Asociación de Vecinos de El Palo

El Copo Digital Actualidad

Opinión
SOBRE LOS TOROS . . .

10/04/2016.

Esos animales guardados en una reserva zootécnica, tan seleccionados que saben embestir sin enmendarse, de carril, sin resentir su bravura domesticada, por el arte y la ciencia de la selección artificial, por mucho que se ponga encima de la mesa, olvidadas las características naturales del uro primitivo». Texto. ANTONIO GARCÍA GOMEZ

Y sobre los festejos y juegos de toros . . . puestos en cuestión ¡mecachis!, con manifestaciones en pro y en contra, en plena efervescencia por el futuro o no de ¿la fiesta nacional?, de ¿la tradición intocable? . . . o ¿muy manoseada? . .. según se trate de un negocio o no.

Desde cuando los pastores navarros corrían laderas abajo o arriba a las vacas y novillos de media sangre, entre bravos y listos, mansos y fieros, aprendiendo a sortear sus embestidas sorpresivas, de las tierras altas a los páramos de la meseta, a las vegas del sur.

Hasta que se encuentran las primeras crónicas escritas, allá por el siglo XII, en las que se relatan y detallan los juegos del toro, caballerescos, nobles y audaces, en las celebraciones importantes de villorrios y villas, jugando a alancear los toros para entusiasmo enfervorizado del pueblo que a pie contemplaba los alardes y los lanzazos, con envidia, con ansias de ser protagonistas, siquiera un poco, lejos de los alguacilillos.

Mientras corrían los más osados a sujetar las huidas y las embestidas de los cornúpetas, impredecibles, cortas y sesgadas, con mantazos de poca envergadura buscando los aplausos espontáneos, las propinas generosas a quienes sobresaliesen en las humildes tareas de entretener al ”respetable” de antaño, en las fiestas de su pueblo, en las acciones de gracia por las cosechas recolectadas.

Hasta llegar al “arte de Cúchares” reglamentado y festivo. Con un Pedro Romero imponente y poderoso, con su balance de más 8.000 toros estoqueados sin asomo de heridas en los muslos y vientre del maestro, de cuando el arte consistía precisamente en acabar con la vida de las fieras, al paso, de cualquier modo si hiciera falta, iniciándose en un reglamento que premiara la labor, sobre los pies, burlando al toro que arremetía o se defendía, en terreno hostil, sobre la arena, en los cosos donde, según Guerrita, la verdadera fiera era la que rugía desde los graderíos y exigía mayor arrojo, más peligro, más sangre, de la fiera, del maestro en luces y calzas de seda.

Mientras los “matadores” de toros lograban estocadas al volapié, recibiendo, en un desbarajuste reglado, como héroes castizos, como arrojados matarifes en loor de multitudes, por jugarse la vida al pie del albero manchado de sangre . . . animal, incluso y también de sangre humana.

Hasta llegarse al romanticismo de las leyendas forjadas en los arrabales del lumpen y el matonismo con gracejo y desplantes a la acometidas de los toros embistiendo.

Citando el encuentro con el animal, soñando el requiebro y la templanza, la ovación cerrada, la música floreada y el premio de las orejas, el triunfo y el dinero que . . . prometen.

Encapsulado el arte de correr los toros, de jugar al toro, en las esencias más rancias, incluso soñando que sigue mereciendo la pena . . . jugarse la vida, aunque todo sea de cartón y piedra . . . salvo la sangre derramada en el lomo del animal que sufre, del toro que embiste porque necesita escapar fuera del bullicio que no desea, que le enloquece. . . herido de muerte hasta caer cubierto de gloria o de oprobio y olvido.

 

    Torre del Mar abril – 2.016

2434890 visitas. Asociación de Vecinos y Vecinas de El Palo © 2017. Info. legal
Diseño web AgeO