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Entre El Tintero y la tinta

01/02/2016.

Juan Manuel Bravo es un malagueño estudiante de Filosofía que trabaja como camarero en el restaurante El Tintero. El joven acaba de debutar como escritor con su libro »Un paréntesis convexo» gema atencia. Fuente. La Opinión de Málaga

Juan Manuel con su libro en la playa de El Palo, junto al restaurante en el que trabaja

Juan Manuel con su libro en la playa de El Palo, junto al restaurante en el que trabaja

El joven escritor asegura que su trabajo de camarero en el conocido establecimiento de la capital malagueña le sirve de "fuente de inspiración" para plasmar tanto vivencias reales como ficticias.

Juan Manuel Bravo es un joven malagueño estudiante de Filosofía que trabaja como camarero en el Restaurante El Tintero. Bravo ha sabido compaginar su labor de servir mesas con su verdadera vocación en la vida, la escritura. El joven ha dado el salto y acaba de publicar su primer libro en solitario, Un paréntesis convexo, en el que combina la narración de sucesos autobiográficos y ficticios a través de cuarenta y dos relatos cortos, cargados con una fuerte carga poética y humorística.

En cuanto al título del libro, Un paréntesis convexo, Juan Manuel Bravo explica que ha querido jugar con la idea convencional que la gente tiene de un paréntesis: «A veces, cuando ocurre algo en la vida, se dice que eso ha sido un paréntesis, que son de forma cóncava. Lo que he querido expresar es que la vida es lo que está dentro del paréntesis convexo».

Bravo señala uno de los relatos, que trata sobre su padre, al que diagnosticaron cáncer de pulmón: «Yo lidiaba con él todo el día y viví situaciones muy duras y surrealistas. Por ejemplo, salir a la calle lloviendo para comprar churros aunque todo estuviera cerrado; o en otra ocasión mi padre quería entrar en una iglesia para comprar pan... Yo me lo tomaba con humor y todo está plasmado en el libro, concretamente este capítulo se titula La vida es bella, como la película».

El autor asegura que su trabajo de camarero también le sirve como fuente de inspiración: «Cuando estoy trabajando, al tratarse de algo muy mecánico, también aprovecho para pensar y darle vueltas a la cabeza, reflexionar sobre ideas... Además, por las vistas hacia el mar y los atardeceres. También me inspiro cuando voy en el autobús a la Universidad, llevo una libreta en la que voy anotando ideas».

El joven autor afirma llevar escribiendo desde los quince años aproximadamente, pero nunca antes había pensado en publicar. Bravo cuenta que fue el bibliotecario de su barrio de El Palo quién le puso en contacto con la Asociación Capitel: «En la asociación hay gente mayor que yo, son personas formadas, catedráticos, físicos, químicos, etc... Y ellos fueron los que me animaron y apoyaron. Pedí alguna opinión porque me resultaba difícil seleccionar los textos. Pero he tenido libertad para elegirlo y poner el orden».

En lo que se refiere a qué le aporta la escritura en su vida, Juan Manuel afirma que lo que más le llena es sentirse comprendido: «Es una forma de expresarme que dice cosas de mí que ni yo mismo soy capaz de decir. Cuando era más pequeño y empecé a tener inquietud por la lectura y la escritura me sentía incomprendido en el ambiente que me rodeaba. A lo mejor, si no hubiera conocido a estas personas del grupo Capitel no hubiese exteriorizado todo».

Un juego. Bravo considera la escritura como una especie de juego: «Me divierto muchísimo al escribir un relato porque casi siempre lo primero que se me ocurre es la primera frase y el final. Entonces, para mí es como una especie de juego en el que trato de rellenar el centro y crear el entorno de las situaciones».

Por otra parte, Bravo lamenta que las editoriales tengan tanto en cuenta el tirón comercial, y los libros de personajes tipo Belén Esteban. Aunque reconoce que «es algo ligado a temas económicos que son inevitables».

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