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Vocalía de Flamenco
EL ARTE FLAMENCO HOY: UNA MIRADA CRÍTICA
I. EL CANTE

20/01/2016.

El artículo original, ahora actualizado, fue escrito en Marbella, en enero de 1.996, y publicado en la revista «El Olivo Flamenco». Forma parte de una serie de escritos, aparecidos hace años en la citada revista, que iremos publicando en ÁticoIzquierda.es respetando el texto original en sus ideas esenciales.

Por Paco Vargas

 
          Tal vez nos encontremos en la época más ambigua de la historia del cante<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->. Una ambigüedad que no es premeditada, sino producto de la libertad artística de la que gozan los intérpretes, exentos de la "obligación" de cantar siguiendo determinadas directrices o corrientes flamencas. Ahora cada cual canta como y lo que le da la gana. Y eso está bien.
 
          Otra cosa es que se esté cantado bien, mejor o peor que en otras épocas. En ésta nos encontramos ante una crisis de valores nuevos: faltan artistas y sobran cantaores. Es decir, sobran voces y falta creatividad: no hay personalidad. Dicho sea todo de manera genérica, claro está.
 
          Falta personalidad porque no hay vocación. Hay demasiada prisa por llegar sin gozar de las fatigas que proporciona el aprendizaje del oficio. Importa más el tener que el ser, sobre todo entre los más jóvenes que tienen una visión menos romántica del flamenco y apelan, por tanto, al pragmatismo inhumano de esta sociedad que, como Neptuno, devora a sus propios hijos.
 
          Echamos de menos otra generación como la Generación del 68 (aquella que surgió entre los años 60 y 70. Esa fue la última gran generación de artistas que ha dado el flamenco. Frente a ellos, los de ahora son, en su mayoría,  voces clónicas, sin expresión y sin sustancia emocional que sólo buscan en el flamenco una forma de vivir sin que para ellos sea una forma de vivir, que parece igual pero no es lo mismo.
 
          Y no será por falta de oportunidades: nunca como ahora, el flamenco tuvo tan gran predicamento, dentro y fuera de Andalucía y de España. Los artistas son tratados con admiración y respeto, se les paga con dignidad y suficientemente -con exceso, en algunos casos-, y son considerados como profesionales del espectáculo aún cuando la profesionalidad de algunos deja mucho que desear. En realidad, éste es un mal endémico que afecta a la imagen de la profesión y que habría de una vez que corregir.
 
          De todo lo dicho, quizás el problema esté en la cantidad, porque la verdad es que hay muchos: entre esa generación perdida, a los que injustamente se les llama profesionales de los concursos, y los que aún no han cumplido los treinta nos sale una cifra muy considerable de cantaores, de los que muy pocos dejarán huella en la Historia del Cante Flamenco.
 
          Ni en el cante clásico ni en el contemporáneo recibimos sorpresas agradables que nos alegren el corazón. Aunque algunas sí nos emocionen. Claro que al clásico se apuntan pocos porque no da dinero -eso creen-, que es lo que se busca. Y el menos clásico -erróneamente llamado “nuevo flamenco”- es, en general, un barullo de voces y sonidos surgido de una escasa formación musical y un deficiente conocimiento de las bases -no exclusivamente musicales- en las que se sustenta el cante flamenco. Por eso los resultados son los que son.
 
          Defiendo la libertad de creación -que es inherente al propio cante-, pero ésta debe ser producto de una cabeza fría y un corazón caliente: del talento y la afición, dos valores que escasean aquí y ahora. Pero, a la vista de lo leído, y a pesar del tiempo pasado, no parece que el panorama sea muy distinto.
 

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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> El artículo original, ahora actualizado, fue escrito en Marbella, en enero de 1.996, y publicado en la revista “El Olivo Flamenco”. Forma parte de una serie  de escritos, aparecidos hace años en la citada revista, que iremos publicando en ÁticoIzquierda.es respetando el texto original en sus ideas esenciales.

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