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Opinión
EL BUCHÓMETRO

17/02/2016.

Leo en información.com lo siguiente: «El pensador y escritor vasco Fernando Savater dijo hoy (8/02/2016) que lo ocurrido en Madrid con la compañía »Títeres desde abajo» es un anticipo de lo que puede   pasar en España con la cultura y la educación el día que las cosas  estén regidas por alguien parecido a Pablo Iglesias». Texto. ANTONIO CAPARROS VIDA

Por otra parte, leo en el muro de Facebook de mi estimado Alberto
González (el actor que encarna al “hombre del sombrero” en la
película “La isla mínima”), a modo de respuesta a mi admirado
Fernando Savater:
“Si esto es verdad, qué mal envejecen algunos y van...
Imprecación laica: dioses, que no existís, no permitáis que este
humilde mortal librepensador, tome camino hacia lo rígido, lo inflexible,
lo dogmático, antes bien permitidle la flexibilidad del junco del río, que
a la menor brisa, permite la inclinación y el movimiento, aun en su
fijeza”.
Me ha llamado la atención, en la contestación de Alberto, algunos de
los calificativos y expresiones utilizadas en clave crítica hacia el
pensador vasco, a saber: “rígido”, “inflexible”, “dogmático”, “junco del
río”…
El caso es que creo tener una hipótesis explicativa de estos
fenómenos de giro hacia posiciones conservadoras que pudiera
explicar el porqué de estos sorprendentes posicionamientos en
personalidades tan extraordinarias como la de Fernando o, por
ejemplo, Felipe González. Verán ustedes: desde hace tiempo tengo la
intuición de que el grado de conservadurismo de un individuo es
directamente proporcional a su edad y a la curva de su panza, de su
buche, de lo que se llama eufemísticamente “curva de la felicidad”. Por
cierto, ya le encargué a un compañero de matemáticas que elaborase
algún tipo de fórmula logarítmica para que, aplicada a un instrumento
(que podríamos muy bien llamar “buchómetro”), pudiésemos
determinar, en una escala, el grado de desviación de un fulano o
fulana en el terreno de las ideologías políticas. Bien es verdad que va
a resultar complicado elevarla a teoría por las excepciones a todas
luces evidente: Aznar por ejemplo con sus años y su musculado
vientre, resultado de varios miles de abdominales diarios. En este
sentido el falangismo, nazismo y fascismo, con su culto griego al
cuerpo, me despistan ciertamente. Bien considerado, también existen
otras dignas excepciones.

 

  • Mi aparato-instrumento de medida podría consistir en una varilla de
    unos dos metros aproximadamente (metálica o no) modulada de
    manera que un metro sea recta y el otro semicircular. Así, aplicada
    verticalmente al vientre de alguien, y en función de su acoplamiento o
    no, marcaría un número según escala aún por definir. No sé si me
    estoy explicando. Así, si medimos el vientre de un tipo “Sancho” de
    cincuenta años nos dará una medida de conservadurismo bien distinta
    a si se lo medimos a un tipo de la misma edad pero tipo “Quijote”.
    El fundamento teórico de mi idea reside en que un individuo de buche
    sumamente abultado prefiere que nada se mueva a su alrededor, que
    todo se “conserve” tal cual está, porque los cambios que pudieran
    producirse (pensemos en una revolución por ejemplo), le impedirían
    reaccionar en virtud de sus obvios límites motrices a la hora de dar
    una respuesta activa a favor de las supuestas agitaciones a su
    alrededor o, por el contrario, para atarse los cordones de los zapatos y
    salir corriendo. Es decir, sus limitaciones físicas tendrían una versión
    ideológica, una manera de ver la realidad. Y no quiero ni pensar si,
    además, sufre continuamente de acidez de estómago. No sé si me
    explico.
    El caso es que, observando empíricamente la edad y el buche del
    citado Felipe González y sus últimas opiniones públicas por poner otro
    caso reciente, veo que se confirma mi planteamiento. Es lo que parece
    sucederle también a mi admirado Savater a propósito del elástico y
    delgado Pablo Iglesia y de los canijeras titiriteros que han provocado
    su reacción mental de origen más bien físico o fisiológico.
    Para terminar, y en el terreno de las demostraciones empíricas, decir
    que mi buche de cincuenta y ocho años, cada vez que se abulta por
    sedentarismo o dejadez en el tiempo provoca en mí cierto amor por la
    monarquía y cierta compasión caritativa por nuestros “compatriotas”
    encarcelados por corrupción. Entonces, inmediatamente, me pongo a
    dieta y echo mano de mi bicicleta… Y vuelvo a pensar con cierta
    normalidad, si bien es verdad que me amenaza de manera
    permanente… Mi alma concupiscente no cesa a la hora de jugármela;
    Parménides y Platón siempre intentando golpear a Heráclito a lo largo
    de la historia del pensamiento occidental. ¡Ay!
    Antonio Caparrós Vida
    (Profesor de filosofía, actor y director de teatro
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