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Opinión
L A E S C U E L A

01/12/2015.

«La escuela debe decirle a ese alumno que es un individuo con valor y que va a darle sentido a su vida. Lo que no puede hacer es resignarse a no ofrecerle nada». Le Cock. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Llevamos años con un discurso “aprehendido”, repitiendo que los niños, los jóvenes, nuestros niños, nuestros jóvenes y muchachos en edad de crecer, en edad de ser, en edad de reconocerse proyectos imparables de adultos   . . .cada vez son más maleducados, que su comportamiento adolece de insolencia creciente, que su apasionamiento raya la mediocridad y que la ignorancia es la gran coartada para seguir “despreciando” cuanto no “se les conceda” a sus antojos impulsivos, después de todo juveniles, después de todo educables.  

                                                           Para que todo esto siga suponiendo la gran coartada para que el profesorado “se sienta sobrepasado, impotente” ante los nuevos tiempos, frente a su obligación de admitir, proteger, encauzar, guiar, . . . al fin, educar a las jóvenes generaciones. Y en nombre precisamente de los dirigentes, nuestros gobernantes, nuestros líderes que tampoco pueden remitirse a estadísticas de fracasos . . . como si no hubiera mucho más que hacer.

                                                           Recuerdo una vez, en una de esas reuniones de Juntas de Evaluación que se hacían para calificar, para “evaluar”, cómo se trataba de un alumno, torpe, vago, fracasado, . . . del que “no se podía hacer carrera”, con todos los datos escolares en su contra, con las opiniones de la mayor parte de responsables del Centro dando por finiquitadas todas las expectativas sobre el niño, de 11 años, por cierto, “condenado” a un pasar desangelado, de frustración creciente, al menos hasta que fuera a cumplir los dieciséis años y cumpliese con la escolarización obligatoria, mientras sus responsables educadores se daban por rendidos, habían tirado la toalla . . . hasta que, recuerdo, yo inquirí: “Bueno sabemos que todo está en contra del muchacho, su familia, su rendimiento, su comportamiento . . .nada haya que se pueda aducir en su favor, y puestos, por lo tanto,  en esa tesitura, . . . ahora ¿qué podemos seguir haciendo por este niño de . . .¡11 años!?”.

                                                           Porque precisamente en eso consiste educar, porque exactamente esa es la función de nuestras instituciones académicas, escolares, además de sacar adelante a nuestros mejores muchachos . . . y  es que resulta que, después de todo, quienes más nos necesitan son los que . . . ¡no van a llegar a ningún sitio!, . . .ese porcentaje muy cercano al 50% que tras más de diez, doce años . . .  

escolarizados solo llegaron a fracasar en toda la líneas de su vitalidad, de su existencia frustrada.

                                                           . .  .O en eso debería consistir : “Educar”.

                                                           Porque cada niño, cada joven que fracasa desde tan corta edad . . .es un fracaso para nuestra sociedad ¿”civilizada, opulenta”? . . . que nos pasará una altísima factura.

                                                           Porque tal vez, el primer requisito para llegar a ser maestro y disponer del honor de ejercer tal trabajo, sería mostrar, demostrar . . .capacidad, sabiduría, humanidad, bondad . . . porque son nuestros hijos, nuestros niños, nuestros jóvenes . . .

 

                                              

                                               “Ah si ellos tienen pistolas nosotros tenemos flores”.

 

                                                           Torre del Mar     noviembre – 2.015

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