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«ER FURBO», ¿E ANSÍ?

04/03/2016.

«A la memoria de Rafa Iriondo, recién fallecido a los 97 años, extremo derecho inolvidable, siete titular en la mítica delantera del Athlétic de Bilbao, en los años cuarenta y cincuenta, junto al resto Panizo, Zarra, Venancio y Gainza». Yo iba a verle con mi padre al campo del Garellano, cuando ya, mayor, a punto de retirarse, jugaba en el modesto Indauchu de segunda . . . porque no quería dejar de jugar al fútbol. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

“Si todos jugaran a  mi nivel seríamos los primeros”. C. Ronaldo, grandísimo jugador del equipo merengue madrileño, declarando su espíritu ganador y ¿haciendo equipo?.

                  “El fútbol es ganar y ganar y ganar y ganar y ganar y ganar . . . y ganar y ganar y ganar y ganar y ganar . . .”. Luis, “el sabio”, inmortal ocho del equipo colchonero madrileño en plena declaración de principios cuando era entrenador.

 

                  En  el colegio trataban de repetirnos aquello de que “lo importante era participar”. Y nosotros corríamos y corríamos tras el pelotón de cuero, de “reglamento”. Y participábamos en campeonatos infantiles, ganando a veces, perdiendo otras muchas más, por goleadas indescriptibles, abrumadoras, sin desmayar en el intento, siquiera, por llegar a marcar el “gol del honor”. Y entonces corríamos a abrazarnos enfervorizados por tanta pasión incontenible, porque habíamos logrado . . . la razón del fútbol, marcar un gol aunque hubiera sido trastabillando y con un rodillazo, como de chiripa..

                  Con nuestras camisillas de equipación uniforme, las que el fraile había repartido el viernes, tan felices con nuestras camisolas dobladitas y algo descoloridas, puestas con orgullo el día del partido, aunque a unos no les llegara a tapar el ombligo y a otros les alcanzara abajo de las rodillas.

                  Completada pues la equipación con nuestros zapatones “gorila” y las medias  de rombos que, a la primera carrera, se plegaban sobre los tobillos, prestos al juego más voluntarioso que técnico, sin que muchos de nuestros padres vinieran a vernos. Al cabo era un juego de niños, entre niños, que nos lo tomábamos muy en serio . . .  por no desfallecer, siempre de cara a la portería contraria, aunque nos fueran cayendo goles y más goles. Y qué más daba si éramos tan felices y regresábamos a casa exultantes, con nuestras rodillitas, palmas de las manos y codos magullados, “raspaos”, porque habíamos jugado en campos duros de tierra, carbonilla y guijos puntiagudos.

                  Y terminaba la jornada futbolera en el balde medio lleno de agua caliente, en el que yo de pie aguantaba sin rechistar mucho las refriegas de mi madre, estropajo de esparto en mano, dale que dale a las rodillas, los tobillos, los muslos . . . hasta dejar la piel en carne viva sin una mácula de suciedad, lavada la camiseta y doblada para poder ser entregada el lunes en perfecto estado de revista.  

                  Y nosotros recuperando fuerzas, devorada la merienda, pan con chocolate, repasando los cromos de nuestros héroes del balompié, haciendo la tarea, para luego poder pegar los cromos en el álbum con el pegamento artesanal amasando un poco de harina y agua.

                 

                  Los sábados y los domingos la radio retransmite partidos de fútbol, uno detrás de otro, desde las tres y media de la tarde hasta las doce, la una . . .de la madrugada. Y el espectáculo no puede acabar . . . y se reinicia los lunes y los martes y los miércoles y los jueves y los viernes y . . . volverá a regresar el fin de semana . . . ¿sin haber echado en falta el fútbol?

                  Y los grandes equipos solo pueden aspirar a la victoria, una detrás de otra, sobre el vértigo del éxito exigido. . . desde su propia existencia como clubes de prestigio y renombre, victoria tras victoria, sin posibilidad de admitir el fracaso, la derrota, porque “er furbo” no debe contemplar la derrota, porque el “respetable, la grada, los seguidores . . .” solo quieren ganar y ganar y ganar y ganar . . . solo existe esa posibilidad, y cuando el “gran equipo” pierde . . . “la hecatombe” se abre paso y se hace “urgente” la renovación del equipo, y los jugadores habrán caído en la deshonra y ya “corre prisa” buscar ¿nuevas estrellas? Que devuelvan la gloria, la victoria . . . ¡al equipo campeón!, porque el equipo campeón solo puede ganar y ganar y ganar y ganar . . . cada lunes, cada martes . . . cada miércoles, cada jueves, cada viernes, cada sábado, cada domingo . . . y vuelta a empezar.  

                  Y ahora “er furbo ¿e ansí?”.

                  Y yo recuerdo a mis héroes, futbolistas, que eran “como de casa”, con sus nombres inolvidables en la memoria de cuando yo era niño y manoseaba mis cromos dentro de mis bolsillos.

 

                  “Iríbar solo ganó dos copas y sin embargo es considerado uno de los mejores porteros de la historia del fútbol”.

 

                  Torre del Mar    febrero – 2.016

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