Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
L O S G E S T O S

21/03/2016.

Los gestos que vayan a redimirnos, en tiempos de dolor y penitencia, pasión y contrición, fe a espuertas y en desfile muy solemne a la vista de la resurrección de la carne de quien fue y proclamado hijo de dios. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Con el alma aterida y el corazón compungid, en sainete sacro, muy en serio, las lágrimas a flor de piel ante la nubada que trate de impedir la piadosa . . . representación.

Con gestos que pretenderán redimirnos, desde la asunción e nuestra humanidad, siquiera de tiempo en tiempo, de año en año. Gestos teatralizados para que el efecto santifique a la parroquia y ensalce al oficiante, por la fe indispensable, predicada para el carbonero desde los púlpitos que repartirán indulgencias, perdones y excomuniones . . . después de todopoderoso.

Los gestos puntuales e impactantes, en el tiempo de la imagen, para la redención del reo seleccionado, católico por supuesto, perdonado por la gracia de la cofradía de turno, para mayor honor y gloria, del hijo de dios sobre las andas que bailan sobre el mar de devoción, pura y solemne devoción del rito por el rito, el espectáculo por el espectáculo, la cadencia por la cadencia de las imágenes sobre el fervor popular y el reo tras el “trono” contrito y agradecido, desde luego.

Hasta llegar al gesto cumbre de la “humildad” señalada, jaleada y reconocida, con el purpurado y sus sayales arrodillado ante los pies de los pobres para enjuagarlos con delicadeza, se supone, ¿por ser pobres, para que dejen de ser pobres, porque se merecen una atención especial de la cúpula eclesiástica . . . ? los pies, ¿lavados de antemanos?, ¿sucios con antigüedad y alevosía?, para ir luego a dormir, los pobres y pordioseros . . . ¿adónde?, ¿al portal de a diario, en el banco del parque, junto al cajero automático, al resguardo del relente?, mientras se escenifica el gesto singular del príncipe de la iglesia lavándole los “pinreles” al desarrapado . . .

Y así en un despliegue de gestos emocionantes, frente a la normalidad sometida a la costumbre y a los usos, todo en perfecto estado de revista, a la anuencia de las “fuerzas vivas”, adocenada la fe, acomodada la moral, por la resignación y la sumisión, al redoble de los tambores y cornetas que enervarán los espíritus . . . al servicio de “la verdad revelada” sui géneris de los intérpretes áulicos y escogidos . . . por la gracia de “su dios verdadero”.

Frente a los gestos singulares, magistrales, sabiendo muy bien que la caridad empieza por la aceptación de la desigualdad, cuando es urgente descargarse la conciencia . . . haciendo el bien . . . aunque sea sin pasarse.

Torre del Mar marzo – 2.016

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