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Cultura
La Úbeda más seductora

06/05/2016.

Un bar temático dedicado a Joaquín Sabina y los lugares favoritos de Muñoz Molina. El mejor renacimiento andaluz, la sinagoga descubierta en 2010 y una cuidada gastronomía. Fuente. Diario El Pais

Es la joya del Renacimiento andaluz, el sueño del arquitecto Andrés de Vandelvira, y solo por seguir las huellas de este genio ya vale la pena la escapada a Úbeda. Pero además la ciudad jiennense está en la ruta sefardí, y es el sur al que volver en las canciones del cantautor Joaquín Sabina y la Mágina imaginaria en las novelas de Antonio Muñoz Molina, ambos nacidos aquí. “Úbeda es como un centro de mi imaginación, por eso inventé Mágina, que tiene partes de realidad, pero también es un espacio virtual que sirve para proyectar ficciones”, dice el escritor. En la localidad, de 35.000 habitantes, los juzgados, la comisaría, el conservatorio y muchos edificios públicos se alojan en palacios del Renacimiento de estilo italianizante. Las obras de Vandelvira le valieron al municipio la declaración de patrimonio mundial de la Unesco en 2003 junto con la vecina Baeza.

El Palacio Vázquez de Molina, de Andrés de Vandelvira, hoy Ayuntamiento de Úbeda. / Alfredo Arias

Para entender la magia de la ciudad (ubedaybaezaturismo.com) con un solo impacto, lo mejor es dirigirse a la calle del Prior Monteagudo y subir despacio la cuesta, aguantando las ganas de mirar por encima del muro. Al superarlo, aparece una plaza magnífica, trapezoidal, de una belleza sobria. Casi sorprende que por ella avancen vehículos y no coches de caballos, que los viandantes vistan con vaqueros y no con sombreros de ala ancha. Es la plaza de Vázquez de Molina, epicentro artístico ubetense, donde se concentran tres de las grandes obras de Vandelvira: la Capilla del Salvador; el palacio del Deán Ortega, convertido en parador, y el palacio de Vázquez de Molina, hoy ayuntamiento. Merece la pena contemplar con detenimiento el conjunto, y en especial el palacio exento, cúbico y florentino que acoge el consistorio, con tres cuerpos horizontales, balcones con frontones, ojos de buey y cornisa volada.

Miradores

Uno de los miradores desde donde pueden verse los cerros de Úbeda. / Alfredo Arias

Otra forma de dejarse encandilar por Úbeda son sus miradores. Saliendo por la Puerta de Granada, abertura de las antiguas murallas, se llega al mirador de San Lorenzo, desde el que se obtiene una buena vista de Sierra Mágina. “Si un amigo visitara Úbeda y solo pudiera llevarlo a un sitio, le daría un paseo desde el mirador de San Lorenzo hasta el del Salvador por el contorno de la muralla, porque la vista del valle del Guadalquivir es memorable”, cuenta Muñoz Molina. Ese paisaje, en las mañanas de invierno, muestra un “azul absoluto”, dice el escritor. Desde ahí se contemplan los famosos cerros de Úbeda.

Según la leyenda, un capitán del ejército de Fernando III desapareció justo cuando iba a comenzar el asedio a la ciudad —en el siglo XII— y reapareció una vez concluido. Al ser preguntado que por dónde había estado, se excusó diciendo que se había perdido “por los cerros de Úbeda”. La expresión equivale ahora a divagar, a irse por las ramas. Estas son también las colinas que inspiraron al poeta Antonio Machado: “Cerca de Úbeda la grande, / cuyos cerros nadie verá, / me iba siguiendo la luna / sobre el olivar”.

Placa en la casa natal del escritor Antonio Muñoz Molina. / Alfredo Arias

Mirando esas lomas creció el cantautor Joaquín Sabina, que ha mantenido una relación difícil con su lugar de nacimiento. “En mi infancia, Úbeda era tan siniestra como todas las ciudades de provincias bajo la dictadura. Yo tenía muchas ganas de salir y lo hice en cuanto pude”, explicó en septiembre pasado en un homenaje que se le hizo en la ciudad. Más tarde declaró que con ese homenaje hizo las paces con Úbeda: “Me puse muy contento porque fue una especie de reconciliación. Tenía un conflicto que ya no está”.

La taberna Calle Melancolía, templo del cantautor Joaquín Sabina. / Alfredo Arias

¿Será uno de los motivos para esta reconciliación un templo sabinero abierto en la localidad, la taberna Calle Melancolía (calle Real, 57)? Allí se puede tapear o tomar una copa. Su dueño, Alfonso, tiene todo el local adornado con fotografías del músico, de su infancia a la actualidad; hace sonar su música a todas horas y vende souvenirs como el bombín o camisetas con sus frases. Y hay un colectivo, Peor para el Sol, que organiza unas jornadas anuales sobre su figura —Sabina por aquí— que incluyen un concurso para versionar sus canciones. En la segunda edición, en septiembre de 2015, Sabina acudió a recitar junto a los poetas Benjamín Prado y Luis García Montero.

