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Opinión
L A E S C U E L A ¿?

19/09/2015.

En los últimos años he escuchado a menudo, a profesionales de la enseñanza primaria, que los niños y las niñas que acuden a la escuela deberían venir de casa «educados». Aduciendo que en la escuela ni se puede ni se debe «perder el tiempo» en esa tarea, por lo visto en los últimos años, bastante menospreciada. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Tal vez porque lo que pretenden esas maestras y maestros es “no dedicarle ni un minuto” a “educar” a sus muchachos.

                                                            Y uno se quedaba y se queda perplejo, por no exasperarse más de lo conveniente.

                                                            Pero igual son los tiempos nuevos ¿o no?, o es la claudicación perfecta del sector educador que prefiere atenerse a “la normativa vigente”, a la ley  imperante, esa Lomce que busca tanto y tanto ¿la excelencia?, y la escuela parece llevar el camino en una expendería ad hoc de conocimientos y más conocimientos y muchos más conocimientos, con su apartado doctrinario a resguardo, léase religión católica, y en busca de la especialización aséptica de los excelentes que habrán de ponerse al servicio del sistema, del poder. . . sin bagaje alguno de ¿educación moral, humanística, sopcial . . .?, por ejemplo.  

                                                            Recuerdo que cuando yo era pequeño teníamos una asignatura muy importante que era “Urbanidad”. También recuerdo que en las notas que recibíamos en el boletín estas eran encabezadas por dos apartados evaluables y calificados y que eran : Conducta y aplicación. Y aseguro que, al menos mis padres, lo miraban con interés y antes de seguir adelante su comentario era contundente, según hubiera sido mi “conducta y mi aplicación”.

                                                            Parece que eso últimamente “debe llegar ya de casa”, incorporada “la educación” . . . a la escuela, ¡vaya contradicción!.

                                                            Y sin embargo esa es la tendencia.

                                                            Hace años existía lo de “Tutoría”, un tiempo, una sesión de clase en la que, mejor o peor, se debían tratar asuntos de educación, de formación humanista e integral.

                                                            Se llegó incluso a aplicar el desarrollo de una asignatura tal como “Educación para la ciudadanía”, en la que se pretendía  educar a los muchachos en las normas básicas de convivencia y civismo. Curiosamente los sectores más retrógrados de nuestra sociedad, entre los que destacan los postulados del partido que nos gobierna, acusaron a esa asignatura de “ideologización”, ¡qué cinismo!.

                                                            Y ahora todo se arregla con ese desfachatez de que “los niños han de venir educados de casa”.

                                                            Para que luego “se quejen” de estos jóvenes que no saben qué es la educación, ¿?, de nuevo ¡qué cinismo!.

                                                            Y de nuevo se ahondará en la desigualdad, según las familias sepan, puedan o quieran dedicarle tiempo a su idea de educación.

                                                            Con una educación “oficial” muy alejada del entorno, de la realidad cívica, humanística, social. . . dándose por bueno por ejemplo la segregación de “los niños con los niños, las niñas con las niñas”, en los colegios privados, en contra de las directrices y funciones educativas que marca la Constitución, esa magna ley “de usar según interese o no”, sobre la función socializante e integradora de la escuela primaria. ¡Qué más da si ahora la función educadora debe recaer exclusivamente en el criterio de la familia!.

                                                            En mis últimos años de docencia activa, en un pueblo costero donde la actividad pesquera había supuesto, en un pasado recientísimo, una razón fundamental de su supervivencia, de su singularidad, pude comprobar que en “la escuela” no se dedicaba “ni un segundo” a estudiar ese “modo de vida”. De hecho hablando con un joven licenciado, bien empleado, ingeniero, con un presente y un futuro aceptables. . . me confesó que desconocía “qué era el copo”. . .  

                                                            Y por qué, pues sencillamente porque nadie se lo había explicado jamás .  . .

                                                            Y me temo que demasiados maestros y maestras siguen pensando que los niños han de llegar a la escuela “ya educados”,¿ya enseñados?”, . .  .porque, sin duda, es mucho más cómodo, y mucho más útil.. . . para el sistema, para el poder. No lo duden.

 

                                                            Torre del Mar     septiembre – 2.015

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