Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
U N 2 3 - F

22/02/2016.

Un 23 de febrero de hace mucho, de hace no tanto, de 1.981 como para haberlo olvidado, en plena transición, de la que tan agradecidos debemos estar, ¿per sécula?, donde huyendo de la barbarie institucionalizada, la tiranía, por cierto aún no condenada oficialmente, tratábamos de reencontrarnos con el tiempo de la libertad, la democracia, a costa, desde la izquierda, de ceder tanto y un poco más, mientras desde la caverna de la derecha se cedía lo justo como para que se diese el cambiazo y la convivencia encontrase su respuesta, ciudadana desde luego, pacífica. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Incluso contra la sinrazón del asesinato desestabilizador de los salvapatrias nacionalistas, con la voluntad invencible de salir de los años de incuria y fanatismo que se avalaba en nombre de la cruz y la espada, en nombre de la razón de la fuerza y el miedo por la fuerza, siempre en nombre del “ordeno y mando”, siempre a las órdenes de las “fuerzas vivas” que pavoneaban su “corteza de miras y su corazón cainita y mezquino”.

                                                           Un 23 de febrero de 1.981, pillándome descuidado, desagradablemente sorprendido, siendo yo un joven asomado a la adultez entusiasta, comprometida y responsable, como tantos y tantos, millones de compatriotas, mientras el espectáculo grotesco y miserable de unos títeres, uniformados y armados, que pretendían golpear al Estado, que pretendían subvertir el orden, en nombre de “su orden”, en nombre de “sus amos y señores”, en nombre de sus fantasmagorías ridículas y furibundas, plenos ejemplares de los que “embisten más que razonan”, fieles vasallos, mamporreros, capataces del “gran poder” . . . que necesitaba avisar del peligro que podría atenazarnos a todos si . . . nos pasábamos de la raya.

                                                           Y en un espectáculo esperpéntico, al grito de “¡Al suelo todo el mundo!”,  botarate con tricornio amenazante, hombre de honor según sus fieles, a día de hoy, reunidos tras sus “honores” insalvados como rufianes a los que todavía se les reconoce no sé qué clase de mal entendido patriotismo, ¡en mala hora!, de no sé que putrefacta honra, cuando solo supieron amenazar y extorsionar, empeñados de “no salvarnos”, empecinados en volvernos a “las cavernas” de las que solo eran sus cancerberos.

                                                           Y siquiera por no olvidar el bodrio que nos atemorizó a todos, que pretendió amilanarnos para que siguiéramos al servicio burdo y servil de nuestros amos, incluso y sobretodo de sus amos, tal vez porque ellos ya habían aceptado el servilismo de quienes con su uniforme llegaron a creerse “capataces” de nada y de todo, por su innegable servicio a la crueldad “oficializada”, para ¡su deshonor absoluto de por vida!.

                                              

                                                           Madrid    febrero – 2.016

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