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Opinión
E L T Í O J O S É
«Llegó con tres heridas, la del amor, la de la vida y la de la muerte». Mig

20/08/2015.

Tengo entre mis manos una foto del tío José. Joven, de soldado, bien plantado frente al retratista, tan apuesto, con algún parecido que percibo de mi madre, y también de mis otros tíos. En blanco y negro, retrato viejo y ajado, de los de entonces, en pose estudiada, para enviar y dedicar a la familia, seguro, como recordatorio inolvidable, memoria de una época . . . tristemente sombría y cruel, profundamente trágica. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Mi tío José al quien no pude conocer y del que a menudo solía hablarme mi madre.

                                                Decía que era el más listo, el más guapo, el más formal y trabajador, el primogénito, el relevo en el futuro sostén de la familia, el hijo casi modélico, un joven inigualable, al menos en los recuerdos emocionados que desgranaba mi madre.

                                                El tío José, nacido en el Bilbao industrial y cosmopolita de principios del siglo pasado, soldado, gudari, fiel a La República amenazada, golpeada por los viles golpistas, joven en las trincheras del horror y la guerra desatada entre compatriotas, guerra a muerte, guerra sin condiciones.

                                                Mi tío José ahora mismo entre mis manos, en traje militar de paseo, de soldado raso, de clase de tropa, marcial, ofreciéndonos su rostro franco y confiado . . . en un futuro incierto.

                                                Y mi madre solía contarme que tras tres años el tío José volvió, aparentemente como había marchado, aunque tal vez . .  .no parecía el mismo.

                                                Pronto una tristeza mohína, taciturna, ensimismada, melancólica que parecía perderse en una mudez y silencio que iba apoderándose de su juventud, apagándose en la nada de una mirada agonizante, muerta, como un velo que iba apoderándose de vital realidad de mi tío José que iba dejando de ser. .  .él, hasta encerrarse en una nada absoluta, como si la miasma de la no vida hubiera logrado anegar toda esperanza sobre lo que había sido . .  .mi tío José.

                                                Mientras la derrota se daba por definitivamente inevitable.

                                                Y yo era niño cuando sabía que mi abuelo iba una vez, cada uno  o dos meses, al Hospital Psiquiátrico de Bermeo, el mejor loquero de Euzkadi, donde iba a visitar a su hijo José, una vez cada uno o dos meses, para volver a casa destrozado, para no levantar cabeza durante los dos o tres días siguientes, para volver a esperar a regresar a ver a su hijo José durante más de veinticinco años. Mi abuela Lucinia jamás pudo ir a ver a su hijo, jamás encontró el valor, . . .siempre llevó el dolor del hijo perdido . .  .vivo.

                                                Y la memoria de mi tío José siempre planeó, a pesar de que nadie comentaba nada de su no vida en el Psiquiátrico de Bermeo, como una veladura de honda melancolía y enrabietada pena.

                                                Y pasaron los años, y mis abuelos murieron antes de que lo hiciera mi tío José, para quedarse con sus compañeros de tantos años, a solas con su silencio, en el limbo del olvido que socavaría para desaparecer tras una existencia baldía, . .  .vencida, derrotada, tras una guerra cruel e injusta, del soldado José, del muchacho que no pudo superar el horror vivido hasta llegar a encerrarse en su nada de un cerebro muerto antes de tiempo, tras su valor, entrega y sacrificio inútiles.

                                                Para que ahora solo me haya quedado un retrato de un joven que acabó en el baúl de mi pasado, en el rincón del desvanecimiento que seguro que no se merecía.

                                                Porque siempre caen los mejores, los más guapos, los más listos, los más valientes . .  .como mi tío José.

                                               

                                                Torre del Mar     agosto – 2.015

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