Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
Pobre El Palo

23/03/2016.

Pobre El Palo. Con sus playas, sus espetos, su sabor a pueblo porque es como un pueblo y tú no eres de ese pueblo aunque vivas allí si no te anteceden cuatro generaciones, con mi adolescencia y mi juventud y mi familia y mis amigos y sus asociaciones y su gente y la fuerza de su muchachada con ropa ajustada de anchos bolsillos para que quepan navajas de hoja plateada como las sardinas que se malvenden espetadas a dos euros.

Pablo Aranda

Pablo Aranda

En El Palo hay mucha buena gente y también hay un campo de fútbol que da miedo. Hay buena gente en el club de fútbol pero cuando otro equipo ha de jugar allí dicen uf, El Palo, porque hay de todo pero son frecuentes las amenazas y las peleas, que son frecuentes en el fútbol en general, catalizador de tanto papá y mamá frustrados y con un niño que es Messi y un árbitro adolescente que es un hijo de la grandísima puta y perdonen la palabrería pero la digo y así se ahorran comprobarlo en el campo de fútbol (no sólo en el de El Palo, por supuesto, aunque pregunten por ahí y comprueben la triste fama: pobre El Palo). El domingo ganaron un partido crucial, un partido del siglo (de esos que hay unos cuantos cada mes), y al terminar el partido los campeones gritaban en corro campeones campeones y saltaron espectadores a la arena de césped artificial y, mientras un valiente jugador de El Palo agarraba a un delantero del Alhaurín, un grupo de espectadores le daba puñetazos, cadenazos y dos puñaladas que iban a matar. Al segundo entrenador de El Palo, intentar proteger al jugador del Alhaurín le costó nueve puntos de sutura de una cuchillada en la pierna. Este heroico segundo entrenador es policía nacional, como policía nacional -no tan heroico- era el jugador del Mislata que golpeó en Valencia a un árbitro de diecisiete y le reventó el bazo.

Hoy se reúne el Comité de Competición y se espera que se cierre el campo de El Palo para los partidos de ese equipo. El presidente del Alhaurín ha exculpado a la afición de El Palo, y el presidente de este club confiesa sentirse incapaz de controlar a los radicales de las gradas. "He echado a mucha gente, pero siguen saliendo, siguen saliendo y siguen saliendo", afirma: no es solo cosa de un loco. Se da la circunstancia de que los dos sospechosos de la agresión son jugadores. No sé si hay solución. Algunos piden que los partidos se jueguen sin padres, pero qué culpa tienen los padres civilizados. No sé por qué tantos clubes protegen a sus aficionados y jugadores violentos, por qué no les impiden la entrada y, si no lo consiguen, impiden que sus hijos jueguen y tal vez entiendan el daño que producen, como lo entenderán si son los causantes de que su equipo pierda o quede descalificado. Nuestro carácter civilizado está cogido con pinzas. El viento del fútbol hace volar las pinzas. Si no puede impedirse, habrá que cerrar el fútbol. Que ganen los violentos. No son pocos. Pobre fútbol.

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