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Opinión
LOS CUATRO JINETES . . .

18/03/2016.

Escribir poesía después de provocar el sufrimiento, el sollozo, el miedo . . . de un niño probablemente es un acto de barbarie . . . Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Los cuatro jinetes del Apocalipsis: “el caballo blanco”, el caballo del poder y la victoria, insaciables, insensibles, por la hegemonía de los hombres sobre los hombres, por la preeminencia de la hiel de los poderosos contra el corazón de los sometidos, contra sus convecinos, amigos y enemigos, al galope sobre el caballo blanco de “la victoria”, sin clemencia, sin límite, del poder por el poder, de la opresión y la explotación, de la desigualdad sin corazón de los de arriba sobre los de abajo . . . ; “el caballo rojo”, el caballo de la guerra, por la devastación necesaria, por las “armas inteligentes” que aciertan y destripan niños, adultos y ancianos, revientan edificios, puentes y carreteras, y crean destrucción, al galope tendido del caballo rojo . . . de la guerra . . . hasta la aniquilación de todo rastro de vida; “el caballo negro”, el caballo negro del hambre, por la desolación imprescindible y necesaria, lenta, espantosa, por el hambre que va humillando y sometiendo, por el hambre que destruye toda dignidad, por la hambruna que bendice la desigualdad que encumbra a unos pocos y hunde a la mayoría. . . sorteando el pan que prolongará . . . la agonía de los condenadas a sucumbir de hambre. . .por la caridad hasta la injusticia sostenible; y “el caballo bayo” de la muerte, inaplazable, y “le fue dado potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra”, en la máxima expresión del horror inimaginable, inconcebible y letal . . . sin un ápice de piedad, desde las carlingas con calefacción, desde las pantallas de los ordenadores, apuntando sin ver, sin oler, sin escuchar . . .las lágrimas, la sangre, los gritos, mientras los niños tiritan y se hacen pis de puro desamparo . . .

Los cuatro jinetes del Apocalipsis que tan bien supo describir, hace cien años, nuestro paisano, el corresponsal de guerra y novelista genial, Vicente Blasco Ibáñez con su novela “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” . . .ante el horror, la destrucción, el odio y la capacidad de provocar sufrimiento durante la “primera guerra mundial”, para prevenir a . . . generaciones venideras, desde la maldad con rostro humano.

Hasta llegar al primer cuarto del siglo XXI . . . .

 

“Los refugiados de Idomei sufren el rebrote de enfermedades de la Iª guerra mundial”.

“La situación en el campamento improvisado de Idomei, en la frontera de Grecia y Macedonia, es “insostenible por inhumana”.

“Los médicos están empezando a tratar el síndrome del “pie de trinchera”, el mismo que sufrieron muchos soldados en las trincheras de los frentes de combate entre 1.914 y 1.918 . cuando los refugiados pasan varios días con los pies hundidos en barro aparecen infecciones, gangrenas y, llegado el casp, la única solución es la amputación de dedos o del pie”.

 

Recordando las palabras del filósofo alemán Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, uno comienza a temerlo, . . .después de tanto odio, tanta insolidaridad, tanta inhumanidad, del hombre contra el hombre.

Aunque un halo de esperanza se atisbe precisamente entre los más pobres, entre los más humildes . . . cuando un lee que los griegos, el gobierno griego, un pueblo, una nación esquilmada, devastada, colonizada, esclavizada como Grecia, como los griegos . . .que está tratando de ubicar a los miles de refugiados que pululan por su territorio en campamentos dignos de acogida, sin hacer ás cálculos que los propios de ¿la condición humana?.

Y uno entonces recuerda que en su país, España, solo se han acogido 18, y hoy los referentes éticos ¿? de nuestra sociedad permanecen en silencio, ¡malditos sean!, hoy mismo, desde sus púlpitos, sus estrados, sus escaños, sus micrófonos . . . desde sus casullas de insensibilidad absoluta, desde sus togas rendidas a orden establecido e injusto, desde sus varas de mando rendidas al egoísmo paralizante, cruel e inhumano . . . mientras un año más: “el Cristo por desenclavar volverá a negarse ser desenclavado”. . . y “dios quedará avergonzado” . . . llevado en procesión al son de trompetas, cornetas, capirotes, oros y bordados, fragancias de flores que lloran a muertos desamparados en los confines de la exclusión inhumana.

 

¡Cabalgando los cuatro jinetes del Apocalipsis!

 

Torre del Mar marzo – 2.016

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