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Opinión
SOLO SON NIÑOS

27/01/2016.

«Yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera de no ir». El niño en su carta de despedida Después de todo y antes que nada. Solo son niños, indefensos, vitales, frágiles y ansiosos por encontrar su rutina, su sentido y su autoestima, aunque no sepan que solo son niños, aunque a menudo se nos olvide que, efectivamente, solo son niños. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Un niño de 11 años se arrojó hace pocas fechas desde un cuarto piso, en Madrid, tras haber dejado una carta a sus padres, de despedida, “nunca os olvidaré”. Diego vivió varios meses angustiado sin ganas de ir al colegio.  . .

 

                                               “Papá tú me has enseñado a ser buena persona y a cumplir las promesas”. Diego

                                               ”Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios”.  Diego

 

                                               “No hay derecho a que se haya sentido acorralado, sin esperanza, asumiendo la nada. Y sería preferible que su carta estuviera lleno de ruido, furia, rencor y venganza. Pero está lleno de amor a los suyos, del deseo de ser perdonado por el dolor que les creará, de agradecimiento hacia todo lo que le dieron, les desea felicidad y suerte. . . Todos deberíamos estar de luto. Y maldecir a un mundo en el que los niños, los más débiles, deciden matarse. O los asesinan”. Carlos Boyero

 

                                               Los niños ríen, corren, se empujan, pillan, se esconden, y también lloran. Los niños también callan, interpretan, actúan y se relacionan, y a menudo se hacen daño, y tras reír también lloran.

                                               Y los niños sufren y temen, y los niños llegan a creerse que pueden ser tiranos, y los niños a menudo son objeto de abusos y agresiones y se convierten en víctimas.

 

                                               Cuando un niño tiembla y disimula, teme y calla, tartamudea y se bloquea, cuando niño no encuentra la salida y . . . ha de ir a diario . . . al colegio, la rutina se convierte en un calvario.

 

                                               Y los niños llegan a creer que no hay escapatoria.

                                               Y los adultos a menudo creen que siempre se puede apretar un poco más, y se creen vulnerables si no aprietan lo suficiente y dejan, al final, que cada niño se abra paso en la jungla que va estrangulándolos.

 

                                               Y yo he visto demasiadas veces a niños sin capacidad de reaccionar en un colegio, en un ámbito donde un niño debería sentirse confiado, cómodo, entre sus mayores, los maestros, entre sus iguales, los compañeros.

 

                                               Y como decía Carlos Boyero “todos deberíamos guardar luto” y  pensar que todos hemos fracasado, que nuestras instituciones, escolares, sociales, domésticas . . . han fracasado estrepitosamente, y que nada vale una lágrima que asole el rostro de un niño . . . atemorizado.

                                               Torre del Mar    enero – 2.016

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