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Opinión
NIÑOS, SOLO NIÑOS

02/04/2016.

Y solo son niños que se convierten en tiranuelos involuntarios, tan bellos y caprichosos, los retoñitos creciendo sin apreturas ni traumas, haciendo de sus «capitas unos sayitos» a su antojo. Estaba yo ayer leyendo en una terraza tranquilamente el diario, aunque de reojo observaba el panorama dominguero, entre alterado y vocinglero. Fuente. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Casi sin querer o queriendo me fijé en la mesa de al lado donde un par de matrimonios jóvenes trataban de pasar la tarde ¿charlando?, no estoy seguro, ¿disimulando que estaban juntos?, con una preciosa “bebita” revoloteando entre los adultos, con sus juguetes, convertida en objeto de atención exclusiva de su mamá joven, mientras los dos hombres del grupo se atareaban sobre sus móviles y la otra mujer . . .sonreía y alelaba la duda de no saber a qué atenerse.

En un momento la mamá se levantó para ir al servicio . . . La niña ante la silla vacía descubrió un nuevo reto, y se dispuso a afrontarlo, con mucho esfuerzo infantil, aupándose a la silla que después de todo . . . no estaba tan inaccesible.

Y allí, una vez arriba, se repantigó la pequeña, feliz, protagonista de sus pequeñas conquistas.

Cuando regresó la madre y pretendió naturalmente volver a sentarse . . . y así se lo indicó a la niña, a su hija encantada de haber ocupado la silla de su mamá que se quedó . . . ¡sin asiento!, porque la niña dijo que ni hablar y que ni pensaba eso de dejar a su madre sentarse, porque ahora mismo era ella la que disfrutaba de la silla y que, por lo tanto que “se fuera buscando la vida . . .”.

La madre, algo mohína, algo frustrada, sin ni siquiera insistir un poco, por si la pudiera llegar a convencer, ni ofreciendo sentarla sobre sus rodillas, por lo que el caso es que la joven mamá se quedó, compuesta o descompuesta, de pie, sin que nadie en la reunión interviniera. Bastante tenían los unos con sus “aparaticos” de última tecnología y la otra con su sonrisa panoli sin saber qué decir o cómo comportarse, hasta que la madre, al fin, decidió buscar otra silla vacía y sentarse . . . mientras y hasta que la niña decidió que ya se había entretenido bastante y que ya le apetecía . . . bajarse.

Y para entonces yo ya me había despistado qué y dónde estaba leyendo en el diario.

Y es que “los niños son sólo niños”.

 

     Torre del Mar marzo – 2.016

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