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Opinión
U S O S Y C O S T U M B R E S

22/09/2015.

Y también tradiciones, cuando interesa llevarlas al corolario del cumplimiento de la parte que convenga más.. En Europa, al menos, parece ser que el primer «café» se abrió en 1.650 en Oxford. Su implantación tuvo gran éxito y rápidamente se extendieron numerosos «cafés» que abrieron sus puertas, sus salones y el servicio del aromático y excitante brebaje, a lo largo y ancho de la Europa burguesa Texto. ANTONIO GARCIA GÓMEZ

Así pues su máximo esplendor se alcanzó a partir de la primera mitad del siglo XIX, en los salones de café, en las principales ciudades europeas, tales como París, Londres, Viena, Lisboa, Roma . . . y también Madrid, con el despliegue de fecundas y encendidas tertulias, al abrigo de los florecientes “cafés”.

                                                Y ¡qué placer entonces poder acompañar la conversación, pausada o acalorada, junto a una taza de café!.

                                                De café o de achicoria según amainara la abundancia o regresara la carestía.

                                                Con la delicadeza y unción del rito, alzando la tacita de porcelana, el cazo de lata o el vaso de cristal, para el sorbo pequeño, para el regusto amargo y calmado, junto al café negro, muy negro, o el café manchado, como se de una nube o nubarrón se tratara, al gusto, para iniciar la jornada o para agrietar la sobremesa, o simplemente para explayarse en la tertulia amable y reconfortante, sobre la mesa de mármol pálido.

                                                El café acrisolado en nuestros usos y costumbres, con la prosodia de quien sabe que no está tomando cualquier cosa.

                                                Y ahora, y cada vez con mayor frecuencia veo esos vasos de ¿gomaespuma?, o yo que sé, blancos y con tapa de plástico incorporada, dejándose llevar por el personal que tiene mucha, pero mucha prisa, por lo visto, a la carrera, en la calle, camino de la oficina, el aula, el taller, con el brebaje rebullido en esos vasos sin personalidad, con el café, vaya uno a saber, desmadejado de tanto meneo y de tanto sorbo apresurado, como si ya no quedaran momentos para el rito de tomar el café, con uno mismo o con la concurrencia, con el gusto y la solemnidad que exige el deleite de tomarse un buen café, al menos, según los usos y costumbres de otrora.

                                                Y es que la modernidad corre que vuela . . . cuando interesa, y “la tradición”, esa tradición quietista, mendaz y anquilosada que se vuelve inamovible, cuando también interesa a “los más brutos del lugar”, aunque resulte que en cualquier caso la “tradición” . . .”no es de obligado cumplimiento”.

                                                Hoy se ha ¿celebrado? y matado al “toro de La Vega”, en Tordesillas, ¡en nombre de la tradición!. . . y en nombre de la brutalidad  inhumana logrando que la masa enfebrecida alcance, lancee y asesine a un toro de más de seiscientos kilos, en el campo abierto donde la tradición se enseñoreará sobre los más embrutecidos del lugar, por mor de la tradición por mucho que emponzoñe la civilidad a la descubierta, por el puro placer de “seguir la tradición” . . . nos abochorne o también.

                                                Mientras los matarifes “tradicionales” festejan “la victoria sobre el animal”, ¿sobre el animal?.

 

                                                Torre del Mar    septiembre – 2.015

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