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Feliz cumpleaños, Mr. Allen

01/12/2015.

80 años y casi medio centenar de películas. No es mal bagaje para uno de los directores más importantes de la historia del cine. Natalio Grueso, amigo personal del neoyorquino, celebra la efeméride publicando El último genio, donde desgrana las distintas facetas de un artista poliédrico. Fuente: El Cultural

Woody Allen

Woody Allen

En la última entrevista que Woody Allen concedió a El Cultural por el estreno de Irrational Man decía que detestaba profundamente todas sus películas. Probablemente sea el director neoyorquino la única persona sobre la faz de la tierra con cierto bagaje cultural e intelectual que tenga ese sentimiento hacia obras como Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Interiores, Match Point o Midnight in Paris. “Creo que es una afirmación un tanto exagerada”, explica Natalio Grueso. “Es cierto que algunas de sus películas no le gustan pero con otras está más que satisfecho. El problema es que es un perfeccionista innato y como tal siempre anda a la búsqueda de la gran obra maestra. Sin embargo es innegable que ya tiene media docena de éstas en su haber”.

Natalio Grueso, experimentado gestor cultural de instituciones como el Teatro Español, acaba de publicar Woody Allen. El último genio (Plaza & Janés), libro en el que desglosa las distintas facetas del artista poliédrico que es el cineasta neoyorquino, que cumple hoy 80 años. Este libro es por tanto el regalo de cumpleaños que Grueso le hace a su amigo Woody Allen, ya que ambos tienen una relación personal desde los años 90 que llevó al primero a ser el mánager de producción en Asturias del filme Vicky Cristina Barcelona.

Pregunta.- ¿Es muy distinto el personaje cinematográfico de Woody Allen del que ha conocido usted?
Respuesta.- Son totalmente diferentes, no se parecen en nada. La gente tiene esa visión de un personaje nervioso, atribulado, pesimista... Sin embargo, el auténtico Woody Allen tiene un control absoluto de lo que hace, lo que le ha granjeado la posibilidad de ser absolutamente independiente en la industria del cine.

De una independencia similar solo habían disfrutado previamente Charles Chaplin y Orson Welles lo que sitúa al director de Bananas entre dos de los más grandes cineastas de la historia. Woody Allen siempre cumple los plazos de entrega de sus películas, lo que en el mundo del cine es prácticamente lo mismo que decir que siempre respeta el presupuesto asignado, que en su caso suele ser bajo para los estándares de Hollywood. Sus películas, con alguna excepción, son siempre rentables. Todo esto ha provocado que Allen disponga de la última palabra sobre el resultado final. Sin embargo, en contra de lo que pueda parecer, el director neoyorquino dispone de este privilegio desde sus primeras películas y es que cuando desembarco en la gran pantalla ya era un genio contrastado.

Woody Allen comenzó su carrera en el 52, cuando apenas tenía dieciséis años, escribiendo chistes para los cronistas de sociedad de la época. Con veinte años ganaba ya mil seiscientos dólares, cuarenta veces más que el sueldo medio. En aquella época abandonó su nombre real, Allan Stewart Königsberg, y se calzó las gafas de pasta que se convertirían en su sello personal para la posteridad. Su talento para llenar páginas y páginas y páginas con chistes estaba ya de sobra probado y solo quedaba ver hacia donde iba a dirigir sus pasos en el mundo del espectáculo. “Tenía un problema para ponerse delante del público y es que era terriblemente tímido”, explica Grueso. “Sin embargo ligó su futuro al de Jack Rollins y Charles Joffe, dos representantes de artistas, que le convencieron para que se subiera a un escenario. Cuando dio el salto a la televisión ya se olvidó de la timidez”.

Aunque sus inicios como monologuista no fueron todo lo bien que le habría gustado, pronto empezó a conseguir prestigio y Hollywood, que todavía se encontraba en su época dorada y estaba hambrienta de talento, llamó a su puerta. Le encargaron el guion de una comedia, ¿Qué tal, Pussycat?, en la que además interpretó un papel secundario. Allen no quedó satisfecho con el resultado ya que su guión fue modificado en innumerables ocasiones. El impagable trabajo de sus agentes, Rollins y Joffe, y algo de buena suerte hizo que esta situación no volviera a repetirse porque fue fichado por la United Artist que dirigía Arthur Krim, quién se comprometió a cederle el control total de sus proyectos. Incluso renunciaba a aprobar los guiones. Son las condiciones que, pese a cambios de productoras y demás baches en el camino, siempre ha tenido el director. Suponiendo que este calificativo sea el más adecuado para referirse a Allen.

Woody Allen, el escritor

Rafael Azcona siempre defendió la candidatura de Woody Allen para el Nobel de Literatura y Natalio Grueso le sigue el hilo. “Estoy de acuerdo con Azcona”, explica. “Lo que pasa es que su faceta de actor ha ocultado al director y la faceta de director ha ocultado al escritor. Pero tiene una habilidad innata para crear historias y diálogos. En cuatro semanas es capaz de elaborar un guion cuando a muchos directores les cuesta años”.

Su talento, salvo en contadas y brillantes excepciones (por ejemplo, Match Point) se dirige al humor. Allen es heredero de dos de los humoristas más importantes de la historia, Charles Chaplin y Groucho Marx. “De los hermanos Marx absorbió ese humor absurdo, cercano al surrealismo, pero con una carga de profundidad que se cuela entre líneas”, explica Grueso. “Allen, que introdujo el elemento filosófico, suele decir que el humor ha evolucionado desde lo físico, al final de la revolución industrial, a un humor más intelectual ligado a Freud o Kafka”.

Y es que, si Allen es heredero de los grandes humoristas estadounidenses, el factor que le hace único es haber aunado esta tradición con la cultura y el cine europeo, con Ingmar Bergman como piedra de toque. En palabras de Grueso: “Métase en una coctelera la obra de Chaplin y de los hermanos Marx, la de Fellini, Buñuel, De Sica, Renoir y Bergman, la literatura de Tolstói, Chéjov, Doistoievsky y Flaubert, la música del jazz de Nueva Orleans, los compositores clásicos y la ópera. Agítese bien y pásese el contenido por el tamiz del talento Allen, y el resultado que obtendremos será una de las carreras más personales e interesantes de la cinematografía mundial”. Felicidades y gracias, Mr. Allen.


 

El ingenio de Woody Allen

Algunas de sus mejores frases, recopiladas en Woody Allen. El último genio de Natalio Grueso.

- "Mi cerebro es mi segundo órgano favorito"

- "Yo sufría incontinencia cuando era pequeño, y como solía dormir con una manta eléctrica, estaba continuamente electrocutándome"

- "En Beverly Hills no tiran la basura, la convierten en televisión"

- "Odio la realidad, pero es el único sitio en el que se puede comer un buen filete"

- "La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la Estatua de la Libertad"

- "Más que vivir en el corazón de la gente, me gustaría seguir viviendo en mi apartamento"

- "Por alguna razón me aprecian más en Francia que aquí. Los subtítulos deben ser realmente buenos"

- "En Estados Unidos no se acuerdan de la guerra con España de 1898. Lo más viejo allí tiene diez años"

- "Lo mejor que te pueden decir en la vida no es 'te quiero', sino 'es benigno'"

- "No puedo escuchar tanto Wagner, ¿sabes? Me entran ganas de invadir Polonia"

- "Tomé un curso de lectura rápida y fui capaz de leerme Guerra y paz en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia"

- "No es que tenga miedo a morirme, es tan solo que no quiero estar allí cuando suceda"

- "Me interesa el futuro porque es el lugar donde voy a pasar el resto de mi vida"

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