Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
M A C H O C A B R Ó N

11/01/2016.

Puesto en celo, el macho, alrededor de su pieza elegida, para que resulte «la mujer de mi vida», «la madre de mis hijos», «mi tesoro, mi reina, mi corazón . . .» y así en posesivo de primera persona, incluso trabajando la pose que modernice el acoso a la hembra, por reencontrarse, el macho, con su naturaleza masculina, por verse apretando, por verse realizado, el macho, junto a la hembra elegida. ANTONIOGARCÍA GÓMEZ

Y así, sin descanso, desplegando todas las habilidades y gracias, en un cortejo actualizado, según convenga, en torno a las pulsiones que llaman al macho a cumplir con su condición  . . . masculina, superior, como para decidirse a “montar” a la hembra que habrá de mostrarse . . . ¿agradecida?, tras la pregunta de rigor ¿qué te ha parecido?.

                                                           Viéndose entonces el macho cabrón en un bucle diabólico por mantenerse digno y responsable, vaya engorro, en la relación establecida, según los cánones más modernos, puesto en entredicho el respeto mutuo y la igualdad, como si la convivencia fuera a exigir “lo imposible”  . . . al macho cabrón.

                                                           Puesto de cualquier manera en el brete de establecer una estrategia descarnada, cruel, que salve la íntegra masculinidad del tipo en disposición de ejercer su capricho de machito cabrón.

                                                           Por exceso de amor mal entendido, ¡seguro!, por miedo a la igualdad mal entendida  . . . por el acomplejado macho cabrón. Porque el miedo y la inseguridad atenaza, sin duda, porque la baja autoestima empuja a socavar la dignidad de la hembra “¿qué tanto quiere?”. . . ¡dominada!, después de todo.

                                                           Hasta lograr establecer el infierno en la relación cerrada, asfixiante, para asegurar que nadie sea feliz, por incapacidad manifiesta, hasta el menosprecio, el insulto, el acoso y el abuso . . . del macho cabrón . . . intentando ¿realizarse?, ¡pues por eso!.

                                                           Encerrado en el menoscabo de “su amor” inconfundible, ¡faltaría más! . . . hasta anularlo, aniquilarlo, maltratarlo y reducirlo  . . . a un puro seguidismo de “la masculinidad” del macho cabrón, incluso para agudizar los complejos del mezquino tipejo.

                                                           Intentando a brazo partido disponer de “la razón” única, indiscutible, montaraz e injusta, por intentar conseguir que “se le conceda” . . . al “macho cabrón” la indigerible razón, ¡lástima!.

                                                           Sin capacidad de entender nada que no sea disimular, ocultar su propia incapacidad . . . de eso mismo, de entender nada, de respetar a nadie . . . por mucho que cante las excelencias de “su amor” . . .¡sometido!.

 

                                                           Y así hasta lograr que se llegue a pensar que la culpa es de “esa mujer” que cree, en silencio, secas las lágrimas después de haber llorado tanto, en soledad, con el miedo metido en el cuerpo, que tal vez “ella tenga bastante culpa después de todo”, en un laberinto infernal por salir del horror y el pavor desencadenado por el “macho cabrón”.

                                                           Incluso tras haberlo intentado todo, por haber intentado aplacar, apaciguar, contentar  . . .al “macho cabrón”.

 

                                                           Torre del Mar     enero – 2.016

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