Interior de la iglesia de San Lorenzo, sede de la Fundación Huerta de San Antonio. / Alfredo Arias

El recital fue posible gracias a la Fundación Huerta de San Lorenzo, un organismo de carácter civil que rehabilita la iglesia de San Lorenzo —cedida por el obispado— para convertirla en centro cultural. “La iglesia, que llevaba abandonada desde 1936, se ha convertido ahora en un elemento dinamizador del barrio”, explica Nicolás Berlanga, un ubetense que puso en marcha la fundación junto con sus hermanos Manuel y Antonio. “San Lorenzo, el barrio de mi infancia, estaba desolado y esta fundación lo está revitalizando”, dice Antonio Muñoz Molina. A unos metros de la iglesia, una placa señala la casa natal del escritor. El autor de El jinete polaco ha donado los derechos de su libro La puerta de la infamia para contribuir a la restauración de la iglesia de San Lorenzo (puede adquirirse aquí). Al lado, la Casa de las Torres, hoy Escuela de Arte, luce su fachada renacentista del siglo XVI.

Vandelvira

Bóveda ochavada de la escalera del Hospital de Santiago. / Alfredo Arias

Volvemos la vista al siglo del Renacimiento para visitar el Hospital de Santiago (www.turismodeubeda.com), última obra de Vandelvira (Alcaraz, Albacete, 1505-Jaén, 1575) y también la más compleja. En palabras del catedrático de Historia del Arte Pedro Galera, organizador de un congreso internacional sobre Vandelvira, el edificio “es una pieza arquitectónica sensacional, puesto que se construyó como hospital, pero tenía un ala para residencia del obispo, con una magnífica escalera palaciega, dos torres cubiertas de cerámica vidriada y una original capilla con planta en forma de H gigante”. Hoy, su patio renacentista con dos galerías de arco de medio punto acoge un centro cultural, su escalera sorprende con su primoroso techo con frescos de estilo italiano y en su torre derecha se encuentra el Planetario.

La Capilla del Salvador. / Alfredo Arias

La huella del genial arquitecto continúa en la Capilla del Salvador (www.fundacionmedinaceli.org; 5 euros), iglesia privada encargada por Francisco de los Cobos, valido del emperador Carlos V y mecenas de la ciudad. La sacristía es la primera obra de Vandelvira y está adornada con algunos desnudos, algo poco habitual en edificios religiosos. Se accede por una puerta esquinera en esviaje —“un ejemplo del virtuosismo técnico”, según Galera— que mezcla lo religioso (santos) con lo pagano (cariátides y atlantes). Está previsto que se ubique en la capilla el San Juanito la única estatua de Miguel Ángel en España, obra en mármol de su primera etapa que este año volverá a Úbeda tras una compleja restauración en Florencia. Fue prácticamente destruida a principios de la Guerra Civil, junto con el retablo de Alonso de Berruguete, y su recuperación sirve también como denuncia “de las barbaries iconoclastas que siguen sucediendo en el mundo”, en expresión de Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, donde se expuso la escultura en 2015.

El bar La Imprenta. / Alfredo Arias

La ruta de Vandelvira prosigue en la plaza del Ayuntamiento. Ahí espera el palacio Vela de los Cobos (semerturismo.com; reservas: 953 75 79 16), una de las obras más italianizantes del arquitecto, que acoge una colección de arte. Pero su legado no termina ahí. “Uno de los últimos hallazgos es su autoría de la capilla de bautismo de la iglesia de San Nicolás, muy interesante por la solución de la bóveda de cañón decreciente, que demuestra un gran dominio técnico”, explica Galera.

Mapa de Úbeda. / Javier Belloso

Legado sefardí

'Mikvah' de la Sinagoga del Agua, en Úbeda. / Alfredo Arias

El periodo renacentista dio fama a Úbeda, mientras que el legado sefardí ha permanecido oculto durante mucho tiempo. Para reencontrarnos con el misterioso legado de Sefarad, como llamaban a España los judíos sefarditas, nos espera la Sinagoga del Agua (calle de Roque Rojas, 2; sinagogadelagua.com), que permaneció enterrada varios siglos y fue reabierta en 2010 tras su descubrimiento casual por un constructor y su posterior rehabilitación. De los restos, hoy se admira la sala de oración y el mikveh (pila ritual judía), con agua que brota del subsuelo. “Es un lugar que me encanta, está escondido en una calle estrecha y no te imaginas que pueda ser tan impresionante. La sensación de bajar hasta la pila es única”, explica la cantante ubetense Zahara, sobrina de Joaquín Sabina.

