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Un héroe llamado Pedro

12/08/2015.

El canario, suplente por su posible traspaso al Manchester, resuelve en la prórroga la Supercopa en favor del Barça tras una final de locura protagonizada por Messi y el Sevilla Ramon Besa

Pedro celebra el gol del triunfo frente al Sevilla. / Ivan Sekretarev (AP)

Pedro celebra el gol del triunfo frente al Sevilla. / Ivan Sekretarev (AP)

El Sevilla sobrevivió a Messi. No pudo, sin embargo, con Pedro en un partido diseñado para el canario, suplente de Rafinha hasta la prórroga, cuando a Luis Enrique le dio lo mismo que acabe siendo futbolista del Manchester. Necesitaba el Barcelona a un héroe en un partido de locura y apareció el esforzado Pedro, igual que en la Supercopa de 2009, en el mismo minuto de la prórroga, para acabar con el arrebato del Sevilla y premiar el trabajo de Messi.

Barcelona, 5-Sevilla, 4

Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué, Mascherano (Pedro, m. 92), Mathieu; Rakitic, Busquets, Iniesta (S. Roberto, m. 62); Messi, Luis Suárez y Rafinha (Bartra, m. 77). No utilizados: Bravo; Adriano, Sandro y Munir.

Sevilla: Beto; Coke, Rami, Krychowiak, Tremoulinas; Banega, Krohn-Delhi; Vitolo, Iborra (Mariano, m. 79), Reyes (Konoplyanka, m. 68); y Gameiro (Immobile, m. 79). No utilizados: Rieco; Kakuta, Luismi y Suárez.

Goles: 0-1. M. 2. Banega. 1-1. M. 7. Messi. 2-1. M. 15. Messi. 3-1. M. 43. Rafinha. 4-1. M. 52. Luis Suárez. 4-2. M. 56. Reyes. 4-3. M. 71. Gameiro, de penalti. 4-4. M. 80. Konoplyanka. 5-4. M. 114. Pedro.

Árbitro: William Collum (Escocia). Amonestó a Krychowiak, Mathieu, Coke, Banega, Immobile, Busquets, Krohn-Delhi y Alves.

Boris Paichadze. 54.000 espectadores.

Ya no quedan dudas sobre la messidependencia del Barça. Messi ha convertido a un buen equipo perdedor en la pretemporada en campeón del Gamper y de la Supercopa de Europa. Apareció y el Barça volvió a marcar goles, a ganar una final que engorda su palmarés: si el curso pasado fue capaz de repetir el triplete de 2009 cuando parecía una quimera, hoy está en condiciones de volver a ganar las seis copas como entonces si en la cancha sigue Messi porque, en cuanto se da un descanso, cualquier adversario puede batir a Ter Stegen. Ayer cayó el cuarto trofeo de la serie después de conquistar en verano la Copa, la Liga y la Champions. La temporada empieza para el Barça en el mismo punto en que la dejó el curso pasado en Berlín.

Nada es imposible para el Barça con Messi. No es extraño que le llamen “el presidente” en el vestuario del Camp Nou. El recital del argentino durante una hora fue asombroso tras el gol del Sevilla. El partido empezó con empate a uno, dos tantos a balón parado, el primero de Banega y el otro de Messi, tan precisos en el golpeo del tiro libre como gansos estuvieron en la concesión de las faltas Mascherano y Krychowiak. Ambos son volantes que ejercen de centrales, más acostumbrado el argentino y nada el polaco, improvisado como defensa por las lesiones y la salmonelosis que diezmaron a la zaga de Emery.

Ya no quedan dudas sobre la messidependencia del Barça. Messi ha convertido a un buen equipo perdedor en la pretemporada en campeón del Gamper y de la Supercopa 

El Sevilla perdió mucho campo con el recular de Krychowiak. La figura gigantesca del polaco contrastó con la del menudo Messi. No pudo el sevillista con el cuerpo a cuerpo planteado por Luis Suárez y no le quedó más remedio que tirar al uruguayo para suerte del 10. Messi neutralizó para empezar el gol de Banega: si el tanto del sevillista había sido excelente, la respuesta del azulgrana fue igualmente serena y bella, imposible para Beto. El 10 repitió antes de cumplirse el cuarto de hora con un nuevo golpe franco estupendo para reivindicar su condición de especialista ante el atormentado portero del Sevilla.

El Barça iguala al Milan

Barcelona (1992, 1997, 2009, 2011 y 2015).

Milan (1989, 1990, 1994, 2003 y 2007).

Liverpool (1977, 2001 y 2005).

Real Madrid (2002 y 2014).

Ajax (1973 y 1995).

Anderlecht (1976 y 1978).

Valencia (1980 y 2004).

Juventus (1984 y 1996).

Atlético (2010 y 2012).

Oporto (1987).

Bayern Múnich (2013).

Manchester United (1991).

Chelsea (1998).

Sevilla (2006).

Nada es casual en Messi, cuyos movimientos provocaron el entusiasmo de la hinchada en Tbilisi. A los azulgrana les resultó relativamente sencillo controlar el ritmo del encuentro por la omnipresencia de Messi. El tercer gol se adivinaba en cada aceleración del argentino, imposible de defender para el Sevilla. El árbitro anuló un tanto legal a Suárez antes de que el charrúa se plantara ante Beto y fabricara el 3-1. Aunque el uruguayo fracasó como artillero estuvo lúcido como asistente en un caño para Rafinha.

Apenas había noticias del Sevilla. Acaso sorprendió el pique que tuvo Emery con Messi. El 10 tuvo tiempo para mandar en la cancha y discutir en la banda con el entrenador contrario, que no podía reconducir a su equipo, muy físico y poco hábil en las transiciones, sobre todo por la poca presencia de sus volantes, impresionado por el partido de Messi. A los barcelonistas les alcanzaba con una buena presión y dar la pelota al 10. Muy bien puesto y dinámicos, no necesitaron que la velocidad de la pelota fuera muy alta para desbordar al Sevillla. Los andaluces parecieron firmar la derrota después de un error en la salida del cuero, interceptado por Busquets y rematado por Suárez. Nadie daba un duro por el equipo de Nervión.

Y entonces se apagó la luz en el Barça y salió el fulgor del Sevilla. Fatigado Messi, el Barcelona fue una calamidad para suerte de Emery, que recompuso el mecano hasta el 4-4. El ascendente del 10 sobre el equipo es absoluta, tanto que cuando descansó, el Barça perdió la pelota: no tuvo continuidad; confiado, se abandonó y propició el remonte del Sevilla. Las concesiones en el área fueron continuas y cada llegada del Sevilla fue gol: marcaron Reyes y Gameiro en dos errores de Mathieu y más tarde empató Konoplyanka: cuatro tantos en cinco disparos.

Los despropósitos se extendieron al banquillo por los malos cambios de Luis Enrique. Roto y desordenado el Barça, con dos delanteros, el partido era un ir y venir que sonreía al Sevilla. No le quedó más remedio a Luis Enrique que corregirse: recurrió a Pedro y esperó a Messi. Y le salió bien en la única ocasión azulgrana: el partido acabó como empezó, con una falta de Messi cuyo rechace recogió Pedro. Ni Koke ni Rami, solos ante el marco, pudieron forzar los penaltis cuando el Sevilla atacaba sin Vitolo y con 10. El partido no admitía ningún otro protagonista que no fuera Pedro.

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