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Opinión
Titiriteros y bienpensantes

09/02/2016.

Nosotros, los "titiriteros", hacemos arte; quienes hacen arte son artistas; quienes son artistas lo son, fundamentalmente, en virtud de la libertad de expresión; luego encarcelar a un artista implica encarcelar la libertad de expresión. texto: Antonio Caparros Vida

Quienes encarcelan la libertad de expresión o son dictadores represores o actúan como tales. Esta transitividad argumental viene a cuento porque no es nuevo este asunto. Un icono víctima de tirios y troyanos hasta su destrucción física y mental: el marqués de Sade; el célebre filósofo francés eliminado por los "bienpensantes" (quienes leían sus obras con avidez), por los partidarios de una moral pública estadísticamente en la media que sólo admitían las "aberraciones" morales, especialmente las relacionadas con el sexo, en el ámbito de la privacidad y no en el público. Y no hablemos del atentado contra Charlie Hebdo, semanario satírico francés. Ante el público no hay por qué colocarse la máscara que ordena el que manda, el amo.
¿Quién juzga al titiritero?, ¿quién nos juzga? El público, nuestro público. Su ausencia o presencia debería ser el el único criterio. El origen del teatro, el escenario, el espacio escénico es o debería ser un espacio sagrado en donde sólo puede hablar el hombre libre en el sentido absoluto de la palabra. Y que sea el público quien rechace o acepte nuestras obras, nuestros productos; es él quien compra o no lo que hacemos. Uno de nuestros patronos Dioniso ("dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis, y un personaje importante de la mitología griega, como hijo del dios principal Zeus. Es el dios patrón de la agricultura y el teatro. También es conocido como el ‘Libertador’ (Eleuterio), liberando a uno de su ser normal, mediante la locura, el éxtasis o el vino (...)".
No encarcelemos a los artistas. Vivimos en un país extraordinariamente cruel en muchos aspectos en donde se echa a la calle a familias enteras o se deja sin futuro a millones de hombres y mujeres por la codicia de los amos, de quienes nos dominan. Vayamos a lo importante, a lo medular, dejaos de hipocresías y respetadnos cuando estamos sobre un escenario, porque son los dioses quienes hablan por nuestras bocas.
El firmante de este artículo, titiritero también, actúa como "Viejo Patricio" en la obra de Albert Camus "Calígula". Jueces: si queréis ver las auténticas barbaridades que hacen los de arriba con los de abajo; los gestores del poder con sus súbditos a lo largo de la historia acudid a esa obra protagonizada por un auténtico "terrorista"; tan parecido a los actuales, por cierto, y con quienes tantos y tantos colaboran para que nada cambie.Y si parece demasiado serio este autor, Camus, recomiendo a otro “titiritero”: Dario Fo y su obra “Muerte accidental de un anarquista”. No tiene desperdicio

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