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OTROS TIEMPOS, OTRAS COSTUMBRES, OTROS DEPORTES

18/03/2016.

Ahora le llaman «running» a eso que se ha llamado toda la vida «correr que te las pelas», o correr por correr, o correr para gastar energía y apaciguar nervios. Y uno ya no sabe muy bien por qué siempre hay que extranjerizar nuestro idioma para denominar lo que seríamos capaces de entender acudiendo a nuestro «modo de decir». Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Pero en fin, “a tiempos modernos, costumbres y usos nuevos ”, aunque sea para peor como nos lo interpretó el genial Charlot en su inolvidable “Tiempos modernos”.

Me comentó alguna vez mi madre que tuvo un pretendiente que era “carrerista pedestre”, pero que lo dejó porque se pasaba mucho tiempo entrenando y además la mayoría de los domingos tenía competición “campo a través”.

Recuerdo que siendo yo mozo corría por esos campos un palentino que practicaba el “cross”, un tal Mariano Haro, hecho como de pedernal, tallado más que pulido, habiéndose iniciado en la práctica de ese deporte yendo y viniendo, de su pueblo a la capital, Palencia, dieciséis kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, para hacer los “mandaos”, sin darle mayor importancia. Y así hasta lograr 27 veces ganar el campeonato de cross de España. Corría fondo y medio fondo y ganó muy poco dinero porque en aquella época estos corredores eran “aficionados”. Pronto cayó en el olvido un héroe de carne y hueso, capaz de sufrir hast lo insoportable por llegar a la meta . . . corriendo. Bendita su memoria.

Acabo de leer últimamente que las actuales zapatillas “deportivas”, las más caras no son las más adecuadas para correr con ellas. ¡Tiempos modernos!.

También en eso tiempos medio heroicos, cuando la televisión comenzaba a retransmitirnos ciertos acaeceres deportivos, recuerdo otra práctica de esa índole, aunque pareciese muy rudimentaria, poco glamurosa, cuando aún esa palabra no formaba parte de nuestro vocabulario común, y me refiero ahora al “ciclo cross” que concitaba nuestra atención algunas mañanas de domingo, preferentemente en invierno, para poder contemplar los esfuerzos titánicos de sus practicantes, ciclistas de segunda, de anchas dimensiones, muslos abundantes y fijación para no desmayar, sube y baja, por terrenos abruptos, normalmente cubiertos de barro hasta los ojos, irregulares, arenosos, pedregosos, barrizales, tramos de asfalto con baches, . . . impracticables al cabo. Recuerdo a un tal Yurrebaso, campeón de aquél tiempo, practicando el ciclo cross, una actividad con poca fragancia y de vistosa presencia, bregando por llegar a la meta antes que el resto, en un sinfín de vueltas al circuito infernal. Mientras quedábamos extasiados ante tanto despliegue de fuerza y habilidad, sin resonancia excesiva, por cierto, en un colosal esfuerzo por no bajarse de la bicicleta.

Ahora que ya se está iniciando la temporada ciclista del año en curso, con las máquinas, superbicis, sobre las que pedalear y que brillan sofisticadas, modernizadas, aligeradas y plenas de potencia a poco que se encuentre a los fogosos “esforzados de la ruta” para pedalear, a “golpe de riñón”, en pelotón, a rebufo, destacados, al dictado del pinganillo . . .

Mientras uno recuerda sus chapas favoritas, con el rostro, recortado del cromo, del campeón elegido, sujeto al fondo de la chapa con jabón lagarto, como si fuera “pasta brisa”, para hacerlas competir en circuitos pintados con tiza, serpenteando, a golpe de dedo, con pericia y decisión, “de veras”, jugándonos las chapas en cada envite, en cada carrera.

Mientras acudíamos a los diarios, a las “crónicas” que magistralmente nos tenían atentos a “la serpiente multicolor” que recorría las carreteras empinadas de España, Italia y Francia, en ese orden, pendientes de las hazañas de los campeones, con su viseras originales y sus cascos de goma para esprintar, tras las batallas en las cumbres, hombre contra hombre, con nuestros compatriotas, bravos y quijotescos, como un tal López Carril que siempre lo intentaba muy lejos de la meta hasta vaciarse en el último tramo.

Mientras uno tenía debilidad por Poulidor, el eterno segundo, y se emocionaba con la mala suerte y la victoria del 73, en París, bajo el Arco de Triunfo, de nuestro taciturno compatriota Luis Ocaña.

Mientras Perurena arrasaba en los finales de etapa en llano, al menos en casa, en España, y reinaba Eddy Mercks, elegante e insaciable en cualquier carrera en la que participaba, con el grandísimo “caimán”, implacable y voraz, el francés Bernard Hinault . . . con el “tarangu”, todo exceso, Fuente, escalando los puertos imposibles en Italia . . . mientras nuestra afición crecía junto a la admiración de estos grandísimos campeones del pedal y la ruta asfaltada.

En tanto nosotros, en nuestro pueblo, nos conformábamos con “una clásica” anual, por las fiestas, cuando se montaba un circuito urbano por las calles principales de, escasamente, cinco kilómetros, a donde acudíamos a ver el esfuerzo y las eliminaciones por mangas a los “aficionados carreristas” apuntados al esfuerzo aplicado sobre el manillar curvo.

Y formaron parte de nuestra adolescencia alborotada ante los humildes campeones del arte de correr, por el placer de llegar a cruzar la meta dentro del tiempo.

Hasta hoy en día, cuando la campeonísima Sharapova, tenista en la élite, ha confesado su ingesta continuada de un producto que supondría haberse dopado. La misma tenista que obtuvo el pasado años cerca de 25 millones de euros de ingresos, de los cuales solo 6 procedían de su práctica deportiva y el resto de la publicidad.

Mientras uno recuerda a Coppi, el inigualable escalador italiano, confesando que sí, que efectivamente, él tomaba “anfetaminas” siempre que las necesitaba. Y todo por muy poco dinero y mucha . .. gloria, todo en los tiempos heroicos del deporte que tanto nos emocionó . . . cuando sólo éramos unos niños.

 

  Torre del Mar marzo – 2.016

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