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Opinión
M A C H I S M O X V

02/05/2016.

El caso se refiere a una mujer, una madre, divorciada, profesora de Secundaria, con una hija que dentro de dos o tres meses cumplirá los dos añitos. Una mujer, una madre encargada y encantada de poder dedicarse, a tiempo completo, a la crianza de su niña que, por cierto, va prosperando en todos los aspectos espléndidamente, feliz, sana, activa e integrada, precisamente en la guardería en la que pasa el horario laboral de su madre Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Por sentencia judicial firme y no recurrida, el padre de la pequeña tiene derecho a pasar con su hija las tardes de los lunes, miércoles y viernes, y los fines de semana alternos, derecho que por cierto ejerce en un porcentaje que apenas supera el 20%.

Obligado a pasar una pensión alimenticia que apenas alcanza los 300 euros mensuales no la satisface puntualmente, mensualmente, valga la redundancia.

En cualquier caso, cuando el padre decide visitar y atender a su hija lo pone en conocimiento de la madre con una muy escasa antelación, apenas de unas pocas horas.

El pasado lunes por la tarde, día de la semana correspondiente para que el padre se hubiera hecho cargo de la niña, la madre recibió convocatoria de claustro en su Instituto.

Cumplidora con sus obligaciones laborales, y sin opción ni posibilidad de dejar a su hija al cargo de nadie, acudió a la sesión de claustro con su pequeño.

Al rato y sin previo aviso, delante de sus compañeros y compañeras, el director del Instituto “expulsó” a esa profesora, a esa mujer, a esa madre, porque los “gorgoritos” de la niña.

En una sala adjunta esa profesora, esa mujer, esa madre aguardó hasta que una compañera pasara a facilitarle la hoja donde debería firmar su asistencia al claustro . . . que acababa de darse por concluido.

En todo caso, el padre seguirá manifestando su amor amantísimo a su retoña, con todo derecho, pues, al cabo, él puso la semillita, ¿o no?.

Y también en cualquier caso, la madre seguirá encantada de poder criar a su hija para poder verla feliz, sana, confiada en quienes bien la habrán de querer y formar, sin generar ninguna predisposición en contra de nadie, ni siquiera, ni mucho menos contra su padre al que naturalmente habrá de querer sin recelo alguno, ¿o no?.

 

      Torre del Mar abril – 2.016

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