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Opinión
El viejo maqui (Inmemoriam)

08/01/2016.

Hace cinco años me preguntaba cuál podría ser la razón por la que la figura de Pepe Galacho ya no llenaba el paisaje del Rincón de la Victoria con aquel andar peculiar firme y disciplinado, aquél paso propio de una férrea voluntad desafiante para con las leyes de la biología por sus más de noventa años de entonces. Texto: ANTONIO CAPARROS VIDA

Finalmente, se

desveló el misterio de su ausencia: el determinismo se impuso. Fue mi
amigo el pintor Antonio Gallero quien me dio la noticia vía WhatsApp:
"Se nos ha ido, acabamos de darle tierra". Fue el punto y final de un
largo proceso.
Hace algunos años un grupo de docentes le hicimos un
entrañable homenaje, que agradeció profundamente. Había sido oficial
republicano y marcaban su cuerpo algunas cicatrices de aquella
guerra fratricida que aún sigue coleando en la memoria mancillada de
los que sobrevivieron («La guerra no la ganaron ellos, la perdimos
nosotros», nos decía… Y qué lección magistral para las izquierdas del
tiempo presente). El viejo maqui nos contó, entre otras experiencias y
anécdotas, que solían “caer”, más que por las batidas de la Guardia
Civil, por las enfermedades de una vida extrema expuesta a los fríos
inviernos y a la escasez de todo tipo. Nos contó también que hacía
muchos años que había dejado una lata, utilizada a modo de jarrillo
para calentar alimentos, en la oquedad de unas piedras y cómo volvió
a encontrarla allí mismo varias décadas después en un viaje orientado
hacia los recuerdos con la familia.
Se nos fue con el puño en alto, a la antigua usanza de aquellos
camaradas que dieron la vida por un mundo más justo, más solidario;
aquellos apóstoles laicos capaces de los más radicales sacrificios por
el bien común, envuelto en simple madera según mi amigo, sin
supercherías simbólicas innecesarias de otros pensamientos
anestesiantes, austero como fue a la hora de navegar por la vida.
Buen viaje, compañero.
Ya no se ve al viejo maqui caminar por el paseo marítimo del
Rincón de la Victoria. Así son las cosas; “tempus fugit”, que decía
Virgilio en sus “Geórgicas” o en algunos relojes de sol, « como las

  • nubes, como las naves, como las sombras».
    Antonio Caparrós Vida

     

     

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