José Garrido Rus diseña figuras de hierro en Forja Tiznajo. / Alfredo Arias

La visita pasa por otros rincones interesantes de la ciudad, como la Torre Octogonal, parte del primer recinto amurallado, y la plaza de Andalucía y su Torre del Reloj. Muy cerca están la Confitería Palacios —en Navidad, borrachuelos; en Semana Santa, hornazos— y el Centro de Interpretación del Olivar y el Aceite. Los artesanos también tienen su lugar en esta ruta: Forja Tiznajo, con figuras de hierro, entre ellas lagartos, y Alfarería Tito, con cerámica ubetense de influencia musulmana, cuyos diseños han podido verse en la serie Águila Roja (el alfarero Paco Tito recibió el Premio Nacional de Alfarería en 2006 y su tienda tiene un precioso patio andaluz trasero que bien vale una visita).

Patio andaluz de Alfarería Tito. / Alfredo Arias

Para terminar, nada menos que san Juan de la Cruz, que murió en la ciudad en 1591 (aunque sus restos reposan en Segovia). Un museo en honor al patrón de los poetas en español está abierto en la calle del Carmen, 13 (museosanjuandelacruz.es) y espera a cualquier letraherido en un recorrido por las estancias en las que vivió, y la celda en la que murió, el maravilloso autor del Cántico espiritual. Y de un poeta místico a otro crápula. En la plaza del 1 de Mayo, una placa recuerda la casa donde nació el cantautor Joaquín Sabina, quien dejó bien claro su ADN duplicado en una de sus mejores canciones: “Cuando la muerte venga a visitarme / que me lleven al Sur, donde nací, / aquí no queda sitio para nadie / pongamos que hablo de Madrid”.

A Baeza con Antonio Machado

Estatua de Antonio Machado en Baeza (Jaén). / Alfredo Arias

La vecina Baeza, también patrimonio mundial, se encuentra a menos de 10 kilómetros de Úbeda y el autobús que las une cuesta solo 1,17 euros (unos 12 euros en taxi). Antonio Machado, que fue profesor de francés entre 1912 y 1919, solía recorrer esta distancia a pie: “Entre Úbeda y Baeza / —loma de las dos hermanas: / Baeza, pobre y señora; Úbeda, reina y gitana—. / Y en el encinar, / ¡luna redonda y beata, siempre conmigo a la par!”. El poeta da nombre a una de las sedes de la Universidad Internacional de Andalucía, ubicada en el seminario de San Felipe Neri y en el palacio de Jabalquinto, del siglo XV, un edificio con una magnífica fachada atribuida a Juan Guas adornada con puntas de diamante, clavos de piña, curiosos escudos heráldicos y numerosos pináculos. La puerta forma un arco conopial recorrido por dos troncos con 14 figuras humanas y posee un patio renacentista de doble arcada con columnas de mármol. Al lado está la plaza de Santa María, donde se encuentra la catedral, obra de Vandelvira, y una majestuosa fuente. Más abajo, la plaza del Pópulo, donde destacan la puerta ojival; la fuente de los leones, procedente de los cercanos restos romanos de Cástulo, y la Antigua Carnicería. Un paseo por las recoletas calles del centro a la hora del atardecer hará revivir el ambiente de la película Las aventuras del capitán Alatriste, rodada en buena parte en su casco urbano.

Ochíos con morcilla

Chokolat, donde se elaboran churros a la manera tradicional, en Úbeda. / Alfredo Arias

No se puede abandonar Úbeda sin degustar sus tapas, gratuitas con la consumición (igual que en Jaén). Muchos de los bares con más solera están en los alrededores de la calle Real, principal arteria del casco antiguo: Misa de 12, Antique, La Tintorera o Patrimonio, donde hay que probar las migas con andrajos. La tapa más típica son los ochíos, un pan con pimentón y aceite relleno de morcilla, atún, jamón y queso… La sirven en casi todos los bares y también se puede comprar en las pastelerías. Para comer, se puede ir a La Imprenta, Zeitúm o a La Estación. El hotel Palacio de Úbeda ofrece menú del día. Otros bares para tomar algo y escuchar buena música –a veces en directo— son La Beltraneja (Alcolea, 69), La Tetería (Cruz de Hierro, 3) o el club de jazz Número 31 (plaza del 1 de Mayo). Es típico el chocolate con churros; tres opciones: Nazaríes (calle Real, 53), Chokolat y el Café Suizo, estas dos últimas cafeterías en la avenida de Cristo Rey

 

  • De tapas con el lagarto de Jaén (y con Vandelvira)
  • FOTOGALERÍA Úbeda, Baeza y todo el patrimonio mundial de la Unesco en España
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