Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
SOBRE SER DECENTE O NO

23/12/2015.

¡Vaya uno a saber!, si se entiende que uno es decente o indecente, aunque es verdad que tal apelación sobre la indignidad que se pretende aplicar, exactamente, sobretodo si se le espeta a la cara al aludido. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Y es que sabemos muy bien qué queremos decir cuando hablamos de la indecencia, hartos precisamente de tanta impostura, incluso cuando se “tienta al villano”, enfurecido de verse señalado en nombre de su supuesta indecencia.

                                                           Dice una frase de esas que aparecen en los sobrecitos del azúcar para el café o el té, . .  .que “el mal triunfa no tanto por la acción de los malos sino por el silencio de los buenos”.

                                                           Y es que la responsabilidad moral es lo que tiene, que compromete más de lo que uno quisiera, ¡mecachis!. Cuando a uno van y le mientan aquello de “que usted no es decente”. Y es que entonces solo cabe contestar, ¿por el ofendido?, aquello de: “Hasta aquí hemos llegado”, porque toca enmendar la plana al osado mequetrefe. Y es que hay ciertas “líneas rojas” que no se deberían cruzar para que todo quede en un paripé, con el victimario de esa “falta de honestidad”, es decir de esa habilidad de comportarse indecentemente echada al olvido, vía impunidad de tantas tropelías, como si no fuera con “el indecente”, por mucha responsabilidad que ostente.

                                                           Y es que después de todo de eso se va a tratar:  de la “responsabilidad”, de esa asunción de responsable compromiso que habría de haber sido más eficiente en la consecución de tanta fullería. Porque la corrupción ha crecido y crece,  se ha cobijado y se cobija al dictado de una responsabilidad que “ha fallado”, como poco, porque se sabe proclive al sobreseimiento, al pasotismo querido o  no, buscado  o no, cómplice o no, . . . permisivo en cualquier caso hacia el efecto indeseable.

                                                           Hasta el punto de que no cabe aducir aquello de que “cualquiera puede haber cometido un error”. Sin caer en la responsable asunción de que los errores también han de pagar su factura, por incompetencia, por colaboración necesaria.

                                                           Porque no vale pedir perdón, por una ristra de desafueros, rapiñas encadenadas, mafias engolosinadas . . . de tanta macroeconomía con qué sacar pecho, vía comisión millonaria, como para que luego se pretenda “salir de rositas”, porque “no se sabía, fue traicionada la confianza depositada”, . . . porque después de todo . . . “los datos, los gráficos, el argumentarlo oficial viene a dar la razón a los poderosos irresponsables que no quieren saber nada de su . . . responsabilidad política”.

                                                           Y entonces no vale quedarse solo con “el dedo que señala las estrellas”, porque aquí el dedo, el apelativo de que “usted no es decente”. . . está señalando, como poco, a un desahogado.

                                                           Aunque el poder “haya apretado las filas” y los “familiares de los dependientes” hayan acusado de “mentir, mentir y mentir” al presidente de gobierno que afirmó que las ayudas a la dependencia habían crecido un 50%.

                                                           A pesar de toda la apolítica que pretende seguir flotando como el corcho, inane, huero y cómplice.

                                                           Torre del Mar     diciembre – 2.015

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