Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
S I E M P R E

26/12/2015.

I, d rather be a rebel than a slave, (Prefiero ser rebelde que esclava)». M Orly Streep Siempre se podrá elegir, o al menos casi siempre, pudiendo optar por una u otra respuesta, cuando resulte inaplazable nuestro posicionamiento . . . ¡personal!. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Como cuando una semilla, que cuanto más pequeña el milagro será más impresionante, más increíble, pueda llegar a convertirse en un gigantesco y milenario árbol, justo en el mismo instante en que ya ese árbol forma parte del bosque que también y asimismo podrá permanecer grandioso, único, acogedor, abrigado de tantos árboles . . . creciendo.

                                                           Ahora que parece que el planeta Tierra va camino del desastre, del calentamiento insostenible, de la agonía sangrante y desigual, con un despliegue de campos de refugiados huyendo del terror, de muertos de hambres emigrando hacia el paraíso . . . ¿televisado?. Ahora que el fanatismo parece que se está haciendo fuerte, atrincherado tras las almenas del odio, alimentada la fe que nació pobre, desvalida, en manos de los príncipes de cada doctrina, parapetados en sus tempos y mezquitas, contra los amigos de la . . . concordia y el respeto mutuo. Ahora que la convivencia parece haberse convertido en una utopía irrealizable. Ahora que la desigualdad es la gran panacea que apadrina la felicidad de quienes . . . solo aspiran a ocupar la cúspide inalcanzable.

                                                           Cuando resulta que solo nuestra propia insignificancia nos hace rebeldes, tal vez porque es el único sentido por el que lograremos encontrar la razón de nuestro ser, esforzándonos ahora que seguimos siendo tan poca cosa.

                                                           Y sin embargo aún la sonrisa no se ha borrado de nuestro semblante, porque tenemos . . . todas las de ganar, incluso empezando desde tan abajo, incluso con las expectativas de llegar . . . tan cerca.

                                                           Porque todo resultará esperanzador si . . . cada quien seguimos a nuestro paso, por una estrella a nuestro alcance, por un sueño . . . realizable, por una palabra amable, por . . . las decisión que nos haga mejores, que haga mejor . . . nuestro entorno más próximo.

                                                           Las ondas apenas se inician en un suspiro, a punto de no dejar de llegar más allá de lo posible . . . y de lo imposible.

                                                           Porque a la postre luego se tratará de decidir, en un sentido o en otro.

                                                           Mi abuelo tenía una carbonería en la postguerra, cuando el carbón era un producto básico de consumo, racionado por el gobierno y con un precio fijo tope para evitar que . . . “no pudiera dejarse de adquirir” incluso por los más humildes. Demasiada gente eligió “esconder el carbón, negar que tuviesen existencias del preciado mineral . . . para, a continuación, poder venderlo a precio exorbitantes, injustos, selectivos para muy pocos, para quienes pudieran pagarlo y, de paso, . . . enriquecer al espabilado comerciante”.

                                                           Mi abuelo “jamás escondió el carbón y siempre lo vendió a su asequible precio”. Mi abuelo eligió su opción, mi abuelo había ejercido su derecho de elegir. Mi abuelo solo era “un personaje” sin mayor importancia, con una entereza moral que, al menos, a mi me sirvió que se podía elegir . . . de cierta manera, de la mejor manera . . .

                                                           Torre del Mar     diciembre – 2.015

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