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Opinión
Los rojos no tienen derecho a vacaciones

09/09/2015.

En la turbia posguerra, una sombrerería españolísima encontró un apropiado eslogan para que su selecta clientela pudiera seguir odiando en tiempos difíciles: «Los rojos no usaban sombrero». Ahora, la caverna parece haber trocado dicho lema por el de «los rojos no tienen derecho a vacaciones», a la luz del escarnio levantado en torno al breve retiro andaluz de Manuela Carmena, a la sazón alcaldesa de la Villa y Corte por las hordas de Madrid sí Se Puede y merced a una nueva conjura judeomasónica. Texto. Juan José Téllez

Escritor y periodista. Colabora en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión)

Escritor y periodista. Colabora en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión)

No se sabe muy bien si a los detractores de su reposo estival les fastidia en realidad que no haya preferido volar a Punta Cana, como el ministro Soria o el embajador Wert, en el lujoso spa de una empresa rara. O que se les haya fastidiado el patíbulo editorial por el hecho de que su descanso no haya corrido a cargo del bolsillo de los madrileños, al contrario de los costosos veraneos de la Familia Real, financiados en cambio con el dinero de todos los contribuyentes.

Dado el trato que suele dispensar la derechona al sur de Despeñaperros, tal vez haya elegido Zahara de los Atunes para rendir homenaje al llorado Javier Krahe, su malogrado vecino eventual, en una costa escarlata que, como no podía ser de otra manera, frecuenta hasta El Gran Wyoming. O que haya apostado por la levantisca Andalucía, la última frontera del PSOE, con quien desde La Moncloa anticipan un gran pacto post-electoral. Lo que resulta un misterio es cómo a estos nuevos aprendices de brujo no se les haya ocurrido asociar la escapada de Carmena con la estancia de Pedro Sánchez, durante esos días, en un hotel de Chiclana, población que apenas dista 40 kilómetros de Zahara de los Atunes. ¡Lo que habrían dado los paparazzi de la FAEs por un robado de ambos almorzando en un chiringuito, como si fueran Richard Gere y su novia española!

Resulta entrañable, por otra parte, la preocupación que muestran los conservadores y los reaccionarios de este país por el impacto que tendrá entre los votantes carmenistas el hecho de que toda la familia haya invertido cuatro mil euros en un chalet medio a pie de playa: ¡si conocieran los precios de cualquier resort con la pulserita del todo incluido en ese mismo litoral!. Da la sensación como si al vecindario de Vallecas o Entrevías les gustase más que sea Esperanza Aguirre la que disfrute de unas vacaciones “low cost” –así lo tituló la prensa, en sus propiedades de la Sierra de Madrid o de Santander o que Alberto Ruiz Gallardón tenga casa propia en Nerja para pasear con sus perros por la playa antes de que las ordenanzas municipales lo prohíban.  Lo que el vecindario de Chamberí o de Chueca querría, según esta regla de tres, es que la jueza jubilada se metiera en una multipropiedad en Atlanterra en lugar de dejarse en un alquiler costoso los cuatro cuartos de ella, de su marido y del resto de los ocupantes del lugar elegido esta vez para tostarse fugazmente al sol del Estrecho.

Hemos asistido a menudo a serpientes de verano en el periodismo español. Sólo que esta es bífida, todo un nido de víboras que haría las delicias de François Mauriac pero que va a hacer la vida imposible a Podemos, al PSOE, a Izquierda Unida, a los nacionalistas periféricos e incluso a Ciudadanos, hasta que se celebren las próximas elecciones generales. Veremos como la sordina disimula los traspiés del Partido Popular y pone la lupa en cualquier pifia de la parte contratante de la segunda parte. Y si no se equivocan, harán lo imposible porque lo parezca. A fin de cuentas, como es sabido, ciertos periodistas nunca permitirán que la realidad les estropee una mala noticia

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