Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
M A C H I S M O V I I

03/03/2016.

Cuando los roles se imponen sobre la igualdad soñada. Cuando los estereotipos se hacen con el mando en el tratamiento del machismo . . . vigente, perturbador, atribulad o y, a la postre, injusto. Como si se tratara de un «calabobos» impenitente, hasta lograr que la diferencia se admita con naturalidad, desigual, desequilibrada, hasta lograr que la supremacía se instaurara sobre la inferioridad, con naturalidad, por supuesto. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Como para se pueda distinguir el aserto a partir de un par de ejemplos muy significativos.

                       Y así se admite que los machos acudan a “las cocinas” como si fueran colegas, en plan amiguetes, con la prestancia una copa en la mano, con asunción de ignorancia supina, muy orgullosa, en toda labor que haya de desarrollarse en una “cocina de hogar”, porque no es un lugar natural, no es su hábitat cotidiano, porque ellos son los machos y se gastan bromas, y hacen como que van a cocinar, aunque lo pongan todo perdido, contándose anécdotas, historias e historietas, siempre como si se tratara de “algo extraordinario”, como algo poco usual, porque los machos no tienen obligaciones caseras concretas y diarias, ¡faltaría!, y solo se reúnen en la cocina para enredar chascarrillos y pasar un buen rato.

                       E incluso se televisan los encuentros masculinos, en las cocinas acogedoras, para dejar bien “claro y alto” que casi, casi no se sabe poco más allá de “freír un par de huevos” . . . y mal, tomándose a chacota la declaración macha de principios sobrevolando la prevalencia soberbia de los machos alfas, copa en ristre . . . que por supuesto no se habrán de tomar en serio eso de “cocinar” a diario, sujetándose a un presupuesto escaso, para la familia, comprometidos a dejarlo todo . . . como estaba.

                                   Y en otro orden, hace pocos días, a todo color y glamour desplegado, se han celebrado en Madrid los desfiles de moda femenina, naturalmente, sobre la pasarela Cibeles.

                                   En un espectáculo de femenino despliegue, de moda impostada e inducida, con las modelos, efigies entecas de extrema impasibilidad, con el ceño fruncido, algo así como si el astringencia apretara las magras carnes de las elegidas . . . en pasear tules y tejidos imaginativos, en cortes y patrones que trasluzcan ¿las interioridades? de las hembras modeladas de “perfectas medidas homologadas”, a paso firme de yeguas en exhibición, enseñando culitos púberes y tetitas semiesféricas,  en perfecta armonía con la música de fondo.

                                   Todo un espectáculo, por lo tanto, de rasgos muy femeninos, muy atractivas y seductoras desde la estúpida mirada de las modelos que se hacen las interesantes, dejándose mirar, en una indicación publicitada de que esa “ha de ser la actitud”, al servicio de los mejores y más ricos postores, natural, esclavas de sus aspectos, las modelos, no dejándose nada al albur, todo absolutamente cuidado para que el resultado sea pluscuamperfecto.

                                   Definiéndose pues y muy claro los roles de cada género, para que no haya confusión, en un alarde de “matonismo macho”  que se presenta ¿inofensivo?, frente a la dedicación exclusiva y obsesiva de la hembra en candelero a mostrarse extraordinariamente bella, ¡faltaría más! . . . si quieren ser algo, ¿visibles?, en un mundo de cuerpos súper tratados . . . según los cánones esclavizadotes y . .  .¡chitón! que el desfile no puede detenerse . . .

                       Madrid     febrero – 2.016

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