exige si quiere uno ser considerado . .  .ciudadana o ciudadano . .  .competente.

                                                                       Como para que, en cualquier caso, ¡la única responsabilidad sea de la niña de la limpiadora! , porque el resto de ¿responsables?, ya han firmado, rubricado y escapado de rositas.

                                                                       Y así va el mundo . .  .¿sin fronteras?, ¡con fronteras!.

 

                                                                       Torre del Mar    julio – 2.015

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