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Urbanismo
La bochornosa historia del bloque ilegal de Gibralfaro

06/08/2015.

Hace unos 15 años el autor de estas líneas escuchó por primera vez de boca de su protagonista, un antiguo y reconocido funcionario municipal, la increíble historia del bloque ilegal de la falda del Monte Gibralfaro, ejemplo supremo –con el permiso del Hotel Málaga Palacio, que quedaría en un meritorio segundo puesto– del asilvestrado urbanismo malaguita del que nunca nos libramos del todo, así que llegue el siglo XXI. Fuente. Diario La Opinión de Málaga Autor. Alfonso Vázquez

Gracias a un veterano testigo de la tropelía, hoy contamos más detalles del edificio construido en 1971 manu militari y sin licencia municipal alguna

Gracias a un veterano testigo de la tropelía, hoy contamos más detalles del edificio construido en 1971 manu militari y sin licencia municipal alguna

Hace unos 15 años el autor de estas líneas escuchó por primera vez de boca de su protagonista, un antiguo y reconocido funcionario municipal, la increíble historia del bloque ilegal de la falda del Monte Gibralfaro, ejemplo supremo –con el permiso del Hotel Málaga Palacio, que quedaría en un meritorio segundo puesto– del asilvestrado urbanismo malaguita del que nunca nos libramos del todo, así que llegue el siglo XXI

Tres lustros más tarde, el firmante ha tenido la suerte de escuchar del mismo protagonista la historia, enriquecida con más detalles porque la tragicomedia comenzó un día de 1971 en un despacho del Ayuntamiento de Málaga en el que se celebraban las reuniones de Urbanismo.

Según cuenta este amable exfuncionario, hace tiempo jubilado, fue el primer teniente alcalde Carlos Gómez Raggio quien oteó desde ese despacho las obras de construcción de las que el Ayuntamiento no tenía constancia. «¿Oye?, ¿qué es ese edificio que están haciendo ahí?», preguntó. El técnico municipal le informó de que no existía expediente alguno: era una construcción por libre, absolutamente ilegal y en las mismas narices del Consistorio. Por este motivo Carlos Gómez Raggio le entregó una orden de paralización de las obras y le mandó visitar los terrenos.

El joven funcionario, que sólo llevaba un año en el Ayuntamiento, cuenta que al acercarse a la calle de los Campos Elíseos se topó con que los terrenos estaban cercados y cuando echó un vistazo en una caseta, de ella salió un soldado de Aviación «con uniforme, cartuchera, fusil terciado y la bayoneta al cinto».

Al informarle de que quería ver al encargado, el soldado le respondió que se encontraba en una zona militar y que si no tenía autorización del gobernador militar no podía entrar. El técnico le mostró entonces la orden de paralización de las obras, firmada por el primer teniente alcalde, pero el guardián de las esencias, además de soltar una grosería, le respondió lo que sigue: «O da usted media vuelta y se pira o yo toco el pito, viene el cuerpo de guardia y le sacamos a culatazos», recuerda este testigo.

Con semejante argumentación, que dejaba en un aprieto a Sócrates y a sus alumnos, el Ayuntamiento hizo un último intento. El engendro de 12 plantas estaba pintándose, casi listo para afear las próximas décadas la ladera de Gibralfaro y el entones alcalde Cayetano Utrera trató de expropiarlo. «Dijo que era una vergüenza y me pidió un presupuesto, pero rondaba los mil millones de pesetas», destaca el exfuncionario, quien 44 años después sigue reconociendo que se siente «abochornado» por este gol por la escuadra a la ciudad.

La escandalosa cuantía de la expropiación, ya en 1971 o 72, y la dificultad insalvable de denunciar al Ministerio de Defensa con Franco vivito y coleando propiciaron la tropelía. El PGOU actual califica de forma simbólica los terrenos del bloque ilegal como zona verde. ¿Hay quién dé más?

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